
Las aguas del Charco Verde siguen conservando las propiedades mineromedicinales que le dieron en el pasado fama al obtener resultados beneficiosos para la salud. Este verano han hecho un nuevo análisis sobre su calidad y la conclusión es que “están en perfecto estado y siguen manteniendo las propiedades intactas”, indica Luis Sarbelio Fernández, quien ha vuelto a poner en primer plano este recurso gracias al trabajo de investigación que realizó sobre estas aguas hace unos años para el fin de grado de Fisioterapia y que ha seguido analizándolas, bajo la supervisión del doctor en Medicina e Hidrología Médica, Eduardo Navarro García.
Fue concretamente en el mes de junio cuando recogieron nuevas muestras de agua para analizarlas , ratificando los resultados de las dos campañas anteriores. Además están planteando al Cabildo la necesidad de fomentar la divulgación de este espacio, instalando al menos un panel que explique las propiedades de estas aguas y sus cualidades terapéuticas, así como la necesidad de que se mantenga el entorno limpio y protegido, para prevenir que se produzca cualquier alteración.
Sarbelio Fernández apuesta por divulgar el conocimiento sobre estas aguas y acaba de publicar un artículo sobre el Charco Verde en una revista especializada en fisioterapia, donde concreta la naturaleza de las mismas. “Son clorurado sódicas, en particular, clorurado sódicas bicarbonatas magnésicas”. Un tipo de aguas que “han sido estudiadas en profundidad por la ciencia, conociendo bien sus recursos terapéuticos en balneoterapia. Además, son aguas silíceas, excelentes para el tratamiento de consolidación de fracturas y el sistema cardiovascular”.
Se trata, como reconoce el autor, de “un excelente recurso terapéutico que está sin aprovechar”, el que se esconde en este pozo situado en la costa de Los Llanos de Aridane, en una de las playas más frecuentadas de la isla de La Palma, que además tiene una importante proyección turística de cara al futuro.
La realidad es que las aguas del Charco Verde han estado también presentes en un congreso internacional realizado en Lleida sobre la materia, gracias a la inquietud de ambos investigadores por divulgar su existencia y cualidades. El conocimiento de estas aguas se remonta al menos hasta el siglo XVI. Si bien no fue hasta finales del siglo XIX, en 1892, cuando el laboratorio Norman y cia, de Liverpool, realizó un análisis sobre una muestra de las las aguas del Charco Verde, que permitió corroborar científicamente “sus singulares propiedades”.





