
No se trata de resolver un crimen; ni tampoco de esclarecer un suceso donde no hay pruebas contundentes; no tiene nada que ver con la investigación policial ni forense; aunque, en cierta manera, sí se le conoce como el CSI (la conocida brigada de investigación criminal norteamericana inmortalizada en una famosa serie de televisión), aunque en versión animal. Es el llamado Animal Embassy, el laboratorio de la Fundación Loro Parque, único en el mundo en la realización de procedimientos y pruebas científicas a las psitácidas, principalmente loros. Según explica al DIARIO el biólogo del parque, Rafael Zamora Padrón, tanto para los animales que llegan de fuera como para los que nacen en la instalación portuense, “la tecnología es la base de todo el procedimiento”. “Se trata de una tecnología avanzada y específica que empieza con las incubadoras, que se utilizan en aquellos casos en los que los loros no son capaces de incubar bien, y se colocan ahí los huevos. Estos aparatos son desarrollados por un ingeniero aeronáutico de Israel que ha logrado un sistema que se basa en la naturaleza misma, cuya función principal es la rotación del huevo para mantener las constantes vitales del animal. Así, si falla la luz en el sistema o hay algún error en el suministro, tanto las incubadoras como las nacedoras llevan un sistema de alimentación ininterrumpida (UPS)”, agrega el científico.
Igualmente, el laboratorio de la Fundación Loro Parque cuenta con nacedoras especiales que disponen de sensores que marcan la temperatura, además de termómetros digitales. “Por ejemplo, las papillas llevan una temperatura concreta y se mide cada zona del recipiente donde se deposita el alimento, para no quemar el buche del pichón”, subraya Rafael Zamora, quien recuerda que muchas de las pruebas que se realizan son parecidas a las que se hacen a los humanos.

En el caso de los loros que llegan de fuera, primero pasan a un sistema de cuarentena. “Aunque vengan con test de laboratorios externos, llevamos a cabo una toma de sangre del animal para tener la certeza de que no trae ningún virus, con una garantía del cien por cien”, explica el biólogo, quien reitera que “durante el proceso de reconocimiento, como en el CSI, se toma un isopo de la cavidad oral y cloacal para determinar si existe algún crecimiento anómalo de bacterias u hongos. Además, se desparasitan todos los animales al llegar, independientemente que se haya hecho antes o no”.
[su_pullquote align=”right”]Existe un registro pormenorizado con datos de 4.000 ejemplares, siendo aproximadamente un millar los que nacen cada año en el parque[/su_pullquote]
[su_pullquote align=”right”]Los biólogos y veterinarios de animal Embassy realizan necropsias y llevan a cabo un exhaustivo control térmico de cada loro[/su_pullquote]
En Loro Parque nacen unos 1.000 bebés por año. “La entrada de animales es importante para renovar la genética de la más completa reserva de estas aves que existe. Muchas veces traemos líneas genéticas diferentes para reforzar lo que se mantiene aquí”, relata el investigador, que forma parte de un equipo multidisciplinar compuesto por tres veterinarios y varios biólogos. Para desarrollar esta compleja labor, Animal Embassy cuenta con incubadoras, cámaras infrarrojas, ovoscopios o luces frías para ver el embrión dentro del huevo; una cámara digital para fotografiar el registro de los huevos y poder referenciarlos; cámaras infrarrojas dentro de los nidos, por si la pareja no es armónica, como ocurre en la naturaleza; una máquina de bioquímica, para conseguir valores sanguíneos de los animales; campanas de flujo laminar, que permiten la manipulación de muestras en una atmósfera controlada; y un laboratorio de PCR, donde se realiza un análisis exhaustivo de muestras concretas en las que se amplifica el ADN. Todo ello hace que la aplicación de este procedimiento de forma tan exclusiva hacia las psitácidas sea pionero.

“La parte informática es fundamental, porque con ella se maneja el registro pormenorizado de cada ejemplar (su historia, los resultados de sus tests, el marcaje de las especies, etc). Se maneja un global anual de unos 4.000 loros, para lo que contamos con un complejo sistema informático específico de zoológico”, expone Rafael Zamora.
“Una vez al año hacemos un control médico a todos los animales, con una toma de muestras a cada uno de los ejemplares, una fase importante que nos sirve para determinar la calidad de vida de las especies”, destaca el biólogo.
El laboratorio de la Fundación Loro Parque cuenta incluso con un servicio de necropsia y servicios patológicos, que permiten a los científicos conocer de qué fallecen los animales. Así, tras la muerte, los veterinarios examinan el interior de los loros y envían muestras a un histopatólogo externo, al objeto de que realice un informe.
De igual modo, los científicos del parque cuentan con una cámara térmica, que permite saber dónde está el calor en el cuerpo del animal; por ejemplo, si se encuentra en las patas, es que puede tener fiebre. “Sin tocar al animal podemos ver de lejos cómo está su salud. Se trata de tecnología punta que se aplica también al interior de los nidos, donde cámaras de infrarrojos dejan ver lo que ocurre en penumbra o durante la noche.
Por ende, en Animal Embassy de Loro Parque se pueden hacer hemogramas con cualquier animal del recinto de forma rápida, “y solo con la forma de la gráfica sabemos cómo está; luego se mapea porque hay mucha cantidad de datos, en nuestra base, porque a lo largo de los años han nacido más de 20.000 animales en nuestra instalación”, subraya Rafael Zamora.



