
Lo último que espera alguien que se gasta 180 euros en una cena es ser insultado por los camareros del restaurante donde ha comido. Pues eso es exactamente lo que le ha pasado a Anna Warrender, una joven de sugerente apellido que acudió junto a dos amigos al restaurante Brewhemia, situado en Edimburgo.
La velada ya empezó con mal pie cuando Warrender y sus amigos tuvieron que esperar unos 45 minutos para poder conseguir una mesa. Y empeoró cuando les dijeron que solo disponían de 15 minutos para terminar su postre. La noche mejoró ligeramente cuando el restaurante les comunicó que les iba a regalar una botella de vino blanco Prosecco, tal y como recoge el DailyMail. “Esto compensa la mala experiencia”, debieron de pensar los comensales, que ya se disponían a pagar la cuenta y salir del local cuando llegó la traca final.
En su bill, además de consignar cada plato pedido hasta sumar un total de 160 libras, aparecía en el apartado reservado al nombre del cliente la siguiente expresión: pain in the ass, o lo que es lo mismo, el restaurante estaba llamando a Warrender y sus amigos “grano en el culo”, y por escrito.

La fama de este restaurante, que solo lleva abierto desde julio en Market Street, no deja de empeorar. Ya en septiembre el gerente del local se vio obligado a pedir disculpas al no dejar entrar a un cliente por llevar purpurina en la cara.
De hecho, Danny Wylie, el chico que fue rechazado, subió un tuit relatando lo que le había pasado: “El portero de @BrewhemiaEdin me acaba de decir que “el pub no quiere gente como yo con eso en la cara”.



