
– ¿Ser tan autocrítico públicamente le ha perjudicado a la hora de señalársele como responsable de los últimos malos resultados?
“En mi profesión es muy importante ser autocrítico y saber corregir posibles fallos. No veo nada malo en ser honesto. Si mi equipo no pudiera competir ni durante 30 minutos con cualquier rival no estaría bien, pero, por ejemplo, si vas ganando 30 minutos en Andorra y casi pierdes tú más que ganarte ellos, o tras competir en Zaragoza o en Santiago, creo que se puede hacer esa crítica. En Zaragoza nos faltó parar a Gary Neal. Ese es el único partido que hemos perdido hasta el momento por mala defensa, porque nos metieron 57 puntos en la segunda parte, pero todavía somos la segunda mejor defensa de la Liga Endesa de la Champions, con un balance de 5-1 en ese torneo. ¿Me gusta como están las cosas? No, porque creo que podemos jugar mejor”.
– ¿Encontrar esa regularidad, que no haya momentos de desconexión en los partidos, es la clave?
“Mi trabajo es que no nos ocurra que en algún encuentro tres jugadores desaparezcan completamente, que no aporten nada, porque eso nos hace daño. Por ejemplo, Tim, al que no estoy criticando, ni mucho menos, que es un chico magnífico y un gran jugador, pero juega dos partidos bien, siendo el mejor, y el tercero desaparece por completo. Esto es lo que tenemos que corregir: debemos saber que podemos ser mejores, incluso nosotros en el banquillo, para que saquemos lo mejor de ellos. También en los días malos, que los tiene cualquier jugador y cualquier equipo. En los partidos que hemos perdido hemos tenido dos o tres jugadores que no han aportado casi nada y no somos un equipo con una súper estrella que gane un partido él solo, sino que vencemos como conjunto, cuando ocho o nueve jugadores aportan”.

– ¿Qué derrota cree que les ha condicionado más?
“La mejor oportunidad fue la de Andorra. Fue, básicamente, culpa de nosotros, porque ellos tenían muchas dudas, nada les salía bien y defensivamente en la primera parte estuvimos muy bien. La sensación al entrar al vestuario era la de que teníamos que ir ganando de 15 o 20 tantos y nos fuimos de 6. Es la que peor me ha sabido. En Zaragoza fue totalmente diferente. Lo teníamos bien controlado, pero apareció Neal y poca cosa se puede hacer cuando un tío está tan acertado. Cuando analizas el partido miras los tiros y todos eran muy difíciles, con uno o dos jugadores encima. Dije que teníamos que cortarlo con falta desde la primera canasta que anotara, para que perdiera el ritmo. Contra Real Madrid y Valencia competimos los 40 minutos y no vinieron y nos ganaron fácil, sino que tuvieron que trabajar mucho.”.
– ¿Son peores las sensaciones que la clasificación?
“Vamos 4-1 y estás tercero y, de repente, en dos semanas, estás octavo, noveno o décimo. Si hubiéramos ganado a Andorra quizás nos habríamos metido ahí arriba y la sensación sería otra. Perdiendo estos cuatro encuentros de otra forma, con partidos en medio en casa y alguna victoria, también habría sido distinto. Han sido seis partidos a domicilio y muy complicados. Gaziantep jugaba bien hasta que les ganamos nosotros, PAOK estaba en un momento difícil y ganar allí nunca es sencillo y el de Chalon fue fácil porque jugamos bien y defendimos desde el primer minuto. Quizás el calendario no nos acompañó teniendo más encuentros como local, pero tocó así”.
– Pero tiene jugadores que aún no han dado el rendimiento esperado, como el caso de Rosco Allen, por poner un ejemplo.
“Su problema es que Tim está muy bien. Hemos confiado más en él que en Rosco en momentos determinados de partido, porque apuestas por el jugador que está mejor, con más confianza en sí mismo y en el que más confían en el equipo. A Rosco le hace falta hacer cosas bien cuando entra en pista, para transmitir más confianza a sus compañeros y a nosotros. No se trata de meter puntos, sino de defender bien, rebotear… decir: “aquí estoy yo para que todos lo vean”. No solo hablo de él, sino de los jugadores de banquillo: es necesario que todos veamos lo que pueden dar, aunque a mí no me gusta diferenciar entre titulares y suplentes”.

– Pero, exactamente: ¿qué le está faltando al equipo?
“He hablado con ellos individualmente para transmitirles que uno de nuestros mayores problemas puede ser que bajamos la cabeza después de recibir un punto, que nos venimos abajo en cierto modo. ¿Por qué si somos la segunda mejor defensa de la liga? Si recibimos una canasta hay que seguir, demostrar que tenemos esa defensa porque, por ejemplo, contra Obradoiro dimos muchos regalos en cosas que sabíamos que no podíamos conceder. Fuera de casa dos chorradas, dos malos ataques o dos malas defensas, te pueden sacar del partido. Al final juntas y ves que recibes 15 puntos por tonterías. En Santiago ellos metieron dos triples seguidos en dos ataques por dos rebotes ofensivos e igual bajas la actitud, vas a un ataque mal, tiras un mal tiro y son aspectos pequeños que cuando se juntan hacen una bola muy grande. En ciertos momentos no estar muy concentrados a la hora de ejecutar sistemas de ataque o cosas que hemos hecho en defensa es un problema, pero creo que tengo muy buenos jugadores, tienen una ética de trabajo muy grande, y por las circunstancias, por la cantidad de partidos jugados fuera, se ha podido acumular un poco cierto cansancio mental. Cuando pierdes te entran dudas, pero los equipos que salen de esto son los que creen en ellos mismos”.
– No saber gestionar algunos momentos de partido les ha pasado mucha factura…
“Siempre digo que no somos máquinas, que los jugadores no tienen un ordenador en su cabeza y que durante 40 minutos siempre hay momentos peores, pero eso se debe de llevar mejor. Contra Murcia estuvimos muy bien en el último cuarto, contra un rival duro, pero apretamos y ganamos. Contra el Joventut, que juega con mucha energía, hicimos lo mismo, o en la Intercontinental, que es otro buen ejemplo. Ahora, puede ser cansancio mental o un cúmulo de cosas, pero tomamos peores decisiones al final de los partidos de como lo hacíamos antes”.
– ¿No entrar en Copa es decepción o fracaso?
“Cuando la directiva habló conmigo me dijo que les gustaría jugar la Copa, pero que si no era así no sería ningún desastre. Queremos optar a ella y a los play-off, aunque este no sea un club acostumbrado a ello, pero las sensaciones que transmita el equipo son más importantes que todo eso. Jugué una final de Copa como jugador en Vitoria y me haría muchísima ilusión ir como entrenador. No creo que esté todo perdido, ni mucho menos”.
– ¿Ha hablado con el club de posibles dudas o sobre su continuidad?
“No, yo solo me centro en el trabajo diario, pero si en el club tienen una opinión o una idea distinta a la mía no habrá problema con que cada uno tome su camino”.
– Usted está tranquilo…
“He trabajado en sitios mucho más complicados que el CB Canarias y no tengo problemas ni con la presión ni con las críticas, solo si mis jugadores no entrenan al 100% o si hay dudas entre ellos o entre ellos y yo, ahí puedo tener dudas, pero si estamos unidos en un objetivo estoy tranquilos. Creo en mi trabajo”.
– ¿Es demasiado pesimista el entorno?
“No leo periódicos ni las redes sociales, no aquí, sino que nunca lo he hecho. Cuando empecé a ser entrenador uno que tiene 30 años más que yo me dijo: “empiezas una nueva vida, no leas ni escuches lo que dicen de tí, solo trabaja”. También es importante saber quién y por qué te critica. Si con ella te quieren ayudar y no hacer una maldad, bienvenida sea”.

– ¿Nos equivocamos con el rol de Adin Vrabac?
“Él llama más la atención porque es bosnio y parece que lo traje yo. Teníamos tres o cuatro nombres sobre la mesa y buscábamos un jugador multiusos, que pudiera jugar en tres posiciones distintas teniendo en cuenta que tenemos a dos hombres por puesto. Todos cumplen, juegan minutos y Adin, cuando tuvo alguna oportunidad, no la aprovechó. Es complicado, lo sé, lo he hablado con él, porque cuando entras tienes que hacer algo para que se te vea, pero contra Murcia falló dos tiros libres en momentos clave y hay que tener confianza para poder ponerlo, porque no es fácil poner a un exterior en la segunda parte de un partido apretado si no tienes confianza en que meta los lanzamientos libres. Lo pusimos de titular con el Joventut para ver si, haciéndolo bien, seguía jugando o nos transmitía confianza, pero no fue así. Hay que dejar claro que vino a Tenerife porque si no jugaba minutos no tendría problemas con ello. Otros jugadores, con otro rol, podían habernos generado alguno por estar descontentos. Yo hablé con Vrabac y le dije: “¿estarás conforme si juegas poco o no juegas?” Me dijo: “voy a pelear por mis minutos, si no juego no hay problema”. Es más fácil para gestionar la plantilla, para tener a los jugadores contentos, que cada uno tenga su rol. No lo traje yo, pero sí es verdad que cuando tienes un jugador de este tipo es mejor que alguien lo conozca personalmente por su situación, que no es sencilla y yo se lo he dicho. No es un jugador caro, aunque el dinero siempre es dinero”.
– Hablando de un jugador de su mismo país: usted nunca dudó en elegir a Bosnia para jugar con su selección cuando se extinguió Yugoslavia…
“Ni un segundo, no se me pasó por la cabeza. Nací en Bosnia Herzegovina, mi casa, mis padres y mi familia han vivido allí ¿Cómo podría mirar a mis amigos a la cara si hubiera elegido a otro país en el que no he vivido o por el que no siento sus colores? Para mí, la camiseta de Bosnia siempre ha sido muy importante. Nunca he dicho no a la selección, solo cuando, al final de mi carrera tenía ya 34 o 35 años, por problemas físicos”.
– Con las actuales ventanas FIBA le habrían puesto en un apuro…
“Sí, porque siempre iba. En mi época se jugaban clasificaciones como ahora, lo que pasa es que paraban las competiciones. Mi padre es serbio, de padres serbocroatas, mi madre es croata, de Zagreb, pero yo he nacido en Bosnia, es mi casa, independiente de la religión que yo tuviera, que no soy practicante . Además, tuve la suerte de jugar con el grupo de amigos que fuimos creciendo juntos, desde cadetes a sénior”.
– ¿Qué le parecen algunos paralelismos que se hacen entre la situación actual de Cataluña y lo que ocurrió en Yugoslavia?
“Iba a hacer una reflexión en Twitter, opté porque no, pero al final lo digo. Barcelona y Sarajevo son ciudades hermanas porque el ayuntamiento barcelonés ayudó muchísimo durante la guerra a mi ciudad. Yo he conocido a toda esa gente que fue a la Sarajevo bombardeada a ayudar sobre el terreno. Me queda el recuerdo de Pasqual Maragall, siendo alcalde de Barcelona, cuando en la inauguración de los Juegos de 1992 dijo que no estaba feliz, porque en ese momento bombardeaban Sarajevo. Me sabe mal todo lo que está pasando y espero que no vaya a más, porque allí tengo muchos amigos a los que quiero mucho. Todo se debe de solucionar dialogando, es necesario”.




