La Complutense desaconseja el balneario de la Fuente Santa en la galería

El informe del ‘gurú’ de la Hidrología Médica en España rechaza que el lugar de tratamiento esté donde se descrubrió el agua, tal y como defiende Termalismo y UPF, por la posible concentración de gases tóxicos

Un estudio del director de la Escuela de Hidrología Médica e Hidroterapia de la Universidad Complutense, Francisco Maraver Eyzaguirre, sobre las indicaciones terapéuticas de las aguas minero medicinales de la Fuente Santa desaconseja que la galería donde se descubrió el manantial se emplee como “lugar de tratamientos”. La razón, según recoge el informe de este experto encargado por el Cabildo, es que al contener estas aguas anhídrico carbónico disuelto, “el desprendimiento de este gas al ambiente de la galería de captación, puede dar lugar a concentraciones tóxicas”.

Esta es una de las conclusiones del estudio realizado por el que está considerado el gurú de la hidrología médica en España, que cuestiona radicalmente el proyecto alternativo que defiende un sector del Gobierno del Ayuntamiento de Fuencaliente, UPF , y Termalismo La Palma, que apuesta por la ejecución del balneario en el interior de la galería, tal y como propone en su proyecto el ingeniero Carlos Soler, que dirigió las obras que descubrieron las aguas de la Fuente Santa.

Una propuesta que el Ayuntamiento pretende llevar a un referéndum en Fuencaliente para que los vecinos decidan el modelo de balneario que quieren, es decir, si esta propuesta de Carlos Soler o el proyecto ganador del concurso internacional que convocó el Cabildo y que ganó el arquitecto Federico Soriano, con experiencia en la construcción de balnearios en España, con una intervención fuera de la galería.

El estudio de Francisco Maraver considera también “imprescindible” que la construcción del futuro balneario se realice lo más próximo posible al manantial, dado que “la plenitud de las acciones de las aguas solo se producen a pie de manantial que es donde el agua conserva todas sus genuinas características, sin que la pérdida de gases, cambios de temperatura, precipitaciones, etc., propios de la conservación hayan producido alteraciones críticas para su efecto terapéutico”, citando el estudio Curas balnearias y climáticas .

Este planteamiento viene también a contradecir la aspiración que se planteó en su momento desde Termalismo La Palma para que las aguas del manantial de la Fuente Santa se pudieran repartir entre los spa de la Isla mientras no existiera el balneario en la costa de Fuencaliente, cuya última versión es la creación de una casa de baños en el núcleo de Los Canarios, en el municipio sureño.

El Cabildo se reafirma en que el proyecot para la Fuente Santa ya está escogido. | DA

Francisco Maraver aborda en el trabajo sobre otro aspecto que debe contemplar la realización del balneario de la Fuente Santa. A su juicio, dado que “la cura termal requiere un mínimo de nueve días de tratamientos se hace necesario que el balneario disponga de instalaciones hoteleras adecuadas, comunicadas directamente con la zona de tratamientos”.

El especialista en Hidrología Médica subraya también la importancia que tiene el hecho de que la Fuente Santa se encuentre prácticamente al borde del mar. Una circunstancia que “permitiría aportar, si fuera necesario, a la cura balnearia con sus técnicas crenoterápicas, la talasoterapia con todos sus factores talasohídricos (agua marina, clima marino, limo marino, algas, arena…) también muy favorable en los procesos de aparato locomotor y afecciones dermatológicas”.

APLICACIONES

Maraver informa favorablemente, tras el análisis de las muestras de agua recogidas en una de las pocetas, que, aplicadas por vía tópica, se utilicen como especialidades principales en enfermedades del aparato locomotor y en dermatología. Unas aguas que define como “mesotermales (en el punto emergencia tienen una temperatura de 39,4 º C), de mineralización fuerte, cloruradas, sódicas, carbogaseosas, bromuradas y extremadamente duras”.

El estudio concreta los usos terapéuticos que pueden tener estas aguas, de las que existe constancia de su utilización con estos fines terapéuticos para enfermedades de la piel desde finales del siglo XV hasta noviembre de 1677, en que la erupción del volcán San Antonio las sepultaran bajo 40 metros de lava.

Por su temperatura, pueden ser aplicadas de forma tópica en afecciones de aparato locomotor, indicándolas, entre otros casos, para la artrosis y patología degenerativa del raquis; los reumatismos crónicos inflamatorios; en post-cirugía osteoarticular; dolores crónicos asociados a trastornos de la estática raquídea como la escoliosis,; ciertas tendinopatías crónicas; fibromialgias o la gota crónica.

En su aplicación dermatológica, señala que los mejores resultados se producen en los eczemas, la psoriasis y el acné vulgar. Procesos en los que la temperatura de aplicación es de 35 a 36 grados centígrados, “pues a mayor o menor temperatura pueden ser irritantes”.

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