literatura

Julia Navarro: “Con ‘Historia de un canalla’ quiero mostrar al lector la parte más oscura del ser humano”

La escritora y periodista pasó por Tenerife para presentar su último libro. Un trabajo que se suma a otras cinco producciones pero que llega para marcar un cambio de registro
Julia Navarro
Julia Navarro, escritora y periodista. / FRAN PALLERO

Julia Navarro, una de las escritoras en español más leídas en el mundo, pasó por Tenerife con Historia de un canalla, su sexta novela en una senda de éxitos que arrancó en 2004 con La Hermandad de la Sábana Santa -un superventas que la consagró a nivel internacional-. La autora bestseller de moda ha vendido cinco millones de libros cuando aparece este retrato de la vileza humana que la traslada a Nueva York, la ciudad natal del publicista canalla de su historia, Thomas Spencer. Esta inmersión en la caverna humana marca un cambio de registro en el estilo de la escritora. Navarro, que ejerció el periodismo durante más de 35 años, se adentra en lo más profundo del ser humano trazando una biografía tenebrosa de un personaje imaginario, cuyos demonios son los verdaderos protagonistas. “No es una obra para crear empatía, sino para reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos”, apunta Julia Navarro como una declaración de principios.

-¿Cuánto tiempo tarda en dar forma a un libro?
“Entre dos y tres años. Tres años de trabajo es un tiempo nada despreciable a la hora de dar rienda suelta a una historia”.

-¿Dedica los primeros meses a investigar?
“No suelo investigar previamente porque, al menos en este último libro, la historia se desarrolla en la época actual y no hay nada que averiguar ahí. Todos mis libros han transcurrido en el siglo XX, por lo que tampoco he tenido que investigar mucho en ellos, ese siglo lo conozco bien. La documentación que puedes usar es para confirmar un dato, para recordar algo concreto, pero no es un trabajo de investigación”.

-Historia de un canalla es una bocanada de fuego, un estruendo de maldades…
“Esta es una historia que tiene un triple objetivo. En primer lugar, hacer un viaje muy literario a lo más hondo y recóndito del ser humano. Segundo, hacer una reflexión sobre la sociedad de la comunicación, la sociedad en la que vivimos, que ha cambiado todos los paradigmas en los últimos 20 o 30 años debido a la irrupción de las nuevas tecnologías. Una sociedad en la que estamos hipercomunicados, lo que no significa que estemos mejor informados. Y en tercer lugar, pretendo hacer una reflexión sobre el poder”.

-Respecto a las nuevas tecnologías, ¿cuál es su punto de vista?
“Las nuevas tecnologías están ahí, son instrumentos para la sociedad en la que vivimos. Las tecnologías, a lo largo de la historia de la humanidad, han ido cambiando a las sociedades, desde la aparición de la rueda. Los inventos van transformando las condiciones de vida de una sociedad. Ahora estamos viviendo vertiginosamente porque los cambios que se están produciendo a través de las nuevas tecnologías hacen que no tengamos ni siquiera tiempo para adaptarnos a ellas. Todo se queda obsoleto al poco tiempo. La sociedad avanza a pasos agigantados, sin casi tiempo de pensar en lo que estamos viviendo. No hay tiempo para la reflexión, para analizar, para pararse a entender lo que sucede en nuestro entorno”.

-¿Todo ese maremágnum lo encarna un personaje vil como Thomas Spencer?
“Yo quería hacer un retrato de lo que es la sociedad de hoy. Vivimos en la sociedad de la comunicación, por lo que esta debía ser un pilar de la novela. Quería tratar el tema del poder, que es otro de los pilares, y quería poner al lector ante el espejo de la parte oscura que todo ser humano lleva dentro”.

-¿Cómo son las tinieblas del ciudadano actual?
“Cada personaje es distinto, cada humano es distinto. En unos puede ser la ambición, en otros puede ser la codicia, en otros la envidia, cada ser tiene sus demonios. Algunos los saben domesticar y otros, en cambio, dejan que se liberen y hagan de las suyas”.

-¿Cuáles son los demonios del personaje principal?
“Este personaje es alguien que triunfa en la vida, que todo le va bien, que vive en un mundo de glamour y de poder, pero que nunca se ha sentido bien dentro de su propia piel y esa amargura de sentirse diferente es lo que le hace actuar de forma absolutamente cruel, violenta y despiadada con la gente que le rodea. No se quiere a sí mismo, y al no hacerlo, le cuesta querer a los demás”.

-¿Fue complicado llegar hasta lo más hondo de ese abismo del personaje?
“No es un libro para que la gente se entretenga, es un libro con un fuerte contenido psicológico, con todas las consecuencias. No es para que los lectores empaticen con los personajes, es para hacernos algunas preguntas en voz alta sobre nuestra condición”.

-En Canarias, al canalla le decimos ruin.
“Tiene muchas formas de interpretarse esa palabra. Hay muchos tipos de canallas, hay algunos que son hasta simpáticos. Muchas veces nos puede parecer que a veces ruin no tiene el sentido peyorativo que realmente debería de tener. Para mí los canallas son los banqueros de Lehman Brothers que provocaron el infierno financiero que ha hecho que millones de personas pierdan sus puestos de trabajo, sus casas y sus proyectos de vida. Un canalla es el tipo que maltrata a una mujer. Es el tipo que es capaz de despedir trabajadores para tener más ganancias. No hay un solo modelo de canalla”.

-Comenzó con libros sobre actualidad política, nadie mejor que usted para certificar que la realidad supera a la ficción…
“Siempre ocurre eso. No solo como novelista, sino también como periodista. Durante cuatro décadas he ejercido el periodismo y siempre la realidad supera a la ficción”.

-Siendo un libro tan voluminoso, de más de 800 páginas, como escritora se le supone muy disciplinada…
“Yo soy muy metódica y organizada en mi vida. Mi horario de escritora, como mínimo, es de ocho horas al día. Y es que escribir es mi trabajo. Yo creo que la inspiración te tiene que coger delante del ordenador. Hay días en los que las cosas salen mejor, luego hay otros en los que me voy a la cama sin estar contenta con lo que estaba escribiendo, al día siguiente vuelves y deshaces todo. Hay que tener claro que es un trabajo, no es el más duro, pero exige dedicación y disciplina. No te puedes hacer trampas a ti mismo diciendo que no estás inspirado. Sea como sea, yo estoy ocho horas diarias delante del ordenador, así esté escribiendo 10 folios o 10 líneas”.

-¿Con esa constancia es como se construye un superventas?
“Nunca sabes si vas a tener ventas o no, es una solemne tontería que dicen algunos. Yo escribo libros y luego los lectores deciden. Yo y todos los escritores. Nadie sabe lo que va a pasar. Nadie puede garantizar que un libro se va a vender, que va a gustar a los lectores. Es una majadería plantear que un libro se escribe para ser superventas. No hay ninguna fórmula mágica. Nadie puede saber eso”.

-Este libro pretende reflexionar sobre el mundo de la comunicación. Como periodista, ¿cómo ve el periodismo en la actualidad?
“Me preocupa el periodismo ciudadano. No creo en él. Creo que detrás de cada información debe haber un periodista profesional, creo que el lector tiene que saber quién le está contando la historia y por qué se la está contando. Me parece que los medios cometieron un gran error regalando los contenidos, totalmente gratis, en Internet, porque han devaluado el trabajo de los periodistas. Las nuevas tecnologías nos están obligando a todos a adaptarnos: mucha gente se informa ya preferentemente por Internet. Al periodismo no le cabe otra que transformarse a tenor de esas nuevas herramientas. Creo en el periodismo porque es democracia”.

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