Once años sin Sara Morales, diez sin Yéremi Vargas

En el Día de los Desaparecidos, los psicólogos advierten de la necesidad de que, pasado un tiempo, se ayude a los familiares a superar la pérdida para que no se desliguen de la realidad
Sara Morales, Yéremi Vargas, Carmelo Díaz

Hoy, Día Internacional de los Desaparecidos, faltan apenas unas semanas para que se cumplan 10 años desde que Yéremi Vargas falta de su casa de Vecindario, y unos meses para que tan triste cuenta se eleve a 11 en el caso de Sara Morales. Durante todo este tiempo, los medios de comunicación hemos respaldado, en la medida de nuestras posibilidades, la búsqueda de estos dos menores de edad con la reiterada publicación de sus imágenes, tal y como se suele hacer en cuanto las ausencias adquieren el nivel de alto riesgo. Sin embargo, en pocas ocasiones atendemos a la situación de las otras víctimas de este tipo de sucesos: los familiares. Por ello recabamos la opinión del especialista Juan Jorge Iván Pérez Peña, coordinador del Gabinete Psicológico Dánae y exdecano del Colegio Oficial de Psicología de Santa Cruz de Tenerife. Y su mensaje es claro: pasado un tiempo prudencial, esas personas requieren de ayuda para superar la pérdida, porque de lo contrario corren el serio riesgo de irse desligando de la realidad y no superar lo acaecido. “Tenemos casos donde apreciamos la destrucción psicológica de familiares de desaparecidos que no han superado el duelo propio de estos casos”, responde sin dudar Pérez Peña, que reconoce lo complicado que resulta tal planteamiento.
Explica este experto que la psicología abordó históricamente este tema con los casos de los marineros que nunca volvieron. “A los seis meses de que faltaran los hombres de la mar se empezaba a preparar a la familia, y el entierro se celebraba al año. La clave pasa porque no está el elemento simbólico [en referencia al cadáver] y tampoco ayuda ese caso extraordinario del que aparece 15 o 20 años después”, continúa Iván Pérez. “Ahora hay que hacer la traslación al contexto urbano, sin duda distinto al de los marineros; por eso se aconseja empezar al año desde que se produce la desaparición”.

En lo que no duda este reconocido especialista es en la necesidad de velar por la salud mental de esos familiares. “Si no cierran el periodo de duelo acaban desrealizados, en parte porque las personas que les rodean los tratan con un mimo, con un cariño que conduce a evitarles los problemas del día a día, y eso no es sano para ellos por muy bienintencionada que sea tal conducta”, desgrana el psicólogo.

Porque es difícil de asumir, pero nadie dijo que era fácil: “Lo duro, pero lo sensato, es hacer ver a los familiares que, pasado ese tiempo prudencial, se empiece a hablar de la persona ausente en pasado; es el primer consejo para que la desaparición no tenga peores consecuencias de las que ya tiene de por sí”, profundiza este teldense afincado en Tenerife. “Como también poco a poco habrá que desmontar la habitación del que ya no está, ya que se trata de otra costumbre nada aconsejable en estos casos”.

El mensaje es claro: nada peor para los familiares que acabar siendo víctima de un duelo permanente, sin resolver, sobre el que el especialista no duda en insistir en las consecuencias: “Destruye psicológicamente a la persona por esa pérdida de contacto con la realidad, y una prueba de ello es que, sin entrar en temas en concreto, piense en lo que supone idealizar a un menor que lleva 10 o 15 años desaparecido, cuando ese recuerdo ya no es más que eso, porque esa persona, con el paso del tiempo, ya no existe como tal aunque siga viva”.
Iván Pérez nos da otra clave al respecto: “Ojo con la presión externa, que llena la mochila de piedras sociales al familiar con ese mimo, con ese trato irreal que no ayuda a superar semejante crisis”.

En Canarias, según datos de Interior facilitados el pasado martes, hay 172 desapariciones activas, de las que 21 son de alto riesgo, dos de ellas por menores de edad: Yéremi Vargas falta desde el 10 de marzo de 2007, Sara Morales, desde el 30 de julio de 2006. Él tenía 7 años, ella 11.

En realidad son 171. La Policía Nacional confirmó ayer que el cadáver hallado junto al cuartel de San Joaquín, cerca de la frontera entre La Laguna y Santa Cruz de Tenerife, es de un vecino de 61 años llamado Antonio que faltaba desde el día anterior de su casa capitalina.

Hoy se cumplen cuatro meses desde que Carmelo Díaz falta de su casa de Adeje

N. Chijeb / T. Fumero Santa Cruz de Tenerife

Se encuentra desaparecido desde hace exactamente cuatro meses, pero el caso de Carmelo Díaz Pezcoso aún está lo suficientemente reciente como para no perder las esperanzas. De este vecino de Adeje, de 62 años de edad, no hay noticia sobre su paradero desde que el 9 de noviembre del año pasado saliera de una ferretería en Los Olivos, adonde acudió para comprar una manguera de repuesto para la lavadora. Su esposa, Pilar Dóniz, reitera su llamamiento a todos los tinerfeños para que “no se olviden de su cara”, manteniendo la esperanza de que se le encuentre “con vida”. No obstante, ya asume que “alguien le haya hecho mal”, temiendo que pueda estar muerto “tras un robo o un atropello”, según baraja esta desesperada esposa, que cuida de la pequeña Daniela y que sigue recibiendo ayuda psicológica por esta causa.
El caso de Carmelo Díaz sigue ocupando a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que en absoluto han dejado de buscar a este adejero, que protagoniza uno de esos casos sin aparente explicación y que, sin duda, merece que los medios de comunicación mantengan en alerta a la ciudadanía por si alguien puede aportar información.

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