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“Jamal Zougam fue condenado por el 11M, pero la investigación respecto a él no fue determinante”

Buen seguro que tras ese hablar pausado se esconde la viveza de un ser inquieto, un recolector de datos que seguramente recordará muchos de los nombres de los asistentes al Foro Premium del Atlántico que se acaba de celebrar. Este coleccionador de viñetas periodísticas es Baltasar Garzón.
Foto FP
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Buen seguro que tras ese hablar pausado se esconde la viveza de un ser inquieto, un recolector de datos que seguramente recordará muchos de los nombres de los asistentes al Foro Premium del Atlántico que se acaba de celebrar. Este coleccionador de viñetas periodísticas es Baltasar Garzón (Torres, Jaén, 1955), testigo de buena parte de nuestra historia más reciente… y presente, como demuestra en su último libro, En el punto de mira (Planeta).

-Para empezar, el 23F coincidió con su estreno como juez…

“Tomé posesión el 13 de febrero de 1981, o sea, 10 días antes, y lo primero que pensé al enterarme del golpe es que se había terminado mi carrera judicial porque tenía muy claro que nunca, jamás, sería juez en una dictadura; vamos, con lo que me había costado, me había durado diez 10 lo de ser juez (sonríe)”.

-¿Queda mucho por saber acerca del 23F?

“Tuve la gran suerte de desarrollar una grata amistad con Adolfo Suárez en sus últimos años, antes de que el alzhéimer y la muerte de Amparo lo dejara muy mal. En algunas de nuestras charlas le preguntaba sobre cómo fueron aquellos días y me contó historias que no eran conocidas; me impresionó que se enfrentara a situaciones muy delicadas desde la soledad más absoluta teniendo que hacer por sí, por el Gobierno y por España, por la Monarquía también…”.

-¿Cómo se lo tomaba él?

“Le hacía mucha gracia cuando me preguntaba qué opinábamos de él los españoles y le respondía que no lo podíamos ni ver, y que en la Universidad nuestro grito era ‘¡Arriba, abajo, Suárez al carajo!’ Y sí, le pregunté si sabíamos todo lo que teníamos que saber del 23F. Me respondió que tendrían que pasar 25 años de su muerte para que se supiera todo… Desconozco si algún día lo sabremos, porque Amparo estaba organizando sus memorias…”.

-Cuando describe sus primeras experiencias, se ve que la escasez de medios no es de ahora…

“Es uno de los males ancestrales de la Administración de Justicia en España; tanto fiscales como jueces han hecho y a veces siguen haciendo labores artesanales muy meritorias; es el esfuerzo personal, la vocación y la convicción de que es lo mejor para la Justicia lo que en muchas ocasiones resuelve los problemas. No olvidemos que la Justicia española es la última o la penúltima de la UE. Los medios son precarios y, aunque se van mejorando, sigue siendo la hermana pobre. Alguien dijo, y lo suscribo, que en España interesa que la administración de Justicia funcione de forma discretamente ineficaz, porque si lo hiciera eficazmente temblarían demasiadas estructuras”.

-Durante el Foro dijo que la corrupción judicial existe. ¿Podría describir métodos sutiles de corrupción judicial?

“Perfectamente. La justicia no está exenta de ese mal, ni aquí ni en ningún país, por más o menos controles que existan. Se manifiesta también sin necesidad incluso de que se reclame, sino que hasta se ofrece. Desde darle la vuelta al expediente y ponerlo debajo a retrasar un embargo y cambiar todo el sistema de prelación en el registro. Cuando comencé, detecté que los funcionarios iban a hacer 10 diligencias a la misma localidad y se cobraban 10 salidas en vez de una, que era lo que correspondía. Y así veías esas corruptelas y otras, como los amaños en las subastas”.

-¿No hay puertas giratorias en la Justicia? ¿No debería regularse el paso de la judicatura a la política o a un despacho de abogados?

“Está claro que es un ámbito por regular y que además debería hacerse de forma muy rigurosa. Hay países en que sí se ha regulado, pero en España no, y está claro que estas puertas giratorias ofrecen mucho espacio a la trampa. En el tema de la judicatura y la política, desgraciadamente, se percibe en España como algo contradictorio o contrapuesto, cuando creo que no es así, porque el servicio público se puede prestar desde distintos ámbitos de la Administración. Para mí es perverso sostener que es incompatible ser juez y luego pasar a la actividad política o viceversa, porque es denostar una de las dos funciones cuando ambas son esenciales en democracia”.

-¿Dónde está el problema?

“En la posible sumisión de una u otra función durante el tiempo de ejercicio; es decir, el servilismo hacia una formación determinada o la atenuación de conductas en función de quién sea el encausado… Eso sí que es peligroso”.

-¿No está relacionada esa confusión con la sensación de permisividad sobre la corrupción de tal modo que lo importante es realmente que no te pillen?

“Sin lugar a dudas. Se desarrolla un comportamiento propio de corruptela y no se percibe como tal, porque es lo que todo el mundo hace, como por ejemplo aceptar invitaciones de un determinado despacho de abogados que pague unos honorarios a unos jueces por ofrecer unas conferencias; me parece una aberración porque en cierto modo te vinculas, quedas en manos de, o por lo menos permites, que se cuestione. El sistema de preparación de unas oposiciones a cargo de jueces y fiscales ha sido opaco durante muchos años, todo el mundo aceptaba que se cobraba en B. En tiempos en que yo preparé, como no había un mecanismo reglado, ideé una especie de libro de matrículas para luego declararlo a Hacienda, y me decían que por qué lo hacía si no estaba previsto… Cuando en el 93 entré en política, una de las historias que idearon contra mí fue esa, con tanta puntería que hubieran acertado en el 99% de los casos, pero no en el mío… Fue divertido, porque los pillé con la guardia baja. ¡Yo era el que lo hacía bien, pero no indagaron lo suficiente! Tuve la previsión de hacer la declaración de Hacienda con intervención de notario porque imaginé que iban a ir por ahí”.

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-Hablemos de Julian Assange. ¿Qué teme que pueden hacer para desprestigiar a su cliente?

“El caso está en una situación muy delicada después de cinco años ya de paralización por parte de la Fiscalía sueca, ahora se ha reactivado y hay una petición de cooperación internacional para tomarle declaración, algo a lo que nunca se ha negado Assange, pero hay unos trámites procesales que no se están cumpliendo y no va a dar tiempo a cumplirlos en el período ahora establecido, pero aunque con retraso, se hará. A mí me preocupa lo que está ocurriendo ahora mismo y que pone otra vez en el punto de mira a Julian Assange por las publicaciones que Wikileaks está haciendo en referencia a la campaña electoral de la señora Clinton. Esas acusaciones de que Rusia está detrás y demás no cuadran con la realidad, pero incluso está habiendo montajes que pretenden hacerle aparecer como dependiente de Rusia y en actividades oscuras, le inventan cualquier cosa cuando todo lo que está haciendo está, no ya monitorizado, sino supermonitorizado desde todos los ámbitos”.

-¿No es un contrasentido que ese campeón de la libertad de expresión como es Estados Unidos se dedique a perseguir a alguien como Julian Assange?

“La verdad es que yo no describiría a Estados Unidos como un campeón de la libertad de expresión, especialmente por las últimas administraciones, donde han predominado temas como las interceptaciones de la NSA o la no publicación de los cables de la embajada… No es tan diáfano el show como se manifiesta… Otra cosa es la sociedad norteamericana y los organismos de transparencia, que sí son fuertes. Allí hay una sociedad civil defensora de los derechos humanos que es muy activa, también fuerzas reaccionarias, pero la dinámica social es muy potente en este sentido, por mucho que las administraciones de Bush y también la de Obama hayan penetrado de forma masiva en las comunicaciones de los ciudadanos por razones políticas o estratégicas que deberían explicar y que tendrían que haberse investigado”.

-¿Qué le pareció el debate entre Clinton y Trump? ¿No es querellable en Estados Unidos que Trump llame violador a Bill Clinton?

“Supongo que sí, pero no creo que lo haga porque en campaña electoral casi todo está permitido, y en Estados Unidos más. Es que cuando te agarran con las manos en la masa se esparce la mierda. Que yo sepa, Bill Clinton no se presenta a las elecciones y si alguien sufrió las consecuencias de aquel affaire con Monica Lewinsky fue Hillary Clinton. Utilizar contra una mujer los posibles actos indecorosos del marido es bastante chocante y lo que se oculta es que un señor claramente xenófobo, que tiene un desprecio absoluto por la mujer, se ha visto sorprendido por unas declaraciones absolutamente soeces, y lo que debería es explicar su posición respecto a la mujer y no entiendo cómo aún quedan mujeres que le apoyan en su campaña. Tampoco es muy distinto de otras barbaridades, como la de levantar un muro en la frontera de México o que todos son terroristas… Se toma una licencia tal para decir barbaridades que ni siquiera a un candidato de las elecciones de Estados Unidos se le debería permitir”.

-¿Entiende que en España queda aún mucho que avanzar para que esos organismos de transparencia sean efectivos?

“Creo que sí. Realmente ha habido falta de control porque el controlado no puede ser el que controla, ya que siempre habrá una mirada indulgente y, obviamente, no es el sistema ni el método. En España durante mucho tiempo ha existido una convivencia entre el poder político y el económico que se ha traducido en una laxitud excesiva en temas como las cajas de ahorro, bancos y demás. Nunca entendí por qué políticos que salían del cargo acababan en consejos de administración de las cajas como si fuera lo más natural. Era como si por ser político adquirías conocimientos financieros y potenciabas las inversiones, etc. Era en realidad tráfico de influencias y se colocaba a los amigos que ya tenían cabida. No es que sean puertas giratorias, sino el mismo giro en sí mismo. Todo eso ha devenido en unos escándalos sistemáticos que han llevado a cuestionar el propio sistema bancario, y quienes ejercían ese poder económico son vistos ahora por la sociedad como claros contribuidores de la nociva situación económica que hemos padecido y que aún estamos sufriendo. En eso ha colaborado el Ejecutivo, por lo que resulta innegable que hacen falta medios de control externos, que rindan cuentas hacia fuera y con participación de la ciudadanía a través de los mecanismos correspondientes. Y reivindico esa participación ciudadana, porque la gente tiene todo el derecho del mundo a saber qué se hace con su dinero. Y no es populismo, sino que las cosas están cambiando en el ejercicio de la política y de la participación ciudadana”.

[su_pullquote]Me preocupa que desde EE.UU. pongan a Assange otra vez en el punto de mira”[/su_pullquote]

-“Garzón sacó el GAL porque no le hicieron ministro”. ¿Qué responde a esta acusación contra usted que hizo fortuna?

“Me aburre ese tópico y otros porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Se repite una y otra vez la misma cosa, y si te niegas a aceptarlo y llevas la contraria siguen manipulando la realidad, y al final resulta imposible debatir, porque eso solo es posible cuando hay interés por hacerlo. Aunque se partan de posturas discrepantes tiene que darse un interés por llegar a una conclusión, a esclarecer las dudas… Pero si uno de los dos miente, sabe que miente y no le importa, es imposible llegar a ningún puerto y la manipulación quedará porque se reitera hasta que te cansas. En mi caso he optado por un híbrido, en algunos casos doy la batalla y hago frente a quienes manipulan de esta forma; y he pagado alto precio por ello, aunque poco me importa, porque por delante está la dignidad y la ética. Por otra parte, ladran, pues cabalgamos, y lo que te queda es demostrar con la actividad, en este caso con el libro que escrito [En el punto de mira], en el que he tratado de contar con la mayor objetividad posible y con la mayor contrastación documental posible lo ocurrido en 26 años de trabajo como juez. Y que cada cual se forme su juicio.

-¿Y los Gal?

“Todo el mundo sabe que no fue una venganza, sino hechos que condujeron a una condena posterior. La investigación sobre los fondos reservados no se la inventó Garzón, intentaron por todos los medios hacer montajes que fueron desvelados… Fueron días tremendos, entraron en mi domicilio, dejaron signos evidentes de ello, trataron de sustraer las causas judiciales, entraron en mi despacho profesional, inventaron querellas, informes Veritas de desprestigio, de consumo de cocaína, de prostitución y demás… Todo se fue cayendo, pero fue dantesco. Eso sí, consiguieron reafirmarme más en que ese era el camino correcto y guardar el equilibrio en la actuación judicial, actuar con independencia y equidad. Me preguntan si me han presionado y respondo siempre que si me han presionado, no lo han conseguido”.

-¿Quién le convenció para meterse en política?

“Lo cuento en el libro. Fue accidental. José Bono conocía a Ventura Pérez Mariño, que era mi compañero; Bono hizo unas declaraciones fuera de tono sobre la Guardia Civil y las investigaciones que se llevaban a cabo, y le comenté a Ventura que le dijera a su amigo que estaba equivocado. Luego quiso conocerme y establecimos una relación en la que más tarde me habló de la posibilidad de conocer a Felipe y fuimos a una finca de Quintos de Mora. Posteriormente me plantearon la posibilidad, y en ese momento valoré que había un punto de inflexión y que podía aportar algo de mi experiencia en la lucha contra el crimen organizado, la droga, el terrorismo y demás, y creía que podía contribuir a la regeneración del Gobierno del PSOE”.

-¿Cómo lo recuerda ahora?

“Creía realmente en ello hasta que me di cuenta de que no era así, y entonces fui coherente. En resumen: nadie me obligó, nadie me convenció porque fue una reflexión propia y quizás pequé de soberbia al creer que uno solo podía conseguir mover voluntades que estaban perfectamente ancladas. Luché contra la corrupción de forma permanente, y recuerdo que dije que bastaba un solo caso de corrupción para hacer caer a un Gobierno”.

-No le faltaron oportunidades.

“El caso de Roldán, por ejemplo, con quien tenía buena relación cuando dirigía la Guardia Civil. Recuerdo haberle dicho a Felipe que eso era escandaloso y respondía:

‘Pobre Luis…’. ‘Pobre Luis, no, si aquí no dimite nadie dimitiré yo’, le dije. Y lo hice”.

-¿Desde entonces quedó rota la relación con Felipe González?

“No, la verdad es que no. Después de aquello nos vimos alguna vez y hasta coincidimos en un vuelo desde Sao Paulo a Madrid, él en el A y yo en el C. Pasamos siete horas hablando y nos pusimos al día. También nos vimos en Colombia la última vez, con motivo de la firma de los acuerdos de paz en Cartagena de Indias. No hay problemas con Felipe”.

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