
La definición académica del concepto de Reserva de la Biosfera dice: “Área representativas de ambientes terrestres o acuáticos creadas para promover una relación equilibrada entre los seres humanos y la naturaleza, contribuyendo a satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer a las futuras”.
Pues bien, el 11 de julio de 2012, desde París llegó la noticia de que la isla de La Gomera entraba por la puerta grande a ese club exclusivo creado por la Unesco en el que se reúnen enclaves que son merecedores de esta catalogación. Ese día, por lo tanto, la Isla vio como se reconocían unos valores naturales y culturales únicos pero a la vez asumía ante el mundo el compromiso de protegerlos.
El presidente del Cabildo, Casimiro Curbelo, resalta que si en la actualidad la Isla goza de un medio ambiente privilegiado que le ha hecho merecedor de este título, es debido al esfuerzo de los antepasados en conservarlo e integrarse en el mismo. Curbelo cree que se debe reconocer el trabajo conjunto hecho entre el programa Hombre y Biosfera (MaB), la Asociación Insular de Desarrollo Rural, la Universidad de La Laguna y el Gobierno de Canarias.
“La experiencia de estos años nos ha demostrado que lo importante es centrarse en conjugar conservación de la naturaleza con el desarrollo sostenible y además hacerlo siempre con la vista puesta en mejorar la calidad de vida de los habitantes desde los puntos de vista económico y social”. La declaración no puede quedarse en teoría y debe concretarse en acciones.
Dos ejemplos serían el sellado del vertedero de Arure y la limpieza de los acantilados y fondos marinos del espacio protegido de Puntallana en San Sebastián.




