Sociedad

Empleos sin barreras

La asociación Funcasor lleva a cabo un programa formativo para personas sordas con el fin de facilitar su inserción laboral

Los alumnos celebran sus clases en la sede de Funcasor, en el municipio de Tegueste. Sergio Méndez
Los alumnos celebran sus clases en la sede de Funcasor, en el municipio de Tegueste. Sergio Méndez

Una de cada cuatro personas con discapacidad y en edad laboral trabaja en España, según un estudio realizado por la Fundación ONCE. Este escenario pone de manifiesto las complicaciones añadidas a las que tiene que hacer frente un ciudadano con una discapacidad para acceder al mercado laboral, el cual ya de por sí presenta una realidad poco halagüeña. Con el fin de favorecer oportunidades para este sector, la Fundación Canaria para las Personas con Sordera y sus Familias (Funcasor) lleva varios años desarrollando programas formativos centrados en llegar a la población con discapacidad auditiva.

Desde hace dos años, este colectivo social, que tiene su sede en el municipio tinerfeño de Tegueste, lleva a cabo su programa formativo a través de certificados de profesionalidad, lo cual es un aliciente para todas aquellas personas que deciden matricularse. El proyecto Tarajal -como así se denomina- arrancó su última edición el pasado 26 de diciembre y se prolongará durante un año. En estos 12 meses, un total de 15 personas con diferentes grados de discapacidad auditiva adquirirán los conocimientos necesarios en el mundo de la jardinería para poder acceder al mercado laboral en este sector. La iniciativa, que está financiada por el Fondo Social Europeo, fue seleccionada en una convocatoria de la Consejería regional de Empleo, Políticas Sociales y Vivienda.

Los alumnos celebran sus clases en la sede de Funcasor, en el municipio de Tegueste. Sergio Méndez Los alumnos celebran sus clases en la sede de Funcasor, en el municipio de Tegueste. Sergio Méndez
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Los alumnos celebran sus clases en la sede de Funcasor, en el municipio de Tegueste. Sergio Méndez

Además de la formación teórico-práctica que recibe el alumnado en el aula y en los terrenos con los que cuenta la entidad para este fin, los certificados de profesionalidad incluyen la realización de prácticas en empresas del sector para reforzar los conocimientos y así acercar al beneficiario a la realidad laboral, facilitando el contacto con profesionales con experiencia. También se abordan otras acciones formativas relacionadas con las competencias básicas, inserción laboral, sensibilización ambiental, igualdad de oportunidades y talleres grupales de empleo, al igual que, dependiendo del alumno, se trabajan otras aptitudes personales y habilidades para facilitar la comunicación del demandante de empleo y el sector. Una vez llegada la recta final, la idea es elaborar un plan individualizado con cada beneficiario para reforzar su posible inclusión en el mundo laboral.

La responsable del servicio de Empleo de Funcasor, Nayra Suárez, señala que la fundación intenta fomentar la matrícula de personas sordas, aunque si sobran plazas se facilita, también, la inclusión de personas con otro tipo de discapacidad. Añade que el pasado año se logró una inserción laboral del 26% de los participantes. Esto supone que 11 personas suscribieron 18 contratos laborales. En cuanto al perfil del usuario, indica que varía. En estos momentos la mayoría son varones, con edades comprendidas entre los 16 y los 60 años y con niveles de formación también muy dispares. La responsable de Funcasor precisa que para este colectivo en muchas ocasiones las dificultades en la comunicación suponen un hándicap a la hora de enfrentarse al mercado laboral, ya que todavía existen muchos miedos en buena parte del sector empresarial.

Said Aajmi El Moussadue, de 43 años, uno de los alumnos de este curso, lleva desempleado desde 2016. Explica que “es complicado” aún para una persona con discapacidad auditiva acceder a un empleo, puesto que, a su juicio, todavía existen entidades que no dan demasiadas oportunidades. “Nosotros podemos trabajar en muchas cosas y en muchos sectores, y mejor que otras personas”, puntualiza en declaraciones a este medio. Asimismo, se muestra satisfecho de la puesta en marcha de este tipo de actividades formativas. Ángel David Guijo, de 25 años, es otro de los alumnos actuales, quien también ha tenido algunos inconvenientes en el mundo laboral. Para este joven, aún siguen existiendo ciertos prejuicios a la hora de contratar a personas sordas, quizás por miedo.

Una idea parecida mantiene Eusebio Martín, otro participante: “Nosotros también tenemos derecho a trabajar”, asegura, a la par que anima a desarrollar más acciones de esta índole.