
Ni tuvieron que declarar los testigos que esperaban a las puertas del juzgado. El muchacho de nacionalidad brasileña que en junio del año pasado acabó con la vida de su propio padre, para posteriormente descuartizar su cadáver, introducir los restos en dos maletas y tirarlas después en la costa de Valleseco, en la capital tinerfeña, aceptó ayer su responsabilidad por tales hechos ante el juzgado de menores que se disponía a celebrar el juicio por un caso que conmocionó a la opinión pública española en general y a la tinerfeña en particular. Fuentes extraoficiales detallaron a este periódico que la vista, no anunciada a los medios de comunicación al tratarse de un menor de edad, apenas duró un rato y que ni siquiera llegó a declarar el grupo de testigos que esperaban su turno. Entre ellos figuraban el taxista que llevó al joven con sus maletas desde el barrio de Salamanca a Valleseco, pescadores de la zona que lo vieron e incluso el ferretero al que compró hojas nuevas para la sierra radial que utilizó para desmembrar el cuerpo sin vida de la víctima. No ha trascendido la pena solicitada por la Fiscalía de Menores y a la que, como se ha dicho, ha mostrado su culpabilidad el joven encartado.
Fue el martes día 7 de aquel mes de junio del año pasado cuando www.diariodeavisos.com adelantó en primicia el inquietante hallazgo de la parte troncal de un ser humano (sin cabeza ni extremidades) dentro de una maleta que flotaba en aguas del puerto santacrucero. Tan terrible hallazgo fue realizado por buceadores de la empresa que mantiene esta zona libre de posibles obstáculos a la navegación, y al poco los especialistas de la Guardia Civil iniciaron una investigación que, en tiempo récord, dio sus frutos.
Cuando aún no había llegado la noche de ese martes, ya se había identificado al fallecido y se procedía a la detención de su hijo, un muchacho de 16 años de edad que fue arrestado a las puertas del escenario del crimen, un piso de la calle de El Olvido. Cuando se le tomó declaración, el joven ya admitió los hechos, tal y como confirmó en su día el entonces delegado del Gobierno en Canarias, Enrique Hernández Bento. El relato de tan terrible historia arranca el domingo anterior, cuando el padre regresa de pasar el día en la Romería de La Orotava y se desata una discusión con su hijo que, en un arrebato, lo apuñala en un par de ocasiones, arrebatándole la vida. En vez de dar aviso a las autoridades, el muchacho opta por bajar a la ferretería y comprar hojas nuevas para la sierra radial que había en casa, e incluso pregunta al ferretero sobre su funcionamiento.
Sin duda, imaginar someramente lo que pasó en aquel piso aquella jornada conduce inevitablemente al espanto. Tras la macabra tarea que se autoimpuso, finalizado el descuartizamiento, separó los restos en dos maletas y cogió un taxi frente a su casa con semejante equipaje, que apenas era capaz de transportar dado el peso de la carga.
Como quiera que el taxista sospechó de inmediato que algo no iba bien, el joven prefirió quedarse en Valleseco a pesar de que su intención inicial era ir a Las Teresitas. Ya en el barrio costero, incluso preguntó a varios vecinos cómo llegar a la costa donde finalmente tiró las maletas, desconociendo que sería precisamente la más pesada de las dos, aquella donde puso el tronco, la que aparecería flotando a la mañana siguiente porque determinados órganos internos del cadáver se hincharon.
Padre e hijo eran apreciados por los vecinos del barrio de Salamanca, al que se mudaron tras vivir un tiempo en Bruselas.

Un caso espeluznante con antecedentes en la Isla y lejos de ella
El caso del descuartizamiento del barrio de Salamanca es por sus características excepcional, pero no único. Al poco de tener lugar, la casualidad hizo que fuera otro brasileño el que asesinara y descuartizara a la familia de sus tíos en Madrid. Por lo que respecta a Tenerife, es difícil olvidar al perturbado búlgaro que decapitó a una turista en Los Cristianos, allá por 2013 n




