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El tratamiento de la hepatitis C tendrá fondos regionales en 2017

El nuevo consejero regional de Sanidad, tras la polémica en DIARIO DE AVISOS, se compromete a incluir más enfermos en el plan de cobertura
Raúl Cordero es miembro de la coordinadora nacional de afectados por la hepatitis C. Andrés Gutiérrez

Tras la polémica sobre la presunta pretensión del Gobierno de Canarias de suprimir el tratamiento de la hepatitis C para recortar gastos, aireada en DIARIO DE AVISOS a raíz de las declaraciones del exconsejero de Sanidad Jesús Morera,el recién nombrado consejero de deste departamento, José Manuel Baltar, ha confirmado a la coordinadora nacional de enfermos que en este ejercicio el presupuesto de la comunidad autónoma contempla fondos para tal fin. Así lo anunció el representante del colectivo Raúl Cordero, en un encuentro mantenido el miércoles entre ambas partes a petición del propio Baltar. Este promovió la reunión, al parecer, a instancias del presidente regional, Fernando Clavijo, a quien Morera acusó de querer suprimir la prestación del citado tratamiento.

Durante la cita, se acordó convocar en un plazo máximo de cuatro semanas un comité en el que participen tanto miembros de la coordinadora como los afectados por trasplantes hepáticos en Canarias y los responsables regionales del plan estratégico para la cobertura de esta enfermedad. En esa reunión se prevé poner sobre la mesa los datos reales de enfermos en el Archipiélago, al igual que el número de pacientes tratados. Además, el consejero, según relató Cordero, se ha comprometido a escuchar en ese encuentro las propuestas que la coordinadora ha elevado en todo el territorio nacional y que, entre otras medidas, pretende que se amplíe el número de beneficiarios de la medicación.

El representante de la coordinadora se mostró satisfecho del avance dado en este primer contacto y esperanzado de que, finalmente, se amplíe la cobertura, algo que, a su juicio, permitirá a largo plazo un ahorro en la sanidad canaria. Otros asuntos que se han de abordar es la avería del fibroescan, que es el aparato que determina la fase en la que se encuentra cada enfermo del Hospital Universitario de Canarias, y algunos problemas detectados sobre al suministro de la medicación. Pese a la efectividad constatada de este tratamiento, que empezó a aplicarse en Canarias en la segunda mitad de 2015, su coste ha sido hasta ahora uno de los inconvenientes que se han puesto sobre la mesa. Aproximadamente, se calcula que, como media, el tratamiento puede costar por persona unos 24.000 euros, aunque el precio se puede incrementar si las dosis que requieren son más elevadas.

Según explicó Cordero, en las fases más iniciales se suministran estas pastillas durante 12 semanas, mientras que en casos más graves se duplica el tiempo de tratamiento. Asimismo, destacó que el 97% de los casos se cura y que, incluso, en los primeros meses ya se empiezan a notar los cambios en el organismo. Entre las peticiones de la coordinadora está incorporar nuevos mecanismos de acceso a los antivirales de acción directa y que todos los enfermos diagnosticados con hepatitis C crónica, con independencia del estadio de su enfermedad y de la situación social en la que se encuentren, reciban los nuevos fármacos de acción directa de forma inmediata, sin tener que esperar a que empeore su salud, como ocurre en la actualidad. Además, se reclama articular un plan de financiación extraordinario para cada comunidad que pueda garantizar la estabilidad presupuestaria, elaborar un plan de cribado para conocer realmente el estado epidemiológico de la enfermedad (ya que muchos enfermos desconocen que lo son), campañas preventivas, políticas para evitar que las farmacéuticas puedan especular con los medicamentos y que se dé respuesta a la población reclusa que padece la hepatitis C.

“Es una enfermedad silenciosa que puede derivar en muchas consecuencias, como la muerte”

El representante de la coordinadora estatal en defensa de los pacientes con hepatitis C Raúl Cordero detalló los problemas que ocasiona esta enfermedad para la salud de quien la padece, cuya consecuencia última puede ir desde el trasplante de hígado, en el mejor de los casos, hasta la muerte. Cordero se infectó, como la mayoría, en la década de los 90. Según explicó, aunque desconoce a ciencia cierta el motivo, todo apunta a que fue por una transfusión de plasma en un centro hospitalario canario. “Buena parte de los enfermos nos contagiamos en los 80 y los 90 con transfusiones de sangre o en intervenciones quirúrgicas porque en aquel momento se desconocía la existencia de este virus”, relató. En cuanto a las consecuencias que se derivan de padecer la enfermedad, Cordero llamó la atención sobre que se trata de una patología “silenciosa”, que se puede sufrir sin saberlo, ya que hay que hacer analíticas muy concretas para confirmar el diagnóstico. Insistió en que, aunque se puede hacer una vida normal, “en general estás más cansado y se tiene un color amarillento en la piel”. En estos años su estado de salud empeoró. De hecho, en 2014 ya había entrado en una fase de cirrosis muy avanzada. “Me dijeron que había varias posibilidades, o que derivase en cáncer, en un trasplante o en fallo hepático con el que pudiera fallecer”, contó. Durante ocho meses la situación fue de gran angustia hasta que se le aplicó el tratamiento que eliminó el virus y le “cambió la vida”.

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