
Candelaria palpita fiesta. La Villa Mariana se pone a punto para recibir a más de 150.000 personas, según la previsión del Ayuntamiento, a partir del próximo sábado. El epicentro de la celebración es un no parar estos días: operarios municipales subidos en grúas engalanando con banderitas de colores la calle de La Arena, camiones de reparto descargando refrescos y cervezas, puestos de caravanas ocupando el espacio frente al Ayuntamiento… son algunas de las imágenes que se pueden contemplar, a las que hay que añadir los preparativos en la zona cero, la plaza de la Basílica, donde se levanta el escenario para las actuaciones. Es la cuenta atrás para la celebración de las Fiestas de la Patrona de Canarias.
Detrás de la principal celebración religiosa de la Isla hay un trasfondo social y económico que también aflora estos días. Para muchos establecimientos estas fechas representan una oportunidad para hacer caja y “ganarse un dinerito extra”, sobre todo bares y restaurantes. “Si te organizas, compensa”, afirma David, encargado de la dulcería Palmelita, en la misma plaza. “Contratamos a más personal porque las ventas se triplican; el trabajo es mucho”, indica mientras va colocando las sillas de la terraza. Lo peor a su juicio es el “dilema” de los baños: “Todo el mundo busca dónde hacer sus necesidades y con tanta gente no puedes controlar quién es cliente y quién no”.
Delia, copropietaria de Candelburguer, en la avenida de la Constitución, admite que se venden una “barbaridad” de perritos calientes y hamburguesas, la especialidad de la casa. “Esos días suele venir nuestra clientela habitual, pero también algunos nuevos”, dice, al tiempo que recuerda que en su local no se vende alcohol, “solo cervezas”. Respecto al horario, apunta que “estiramos un poco la noche del 14, que es el día de mayor movimiento”.

Miguel se prepara para vivir el fin de semana de más trabajo del año. Atiende un kiosco, El Aparcamiento, atiborrado de revistas, periódicos, golosinas y objetos para la playa, situado estratégicamente a la entrada a la calle de La Arena. “El domingo estaré toda la noche abierto; es duro pero económicamente compensa”, afirma. Su ubicación hace que todo el mundo se pare para reponer fuerzas antes de afrontar el último kilómetro de peregrinación. “Agua, refrescos, cervezas y dulces es lo que más vendo”.
Pero no a todos los establecimientos les compensa levantar la persiana. Es el caso de la cafetería-restaurante Fórum, en la plaza del centro comercial Punta Larga, que cerrará el domingo por la tarde y el lunes todo el día. José Sacramento, su propietario, lo justifica en que “nuestra clientela habitual es la gente de Candelaria, que esos días desaparece; además esta zona es de paso, no se vive como en el centro”. Recuerda que hace años, cuando abría el centro comercial, “se llenaba de personas que iban al baño y aprovechaban para llenar las botellas de agua”.
Algo parecido le ocurre a César Visquert, propietario Chuckylandia, una tienda especializada en golosinas, prensa y revistas en la avenida de Los Menceyes. “Los caminantes van por el paseo marítimo y todos con sus mochilas bien provistas”. Se muestra convencido de que el próximo fin de semana las ventas “apenas subirán”.





