
La revista Science publicó la semana pasada los resultados de la primera medición del magnetismo de los agujeros negros, a través de las observaciones realizadas con el Gran Telescopio Canarias y el William Herschel, ambos en el Roque de Los Muchachos, de V404 Cygni. Así se conoce al primer agujero negro descubierto por la ciencia, cuya existencia se demostró también en el Observatorio palmero hace 25 años gracias a las observaciones realizadas por un joven científico del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Jorge Casares, desde el telescopio William Herschel.
Fue en febrero de 1992 cuando este doctorando en Astrofísica, en la actualidad investigador del IAC, publicó en la revista Nature el artículo que dio carpetazo a la controversia científica sobre si era real o no la existencia de los agujeros negros. Y es que a finales de los ochenta y principios de la década de los noventa todavía existía esta polémica.
“Una parte de la comunidad científica creía que los agujeros negros no podían existir y que lo que estábamos viendo eran o bien estrellas de neutrones un poco exóticas, con masas muy altas, alrededor de tres veces la del Sol, o quizá un sistema de dos estrellas de neutrones, que sumadas, daban tres veces la masa solar, porque ese era el límite que se estaba observando entonces”, comenta.
V404 Cygni no era el único candidato en ese entonces a ser un agujero negro. También estaba el famoso sistema Cygnus X1, que fue observado con el telescopio Isaac Newton en su etapa en Gran Bretaña, aunque no se logró establecer con certeza empírica que fuera un agujero negro en ese momento, después sí. Y otros dos más.
Esos objetos candidatos tenían límites inferiores a tres masas solares. “En este contexto se estableció que el santo grial de un agujero negro, la prueba final de su existencia, sería un objeto con una función de masa por encima de cinco masas solares”. Casares, junto con su director de tesis, Phil Charles, y Tim Naylor, demostraron que V404 Cygni tenía el equivalente a seis masas solares y cerró el debate.
La noticia dio la vuelta al mundo y la imagen de aquel científico de 27 años de edad ocupó páginas de la prensa nacional e internacional. Casares recuerda ese momento con emoción. “Éramos consciente de que era un descubrimiento muy trascendente”.
“Nosotros íbamos tras la pista de un período orbital de cinco horas, porque este objeto mostraba una variabilidad de una escala de tiempo de cinco horas. Hicimos observaciones con el Telescopio Isaac Newton y luego con el William Herschel. Y vimos, para nuestra sorpresa, que no era de cinco horas, sino de más de cinco días. Ahí es donde radica todo, porque este período tan largo, unido a la velocidad con la que estamos midiendo la estrella compañera, da una función de masa muy alta”, explica Casares.
En principio, cuando tuvieron los datos sobre la mesa tras varias noches de observación, se mostraron escépticos. “Nos costó creernos los resultados. ¿Hemos hecho algo mal?, nos preguntamos. Pero no, nos dimos cuenta que estaba bien hecho y que, además, era el santo grial del agujero negro que todo el mundo buscaba”, recuerda.

La Palma y el Observatorio del Roque de Los Muchachos han quedado marcados para siempre en la biografía de Casares y en la historia de la Astrofísica con este descubrimiento, que vino a confirmar lo que hasta entonces no era sino una hipótesis que se desprendía de la teoría de la relatividad de Einstein. “Me siento más que unido a La Palma por todo el tiempo que he pasado y los descubrimientos que hemos realizado. Eso está grabado para siempre”, afirma el investigador que reside en Tenerife.
Después del hallazgo de 1992, Casares señala que se ha logrado verificar la existencia de 17 agujeros negros, aunque estiman que hay 5.000 como V404 Cygni aún por detectar. “Pero seguramente hay muchísimos más, del orden de 100 millones de agujeros negros”. Si bien, aclara que muchos de ellos no se pueden detectar “porque no tienen una estrella alrededor que gire y que transfiera materia y dé origen a fenómenos energéticos que los hagan visibles”. “Los agujeros negros no son más que el destino último de estrellas muy masivas que explotan como supernovas. Son los cadáveres de estrellas” n




