
Wladimiro Pareja nació cuando las mujeres españolas pudieron votar por primera vez antes de que la Guerra Civil primero, y la dictadura franquista después, les quitaran ese privilegio. Era 1931 y su ciudad natal, San Cristóbal de La Laguna, ya desprendía esa honorabilidad de la que hace gala como ciudad adelantada. Ciudad universitaria. Y Wladimiro desde pequeño se rodeó de libros y comenzó a nacer en su interior su amor por la escritura. Pasión que continuaría mientras ejercía como funcionario de comunicación del Estado, y trabajaba en diferentes municipios tinerfeños como administrador de Correos, desde Santa Cruz de Tenerife hasta La Orotava. Ahora, octogenario y a pesar de una discapacidad visual, no para. Es más, este año se ha convertido en el flamante ganador de Novela de los Premios Tiflos de Literatura a autores con discapacidad visual que concede la ONCE, por su obra Los valles de San Bartolomé.
-¿Cómo se siente al recibir este premio?
“La verdad es que fue bastante inesperado, porque no sé cuántas obras se habrán presentado y haber tenido la suerte de ganar el premio pues fue muy importante, la verdad”.
-¿Es su primera novela?
“No. Soy una persona de edad, tengo más de 80 años, soy aficionado a escribir desde chico y a lo largo de mi vida pues también he tenido otros proyectos. El mismo Tiflos lo gané hace 12 o 14 años en Madrid”.
-¿También era una novela?
“No, por aquel entonces fue por un libro de narraciones breves de filosofía y ensayos”.
-Hábleme un poco de su novela, Los valles de San Bartolomé.
“Pues tiene un enfoque que me pareció necesario, porque trata de un muchacho que no es muy inteligente, que le falta un agüita, como decimos aquí, en primera persona, como protagonista. Siempre en opiniones de los demás. Me pareció muy necesario mostrar su punto de vista”.
-¿Cuándo empezó a perder la vista?
“Esto es una dificultad que llevo arrastrando mucho tiempo, bastante. Lo que pasa es que no es algo que ocurra de un día para otro. Cada vez va avanzando y avanzando hasta que ya se convierte en algo insuperable. Mi hija es doctora en oftalmología (Alicia Pareja) y se ha preocupado enormemente de mí. No me ha dejado ir (Hace una pausa). Esto fue poco a poco y con una marcha insuperable”.
-¿Cuál es su proceso para escribir?
“Bueno, quizá me ayuda el sentirme solo de madrugada. Existe ese silencio total que te rodea y que concatena con la falta de visión. No puedo coger una novela y leerla como hacía de joven. Tengo una biblioteca grande, tanto mía como de mi esposa, porque los dos tenemos un amor por la literatura muy claro. Empecé escribiendo a mano, después ya comencé con un ordenador y lo hacía con mucha soltura, practicando a diario durante mucho tiempo, pero ahora he tenido que volver a escribir a mano”.
-Y a pesar de esa dificultad, usted ha mantenido su pasión.
“Pues sí, porque es una costumbre de la que se pueden sacar cosas positivas. Y como yo ahora lo único que hago es hacerme preguntas y me preocupa pensar demasiado, pues descargo a través de la escritura”.
-¿Qué consejo le daría a las personas que están pasando por ese proceso tan complicado de perder la vista?
“Mira, hay una tendencia que considero tremendamente perjudicial y es la queja, el lamentarse. Porque las cosas que uno padece a lo largo de la vida, pues motivos de sobra habrá. Pero si tienen un espíritu dispuesto a superar todo esto, yo creo que pueden sacar cosas positivas. Para mí, la cara opuesta de no luchar es la queja”.
-¿Cuáles son sus influencias literarias?
“Pues probablemente están en hispanoamericana. Juan Rulfo me gusta especialmente”.
-Le gusta entonces el realismo mágico.
“Sí, exactamente. La primera vez que me premiaron hicieron alusión al realismo mágico que se detectaba también en aquella obra”.




