microalgas en canarias

Así maquilló el Gobierno la verdad sobre las microalgas

La ocultación del remoto vínculo con tumores hepáticos y no prohibir el baño en zonas afectadas disparó la desconfianza entre la ciudadanía, obligada a recurrir a las redes sociales y a la prensa para informarse sobre las cianobacterias
Los consejeros autonómicos de Sanidad y de Política Territorial, José Manuel Baltar y Nieves Lady Barreto. Detrás, microalgas ayer en la costa de los Llanos de Aridane.
Los consejeros autonómicos de Sanidad y de Política Territorial, José Manuel Baltar y Nieves Lady Barreto. Detrás, microalgas ayer en la costa de los Llanos de Aridane.
Los consejeros autonómicos de Sanidad y de Política Territorial, José Manuel Baltar y Nieves Lady Barreto. Detrás, microalgas ayer en la costa de los Llanos de Aridane. DA

La información facilitada este verano por el Gobierno de Canarias a cuenta de la proliferación o bloom en las costas isleñas de cianobacterias (las llamadas microalgas) no concuerda en datos esenciales con la documentación científica existente, ya sea de carácter local como nacional e internacional. Como es fácilmente comprobable, el Ejecutivo regional no divulgó toda la información atesorada por sus propios técnicos, y además rebajó el nivel de las recomendaciones efectuadas por los mismos.

Dos aspectos claves

Son dos las diferencias más relevantes entre la verdad científica disponible y lo que el Gobierno de Canarias contó a los ciudadanos este verano.

La primera es que se omitió la detección en las Islas de la presencia en estos blooms de unas toxinas, llamadas microcistinas, que son potencialmente cancerígenas para el ser humano, como lo son otros tantos factores ambientales a los que estamos expuestos. Se trata de un riesgo solo probable y a buen seguro remoto, porque sin duda requiere de una exposición prolongada. En resumen, una información fácilmente asumible para cualquier hijo de vecino.

La otra gran diferencia es que, mientras los técnicos recomendaban “prohibir el baño” en las zonas donde se detectasen estos blooms, las autoridades autonómicas rebajaron el nivel de dicha medida preventiva. De no permitirlo (bandera roja) a simplemente desaconsejarlo (bandera amarilla), además de remitirse a cada ayuntamiento para la decisión final que más conveniera en cada caso.

Los efectos de este maquillaje informativo fueron tan importantes como negativos. Los vecinos, perplejos ante esas manchas que (con perdón) parecían mierda y olían a mierda, desconfiaron de quienes, como el propio consejero de Sanidad, José Manuel Baltar, aseguraban que las mismas no eran nocivas para el ser humano, como hizo tanto el 14 como el 29 del pasado mes de agosto.
Bastaba con acudir a las notificaciones que Salud Pública emitió a mediados de julio para descubrir que, como mínimo, podía provocar irritaciones en la piel. El recelo generado creció al mismo ritmo con que los blooms se repetían en las costas de todo el Archipiélago, especialmente en Tenerife, sin que político alguno compareciera para frenarlo. Tanta desconfianza condujo a los amantes de nuestras playas y calas hacia las redes sociales y hacia medios como DIARIO DE AVISOS para averiguar qué es, por qué ocurre y, sobre todo, qué efectos acarrea este fenómeno.

Precisamente, fue a través de WhattsApp por donde llegó una prueba rotunda del maquillaje informativo, publicada en este periódico el pasado 28 de agosto.

Era un documento fechado en junio pasado y firmado por Emilio Soler y Antera Martel, técnicos del Banco Español de Algas. Soler, en la práctica, se erigió junto a otros técnicos en una suerte de portavoz del propio Gobierno durante el mes vacacional por excelencia. Dicho documento, interno pero oficial, resume la verdad científica adquirida tras años de análisis sobre el tema por especialistas que saben del asunto.

Especial relevancia tiene el hecho de que en ese certificado se recomendaba prohibir el baño y se aludía a ese vínculo remoto de los blooms con el desarrollo de tumores hepáticos. Como sabemos, el Gobierno ocultó tal vínculo y no prohibió el baño.

Tras saberse la verdad, las explicaciones oficiales rayaron en lo cómico. Sobre ese potencial nexo con el cáncer se dijo que solo era para ratones de laboratorio, como si los experimentos de este calado se realizaran con seres humanos (semejante atrocidad no se ha repetido desde el holocausto nazi, que se sepa). En cuanto a por qué no se prohibía el baño, los técnicos mutados a portavoces gubernamentales, reconocieron a los periodistas presentes en la rueda de prensa de prensa que ellos, desde luego, no se bañarían en esas manchas. En la misma cita, la Jefa del Servicio de Sanidad Ambiental del Gobierno canario, María Luisa Pita, insistió en que no hacía falta prohibir el baño.

Los canarios no tienen por qué temer a estos blooms siempre que tengan claro varias cosas. Como se comprobó ya en 2004, estas cianobacterias aparecidas en las Islas pueden incluir la presencia de unas toxinas llamadas microcistinas. Así lo demostró la revista especializada Marine Ecology Progress allá por 2005, en artículo firmado por 11 expertos, muchos de ellos canarios (entre ellos Soler y Martel), pero también de Escocia y Francia, y que ayer desveló DIARIO DE AVISOS.

Estas microcistinas, como se puede comprobar hasta en Wikipedia, “son tóxicas para los humanos y dan lugar a alteraciones gastrointestinales, reacciones alérgicas o irritación”. Por eso, lo mejor es no bañarse en plena mancha, ya que para ello es necesario el contacto con la piel y, sobre todo, tragársela, ya que facilita el acceso a nuestro organismo. La puerta de entrada de esta toxina al mismo es, como resulta fácil de comprender, el hígado. De ahí esos problemas gastrointestinales y, en el peor de los casos, esa posible relación con tumores hepáticos.

erre que erre

Que, poco a poco, los isleños fueran descubriendo el alcance real del fenómeno, no parece haber desviado la política informativa del Gobierno.
Además de las ya citadas comparecencias del consejero de Sanidad, también su colega de Política Territorial, Nieves Lady Barreto, insistía a finales de mes pasado en negar nocividad alguna para el ser humano.

Tampoco la portavoz del Ejecutivo regional, Rosa Dávila, se dio por aludida cuando, en declaraciones efectuadas el 11 de agosto, aconsejaba no fiarse de lo que llegaba a través de las redes sociales. La guinda vino de la mano del propio presidente, Fernando Clavijo, que el pasado día 28 recurrió a todo un clásico de la excusa: “Hay una campaña de desinformación masiva”, para reiterar que “no hay evidencias de que afecten al ser humano de una manera nociva o tóxica”.

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