Fotos ANDRÉS GUTIÉRREZ
Llegaban de todas partes de la Isla, muchos de ellos a través de la carretera general del Sur, otros por el Camino Viejo y algunos “bordeando zonas de monte”, según su propia confesión. Traían el cansancio en sus rostros y los kilómetros marcados en sus piernas. La avenida marítima de Punta Larga fue una de las zonas donde mejor se apreciaba ese caudal humano constante, especialmente cuando empezaba a asomar la noche. El paseo costero se convirtió en un desfile interminable de chalecos reflectantes, mochilas y palos utilizados a modo de bastón. A medida que los peregrinos se acercaban a la Plaza de la Basílica las oleadas se convertían en mareas, sobre todo al enfilar la calle La Arena, un cuello de botella que marcaba el último kilómetro para la meta y que obligaba a los caminantes a ralentizar la marcha por la falta de espacio. La prohibición de cruzar el monte por los senderos fue uno de los temas de conversación más presentes ayer entre quienes iban llegando a Candelaria. Casi 800 personas, entre cuerpos de seguridad, sanitarios, bomberos y voluntarios, formaron parte de un dispositivo que trabajó sin desmayo para que todo transcurriera con normalidad.
Ceremonia guanche
A la hora en la que muchos fieles terminaban su recorrido en la Plaza de la Basílica, en ese mismo escenario coincidiendo con los últimos rayos de sol, comenzaba la representación del hallazgo de la Virgen por los guanches, una ceremonia con más de dos siglos de historia que recuerda -y ese es su mayor valor religioso- que la aparición de la Imagen ante los antiguos pobladores de la Isla, en la playa de Chimisay, fue anterior a la llegada del evangelio. El acto contó un año más con la participación del colectivo Guanches de Candelaria. A su término comenzó uno de los actos más esperados: la procesión nocturna hasta El Pozo y regreso al templo. Miles de fieles acompañaron a la Imagen durante el recorrido que coincidió con la mayor oleada de caminantes.
La noche finalizó con uno de los momentos estelares: el canto a la Virgen del Ave María de Chago Melián y las Malagueñas de Fernando Santana desde el balcón del antiguo ayuntamiento. En ese momento el silencio se adueñó por completo de una plaza abarrotada que, acto seguido, comenzaba a romper filas para regresar a sus casas o ir a misa en unos casos o para apuntarse a una madrugada de parrandas en memoria de Rosaura Marrero Fariña, vecina muy querida en el municipio, fallecida el 14 de agosto de 2011 tras participar en la ofrenda.
















