
Ángel Llanos Castro Santa Cruz de Tenerife
El capítulo 1 de la Cartilla del Guardia Civil, redactada por el duque de Ahumada en 1844, abría las Prevenciones Generales para la obligación del guardia indicando que “el honor ha de ser su principal divisa y debe conservarlo sin mancha, pues una vez perdido no se recobra jamás”. Colocar la condición ética y moral en el primer lugar de los valores que deben tener estos funcionarios es recordado cada día a 10 metros de altura en el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro, con un gran cartel que reza El honor es tu principal divisa, lema que también inspira a los alumnos de la Academia de Guardias Civiles y Oficiales de Baeza, desde su llegada al recinto.
El primer guardia civil fallecido en un acto de terrorismo fue José Pardines Arcay (25 años), el 7 de junio de 1968: regulaba el tráfico en unas obras en la Nacional-I, en Villabona (Guipúzcoa), y descubrió a dos miembros de ETA en un Seat 850 coupé, que le dispararon. Los últimos fueron José María Galera Córdoba y Abraham Leoncio Bravo Picallo (ambos de 33 años), el 25 de agosto de 2010: un talibán infiltrado les disparó en la base de Qala-e-Now, mientras adiestraban a la policía de Afganistán. A lo largo de esos 42 años, al menos 233 guardias civiles han perdido la vida en atentados terroristas, sin que un sacrificio de tal magnitud haya provocado acción de venganza alguna, manteniendo sus funcionarios inmaculado el principio general enseñado por el duque de Ahumada: “El honor es tu principal divisa”.
Todo por la patria
Si los orígenes del Ministerio del Interior hay que buscarlos en el Despacho de la Gobernación de la Península e Islas Adyacentes, surgido de la Constitución de 1812, los de la Guardia Civil se encuentran en la Legión de Salvaguardias Nacionales, ideada a partir de 1820 por el primer duque de Ahumada, el teniente general y ministro de la Guerra Pedro Agustín Girón y de las Casas. Su modelo no llegó a cristalizar, pero su hijo, el segundo duque de Ahumada y mariscal de campo Francisco Javier Girón y Ezpeleta, retomó el proyecto a principios de 1844 hasta que el presidente del Gobierno, Ramón María Narváez, presentó el Real Decreto de la fundación de la Guardia Civil el 13 de mayo del mismo año. La búsqueda de la más alta consideración moral caracterizó al cuerpo desde su fundación, como lo demuestra los criterios de selección propuestos por el duque a mediados del siglo XIX: “Ofrecerán más garantías de orden 5.000 hombres buenos que 15.000, no malos, sino mediados que fueran”. Según la Asociación de Víctimas del Terrorismo, al menos 210 guardias (o exguardias) civiles han sido asesinados por ETA (Euskadi Ta Askatasuna, País Vasco y Libertad en español), organización terrorista fundada en 1958 por las juventudes del Partido Nacionalista Vasco. Otros 19 guardias cayeron en acto de servicio a manos del Grapo (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre), organización inspirada por el Partido Comunista de España en 1975. Además, un guardia civil fue asesinado por el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota), grupo creado también por el Partido Comunista de España (entre otros partidos) en 1971. Y, finalmente, tres guardias civiles han muerto por acciones del terrorismo islamista. Sus compañeros siempre han respondido de la misma manera: aplicando la Ley. Especialmente duros fueron los años 1979, 1980 y 1986, con 28, 32 y 21 guardias asesinados en actos terroristas, respectivamente.
De entre los nueve canarios asesinados por ETA, cuatro eran guardias civiles: a Juan Batista García (Las Palmas de Gran Canaria, 24 años) le dispararon en el pecho el 17 de abril de 1979 en Leiza (Navarra), minutos después de visitar a su novia el día que esta le anunció que estaba embarazada; un mes antes, los Tedax ya habían desactivado una bomba en su coche. José Torralba López (23 años, Santa Cruz de Tenerife) estaba con su compañero en la cabina de la frontera entre Irún y Hendaya el 16 de abril de 1980, cuando ETA les disparó 38 balas. A Santiago González de Paz (30 años, 2 hijos, Santa Cruz de La Palma) le dispararon en el corazón y la cabeza el 17 de octubre de 1981, al salir de su casa en Santurce (Vizcaya). Y por último, José Carlos Marrero Sanabria (30 años, Las Palmas de Gran Canaria) murió el 10 de enero de 1988, tras no poder superar las graves lesiones cerebrales del atentado que sufrió el 28 de junio de 1986 en Zarauz San Sebastián, cuando ETA explosionó un talud al paso del vehículo en el que viaja el grancanario junto a seis compañeros del Grupo Antiterrorista Rural.
No es casualidad que la Guardia Civil sea, con 6,83 puntos, el cuerpo de seguridad más valorado por los canarios (Encuesta de Seguridad del Cabildo de Tenerife, 2005), por encima del Cuerpo Nacional de Policía, la Policía Local y la Policía Autonómica.
Desactivación
Entre las funciones de la Guardia Civil como garante de la protección de los ciudadanos frente al delito, del libre ejercicio de los derechos y las libertades, y de la preservación de la seguridad ciudadana, destaca el papel que realiza el Servicio de Desactivación de Explosivos y Defensa Nuclear, Radiológica, Biológica y Química (Sedex-NRBQ). Desgraciadamente, entre los 233 guardias fallecidos en actos terroristas también se encuentran funcionarios de los coloquialmente conocidos como artificieros (denominación original tras la creación de los Especialistas de Explosivos de la Guardia Civil, en 1973).
Por ejemplo, el 3 de agosto de 1985, Fernando Amor Calvo (25 años) moría pocas semanas después de casarse al intentar desactivar una bomba de doratita, colocada en el Bar El Peñón de Lullando (Ávala). ETA avisó a la Cruz Roja de la colocación, quienes llamaron a la Policía Autónoma Vasca que, al no disponer en esa época de equipos de desactivación de explosivos, pidió ayuda a la Guardia Civil. La colaboración de la Benemérita, como siempre, fue inmediata. A su vez, a Enrique Martínez Hernández (30 años) le mató en Llissá de Munt (Barcelona) una bomba-trampa de ETA el 18 de marzo de 1992: la banda terrorista avisó por teléfono de que habían abandonado un Opel Kadett con explosivos y que su propietario estaba en el maletero de un Fiat Uno situado al lado; cuando el Tedax lo reconocía, estallaron 15 kilos de amosal. Las unidades de artificieros comenzaron desactivando la munición y los explosivos no detonados desde la I Guerra Mundial y, con el aumento de las acciones terroristas en los años 70, tuvieron que especializarse. De los antiguos métodos tradicionales, se pasó en 1979 al Departamento Central de Desactivación de Explosivos (Decedex), poniéndose en marcha en 1980 la Escuela de Técnicos Especialistas en Desactivación de Explosivos y acumulando la Guardia Civil una gran experiencia sobre bombas no reglamentarias. A finales de los 80, el Decedex obtuvo su denominación actual del Servicio de Desactivación de Explosivos (Sedex), al que 10 años después se le añadió el apellido “NRBQ” para la defensa ante el riesgo de un ataque nuclear, radiológico, biológico o químico.
La profesionalidad y eficacia de los funcionarios del Sedex-NRBQ las atestiguan las decenas de miles de actuaciones que han realizado a lo largo de más de cuatro décadas de servicio a España, de los españoles y de cualquier país que lo ha solicitado. Se encargan de detectar, neutralizar y desactivar cualquier artefacto, al tiempo que estudian permanentemente las nuevas técnicas de desactivación. La estructura de este cuerpo militarizado está organizada en una Unidad Central Operativa (Ucodex), que busca y desactiva las bombas; un Centro de Adiestramiento (Cadex), que forma a sus especialistas y a profesionales de todo el mundo, y una Unidad Técnica.
En su desarrollo en el conjunto del Estado, el Sedex-NRBQ cuenta con unidades de Búsqueda y Desactivación en cada provincia, que incluyen grupos de especialistas en Desactivación de Artefactos Explosivos y de naturaleza NRBQ (Gedex), y equipos de Búsqueda y Localización (EBYL). Además, su esquema territorial se complementa con unidades de defensa específicas para el riesgo nuclear, radiológico, biológico y químico, tanto para una primera actuación de emergencia, como de Primera Intervención (UPI) ante posibles amenazas, y de Apoyo en refuerzo de las otras dos.
Si los necesita, llámeles al 062, porque su honor y templanza están disponibles las 24 horas del día, los 365 días del año.




