
“Tiene razón, Tenerife no se merece a una persona como él”. Así podría resumirse el sentir mayoritario de los lectores que ayer reaccionaron en las redes sociales con comentarios a la noticia publicada en este diario sobre un libro del periodista Llàtzer Moix en el que revela que el afamado arquitecto Santiago Calatrava, disconforme con los avatares de su proyecto del Auditorio de Tenerife, comentó a Enrique Amigó, entonces arquitecto del Cabildo: “Tenerife está en el culo del mundo” y “no me merece”.
Los lectores, en el muro de Facebook de DIARIO DE AVISOS, han dedicado todo tipo de adjetivos a Calatrava, entre los que los más suaves son “prepotente”, “chapucero” o “engreído”, y otros del dialecto canario, como “totufo”, “tolete” o “cachanchán”.

En muchos comentarios se critica que el arquitecto cobrara por el Auditorio de Tenerife Adán Martín unos 12 millones de euros (2.000 millones de pesetas de entonces), de los más de 96,1 millones de euros que costó la obra (16.000 millones de pesetas). Algunos lectores recuerdan que las construcciones de Calatrava, por sus complejos y caros diseños, han generado problemas de mantenimiento y de funcionalidad, y hasta denuncias en otras ciudades de España y el mundo.
No falta tampoco quien, pese a todo, considera que el Auditorio, como gran escultura, se ha convertido un símbolo de Tenerife, aunque no sea especialmente funcional como sala de conciertos.
Una serie de comentarios pone el foco también en los políticos (entonces gobernaba el Cabildo, con mayoría absoluta, CC, y Adán Martín era su presidente) que lo contrataron y permitieron que el coste final de la obra casi se cuadruplicara con respecto a lo previsto.
“Son caprichos de los gobernantes que pagamos todos, se lleva 2.000 millones de pesetas y encima se queja”, apunta un lector. Y otro sugiere que la Fiscalía investigue el presupuesto de esta obra.
En el libro de Moix, durante 20 años redactor de Cultura en La Vanguardia, Amigó revela que pidió a Adán Martín que declarara a Calatrava persona non grata. Pues eso es lo que precisamente defendieron ayer en las redes sociales algunos lectores de este periódico, tras conocer el contenido del libro, editado por Anagrama, y que lleva por título Queríamos un Calatrava (Viajes arquitectónicos por la seducción y el repudio).
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GARCÍA BARBA: “EL AUDITORIO SE HIZO CON MUCHA ÉSTÉTICA PERO CON POCA ÉTICA”

El arquitecto Federico García Barba asegura que el Auditorio de Tenerife es un ejemplo de que “sin ética profesional no puede haber estética coherente” pues se trata de arquitectura de vanguardia “mediática” pero con “problemas constructivos y funcionales”.
García Barba, exdecano del Colegio de Arquitectos de Canarias, recuerda que fue de los arquitectos a quienes el entonces presidente del Cabildo, Adán Martín, pidió opinión sobre el proyecto. “En aquel momento nos pareció una gran oportunidad para apoyar que Tenerife tuviera un gran impacto internacional, como así fue en cierta forma, pues la Isla se convirtió a inicios del siglo XXI en un espacio proclive a hacer buena arquitectura vanguardista”, evocó.
A su juicio, Calatrava “ha hecho edificios carísimos, con costes finales disparatados, y algunos mal construidos; en el caso de este auditorio, se empeñó en hacerlo sin juntas de dilatación, un capricho artístico mal entendido, y ahora empieza a tener problemas constructivos -como el trencadis de recubrimiento exterior- y funcionales”.
Para García Barba, “la arquitectura mediática es otro descrédito que nos ha caído a los arquitectos, sobre todo en un momento en el que una mayoría de la población desconfía de esta profesión, y cuando en realidad son pocos los que practican esa arquitectura”.[/su_note]



