
Hasta hace pocos días, Guillermo Fernández era un joven vecino de Icod de los Vinos que estudiaba en Santa Cruz. Fue el 8 de octubre cuando su vida dio un giro importante al conseguir el segundo premio, la corona Global Mundo, en el certamen de transformación y belleza más importante del mundo, el Global Universe.
Su pasión por la cultura asiática lo llevó a escoger Tailandia como país al que representar, ya que el aspirante de España estaba elegido entre los 17 países que participaban. Curiosamente, era Joaquín Díaz, también canario, natural de La Palma, y uno de sus íntimos amigos y compañero de estudio en la Escuela de Arte y Superior de Diseño Fernando Estévez.
El concurso se celebró el 8 de octubre en el Teatro Guimerá de la capital tinerfeña. Era la primera vez que acudía a un certamen de estas características y su satisfacción ha sido doble, porque además de haber obtenido el segundo galardón, el primero se lo llevó su amigo bajo el seudónimo de Martina Rey.
Guillermo se caracterizó como Corina Ferrer, un nombre que tiene una larga historia y que empezó por sus amigas de la infancia y sus primas, aunque todos lo conocen por Cori. “Fue la época en la que se estrenó el programa de televisión Un príncipe para Corina y ahí me dijeron que me iban a llamar así. El apellido surgió sobre la marcha. Lo oí, me gustó y decidí ponérmelo. Así nació Corina Ferrer”, cuenta el joven icodense que prefiere no revelar su edad.
Guillermo lleva unos tres años dedicándose al transformismo, “un arte que te sorprende” pese a que muchas personas creen que se trata “de un show cómico y de baile”. Nada más lejos de ello, según él. “Nosotros lo que hacemos es un homenaje a la mujer. Cuando nos subimos a un escenario es para intentar igualarnos a una miss, que son cosas muy diferentes”, sostiene.
Ello exige mucho esfuerzo y preparación, tanto física como mental, y un cuidado estricto en la alimentación. En su caso, empezó en enero a comer saludable y a entrenarse en el gimnasio con ejercicios específicos para determinadas partes del cuerpo con el fin de que sea lo más parecido posible al de una fémina. A todo ello hay que sumarle el tiempo dedicado a ensayos, sesiones de fotos y a asistir a charlas y conferencias. Para hacerlo de manera profesional eligió a Marc Philguer, un preparador que lo orientó en todo y le transmitió total confianza para poder alcanzar su objetivo.

Pero quizás, el sacrificio más duro ha sido el económico, porque ha tenido que ahorrar varios años para cumplir su sueño ya que el vestuario, las pelucas y el maquillaje tienen un costo muy alto que muchos aspirantes no pueden asumir. “Hay incluso quienes han perdido hasta su casa”, apunta.
Aunque no se arrepiente, no puede asegurar que en los próximos años vuelva a participar en otros concursos. Ahora está centrado en defender lo mejor posible el reinado y al colectivo LTGB a nivel mundial. “Es mucho compromiso, porque no solo estás defendiendo el derecho de los transformistas, sino de transexuales, gays y lesbianas, y luchando para que la sociedad vea este mundo más igualitario, más justo y lo comprenda”, subraya por último.




