
Varios jóvenes aprovechan que el convoy se ha detenido para saltar a las vías y comenzar a realizar un enorme grafiti en el vagón del extremo del andén. Ha ocurrido en una estación del Metro de Madrid, concretamente en la de Lucero.
Los pasajeros observan la gamberrada, o acto delictivo, cuando de pronto alguien abre desde dentro una de las puertas del vagón. Es el maquinista del Metro, quien, armado con un extintor, rocía a los grafiteros y consigue que estos salgan corriendo dejando su obra inacabada.
Sin embargo, quien graba las imágenes, desde el andén opuesto, recrimina al maquinista su acción. Al grito de “que son chavales” le afea su acción, a pesar de que ha evitado, o al menos intentado, que concluyan con éxito un acto incívico y que provoca retrasos en el funcionamiento normal del transporte, ya que habitualmente, cuando un vagón es pintado, es vaciado de pasajeros y enviado a cocheras para su limpieza.
¿Héroe o villano?





