
Marcos Martínez Hernández es toda una autoridad en los estudios clásicos. Catedrático de Filología Griega por las universidades de La Laguna y la Complutense – el primer canario que logra este rango académico en esta universidad de Madrid-, desde hace tres años es profesor emérito. Se encuentra en La Palma para cerrar el ciclo Clásicas Tertulias, organizado el Cabildo y la sección canaria de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, con una ponencia sobre las Islas Canarias en la Antigüedad, que impartirá a las 19:30 horas en el Museo Benahoarita. Un terreno que empezó casi por casualidad a investigar en 1987 y, desde entonces, “no he parado de indagar en las noticias que hay en los textos históricos griegos y latinos sobre Canarias”. Un trabajo donde su “lucha” principal ha sido separar el mito y la historia. Ahora trabaja en un libro sobre la historia de los nombres de las Islas..
– ¿Cuánto de mito y realidad hay en esos textos?
“Canarias empieza siendo un mito en los primeros textos. Hesíodo, en el siglo VIII, habla de Macaronesos, las islas de los bienaventurados, pero no tiene nada que ver con Canarias, sino con un mito de la de Edad de Oro, donde se nombran unas islas que supuestamente estarían en el océano, donde había riqueza de frutos, tierra fértil, ausencia de enfermedades. Eso se repite en autores posteriores como Píndaro o Platón. Hasta que llegamos a unos autores, entre el siglo II y III a. C. cuando esas islas de los bienaventurados se sitúan geográficamente. Ahí se produce el cambio del mito y la ficción, ya que en el transcurso de esos siglos hubo navegantes que informaron. Y esas noticias se mezclan con lo antiguo”.
– ¿Pierden entonces las islas ese carácter mítico, paradisíaco?
“Eso siempre quedó. Si hay una expresión de origen mítico, que se usa todavía por la propaganda turística, es las Islas Afortunadas. Término que viene de la traducción latina que hizo Plauto, en el siglo II, de la expresión Macaronesio. Plauto lo traduce por Fortunatorum Insulae y de ahí sale Isla de los Afortunados. Cuando dices Islas Afortunadas parece que hablas de hacer fortuna, pero es en el sentido de felicidad. Aquí no hay ausencia de enfermedades, ni cosechas cuatro veces al año. Aquellos elementos míticos quedan descartados y lo que sí perdura y hemos sido afortunados es en el clima. Y es el único dato que se menciona en el mito y que perdura”.
– ¿De dónde procede el término Canarias?
“En un pasaje de Plinio, un autor latino del siglo primero de nuestra era, se menciona por primera vez una isla con el nombre de Canaria, que da como etimología derivada de canis, perro. Canaria sería, entonces, la isla de los perros. Eso lo dice el propio Plinio. Es una teoría que se sigue sustentado, pero que yo considero que es falsa. Plinio cuando escribe esto en latín lo está traduciendo del griego. Cuando leyó Canaria, en griego, a lo que le sonó fue a canis. Pero la gente no se dio cuenta, tengo a gala de haber descubierto una serie de textos que hasta entonces los historiadores canarios no habían tenido en cuenta, que en otro libro de Plinio habla de una tribu bereber que se llaman los canarii, que venían del Atlas. Esos canarii son los que desembocarían en la isla llamada Canaria posteriormente. Eso abrió la brecha a historiadores canarios para llevar el modelo que cada isla fue ocupada por una tribu distinta. Yo no creo que fueran ocupadas por siete tribus diferentes”.
– En el escudo de Canarias ha quedado ese origen que usted niega y además hay otras teorías que la relacionan con las focas.
“Sí es por la primera teoría de Plinio. En aquellos tiempos perros aquí no había. Entonces a alguien se le ocurrió decir que se llamaban canes a las focas marinas que había mucho entre Lanzarote y Fuerteventura. Pero tengo claro que los canarios son esa tribu bereber que Plinio cita en otro libro que nadie le hizo caso. El plural de Canarias, que también descubrí, todo el mundo decía que era la denominación moderna a partir del Canaria de Plinio. Pues no es moderno, es del siglo tercero de nuestra era, de un autor africano, Arnobio. Un pagano que se convirtió al cristianismo y el obispo, como prueba de conversión, le exigió escribir un libro contra los gentiles. En esa obra habla de las Ínsulas Canarias”.
– ¿Y Gran Canaria?
“Dicen que es moderno y se debe a que los conquistadores vieron que era la isla más grande. Pero la realidad es que aparece por primera vez en unas bulas del Vaticano. En un documento del siglo XIV citan una isla que se titula Canaria la Grande, en latín, Magna Canaria, y de ahí viene el nombre de la isla”.
– ¿Y el nombre de La Palma?
“El nombre de La Palma viene del siglo XIV, con los viajeros de Mallorca, catalanes, genoveses, de Lisboa. La Palma se lo tuvieron que poner los mallorquines por Palma de Mallorca. Otros dicen que no, que se debe a que cuando levantaron los primeros mapas la isla tenía forma de palma. Creo que la denominación de La Palma procede de los mallorquines. ¿La Palma estaba llena de palmeras para que saliera el nombre de allí? No tenemos constancia de que fuera así en el siglo XIV”.




