
El Campus de Anchieta de la Universidad de La Laguna (ULL) acoge, justo enfrente de la Facultad de Farmacia, un edificio que, fuera de las fronteras de este centro educativo, pocas personas conocen. Se trata del Animalario y Estabulario, unas instalaciones que desde el año 1974 -no siempre en este emplazamiento- se encargan de suministrar a los diversos investigadores con los que cuenta la comunidad científica de Tenerife los animales que necesitan para sus proyectos. Además, este espacio ofrece el equipamiento para llevar a cabo las distintas tareas sin salir del inmueble. Incluso, organiza algunos cursos para profesionales en los que también se utilizan animales.
El Animalario de la ULL alberga en estos momentos, en sus más de 1.000 metros cuadrados, cerca de 3.000 animales, de los cuales el 90% son ratones, explica a DIARIO DE AVISOS la directora del centro, María Rosa Arnau. Insiste en que de la totalidad de estos roedores, el 80% están modificados genéticamente, para así responder a la investigación que los demandan. Además de ratones, también cuenta con unas 500 ratas, 11 conejos y ocho ranas Xenopu laevis (procedentes de África).
La responsable de este espacio detalla que a lo largo de los años se ha contado con otras especies, como perros, lagartos o, incluso, monos. Pero ahora la mayoría de investigaciones utilizan roedores, ya que presentan una semejanza con el ser humano del 90%. Asimismo, añade que es probable que en los próximos meses se pueda contar con mosquitos, ya que un proyecto vinculado a la ULL pretende trabajar con ellos. En casos puntuales también se cuenta con cerdos, que son utilizados para llevar a cabo algunos cursos de cirugía y medicina. Estos proceden de una granja de carne.
El Animalario dispone de una plantilla de siete personas, de las cuales todas tienen la formación requerida para trabajar en una instalación de esta índole. Cuando se puso en marcha, hace más de cuatro decenios, “era el mejor de España”. Ahora, con los avances surgidos en todo este tiempo, hay instalaciones que lo superan, pero Arnau sostiene que, en comparación con los animalarios de otras universidades, “está bastante bien”. El espacio cuenta con un total de 12 salas para animales, además de un quirófano. Del mismo modo, tiene una sala de control que permite tener vigilados índices como la temperatura o la humedad, para que los animales se encuentren en las condiciones óptimas para su utilización.
Veto de aerolíneas
Todos los proyectos de investigación en la Isla que requieran animales deben adquirirse a través del Animalario de la ULL. Por eso esta infraestructura padece en primera persona el bloqueo que las aerolíneas Iberia y Air Europa han impuesto al transporte de animales con fines de experimentación a Canarias, lo que deja al Archipiélago sin poder contar con esta herramienta básica para sus proyectos científicos. De hecho, la responsable de esta infraestructura detalla que aproximadamente cada dos años, además de los animales que se encargan fuera ex profeso, el Animalario adquiere sobre todo roedores para repoblar las colonias propias. Esta operación, que se suele hacer en Italia y Francia, en principio, se debería llevar a cabo este mes de enero. Pese a ello, el actual veto imposibilita esta compra, al menos hasta que concluyan las negociaciones iniciadas hace cerca de tres meses entre la Universidad de La Laguna con Aviación Civil y las compañías aéreas.
No obstante, Arnau se muestra confiada en que finalmente se pueda encontrar una solución, ya que el traslado del Ejército de los últimos 29 roedores se llevó a cabo de forma puntual. Recuerda que ahora mismo hay algunas iniciativas demoradas hasta que se resuelva este inconveniente, ya que requieren de animales específicos que no pueden ser aportados ahora por esta dotación de la ULL. Además, Arnau puntualiza que prácticamente todos los animales que se usan en investigación proceden de fuera.
La responsable de este centro científico recalca que otra de las dificultades de la investigación canaria es el sobrecoste de estar tan lejos, ya que “a nosotros todo nos cuesta el doble que a un investigador de la Península”.
Los investigadores que acuden a este centro a adquirir sus animales deben pagar un coste. Así, por ejemplo, el precio de un ratón es de algo más de ocho euros para profesionales de la Universidad, cantidad que incluye además todo su transporte. El coste se encarece si el profesional es de un ente privado. Además, esta infraestructura ofrece otros servicios, como el alojamiento y el cuidado y la alimentación, y también puede colaborar en los proyectos. Asimismo, los ingresos son destinados, junto a la aportación anual de la ULL, a mantener las instalaciones.
Cumplimiento de la norma
María Rosa Arnau destaca que en este edificio se cumplen rigurosamente las normas exigidas, tanto en el cuidado, como en el mantenimiento de los animales. Insiste en que las jaulas son especiales para cada especie y no se sobrepasa el número de individuos por cada habitáculo. En cuanto a la alimentación, explica que esta se adquiere fuera del país, con su correspondiente sobrecoste.
Los animales son utilizados para un total de 20 investigaciones, al menos en estos momentos. Todas ellas giran en torno a la medicina y de una u otra forma buscan hallar fórmulas que permitan curar o paliar los efectos de distintas enfermedades como el cáncer, problemas renales, enfermedades degenerativas u osteoporosis, entre otras tantas.
En la mayor parte de los proyectos se trabaja con machos, mientras que las hembras son más utilizadas para la procreación de las colonias. Ahora solo hay una iniciativa en la que únicamente se utilizan las hembras. Se trata de un proyecto que utiliza ratas para indagar sobre la osteoporosis. Sin embargo, Arnau prevé que esta tendencia se vaya modificando y que cada vez más se empiecen a utilizar las hembras en los experimentos.
En cuanto al final de estos animales, la responsable del centro explica que en su mayoría se sacrifican. Para ello, como marca la normativa en la materia, se utiliza la sobredosis de CO2 o de anestesia, con el fin de evitar el sufrimiento del animal. Luego los cadáveres se incineran en las propias instalaciones.
Avanzar para la cura del cáncer, problemas renales y osteoporosis
Los proyectos que usan animales giran en torno a distintas investigaciones. Las ranas se necesitan para obtener sus óvulos, que, a su vez, se usan en estudios de biología molecular. Otra iniciativa utiliza los ratones nude -que se caracterizan por carecer de pelo- para indagar sobre el cáncer de mama. Los últimos roedores en llegar servirán para buscar dianas terapéuticas para la artritis reumatoide. El Animalario también acoge una investigación que trabaja en la osteoporosis y la búsqueda de fórmulas para regenerar tejido óseo, para lo que usan ratas. En el caso de los conejos, su fin es avanzar en la cura del cáncer. Alzhéimer, párkinson y problemas renales centran otras investigaciones.




