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Adiós emocionado a las víctimas del triple parricidio de Guaza

Los restos de los tres familiares llegaron a La Palma en avión en la mañana del domingo para celebrar el velatorio en San Andrés y Sauces, que se prolongó hasta las cinco de la tarde de ayer
Funeral por las víctimas del triple parricidio en San Andrés y Sauces. | D. S.

Los cuerpos sin vida de Carmen Nola Martín, su padre, Luciano Martín, y su marido, Antonio Ortega, ya descansan en el cementerio de Los Sauces. El lugar donde sus familiares quisieron que reposaran los restos de estas tres personas que fueron víctimas de un crimen cometido por el propio hijo adoptivo de la pareja, Ricardo Ortega, en el domicilio donde residían en el sur de Tenerife, hace poco más de una semana.

Así regresan a la tierra que los vio nacer, en La Palma, tras el macabro asesinato perpetrado por el joven de 23 años, hijo y nieto de las víctimas, que confesó la autoría de la matanza. Tierra de agricultores, como lo eran Antonio Ortega, que se hizo con una explotación platanera en Guaza después de regresar como emigrante de Venezuela, y su suegro, que aunque estaba jubilado mantenía esa pulsión por el campo que conservan la mayoría de las personas que han desarrollado su vida en ese medio.

Una tierra que daba para sembrar pero también para cultivar a las personas. Y así, con mucho esfuerzo y sacrificio de los progenitores, promover la educación de los hijos, que le permitiera aspirar a un futuro más próspero. Como fue el caso de Carmen Nola, que pudo realizar estudios de Magisterio y desempeñar la profesión de maestra en Tenerife. Agricultura, emigración, arraigo, plátanos, cultura. Una suma de elementos que constituyen en buena medida el ADN de la sociedad palmera y que reunía esta familia en su integridad, a la que le visitó la tragedia de forma devastadora por donde menos se espera, por su propio hijo.

Los restos de los tres familiares llegaron a La Palma en avión en la mañana del domingo para celebrar el velatorio en San Andrés y Sauces, que se prolongó hasta las cinco de la tarde de ayer. Desde la funeraria, varios cientos de personas, entre familiares y vecinos, acompañaron en silencio a los tres féretros durante los doscientos o trescientos metros que separan el mortuorio de la iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, que quisieron dar este último adiós a una familia, que aunque hacía años que residía en Tenerife, mantenían muy vivo el cordón umbilical que le ataba a sus raíces palmeras. Y es que cada vez que había vacaciones o algún festejos, aprovechaban para viajar a San Andrés y Sauces, tal y como han manifestado distintos testimonios recabados por este periódico.

El silencio, como una especie de manto en el que se mezclan los sentimientos de dolor, rabia, indignación e incomprensión, presidió el recorrido funerario hasta el templo parroquial de Los Sauces, donde fue recibido en la portada por el sacerdote de la parroquia de la patrona del municipio. Desde allí, en la intimidad de los familiares y amigos más cercanos, fueron conducidos hasta el cementerio saucero para recibir sepultura.

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