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Y van 103

La mayoría de las líneas imaginarias que dividen los países han sido trazadas con sangre y siglos de luchas

 

Por César Sar Santa Cruz de Tenerife

La mayoría de las líneas imaginarias que dividen los países han sido trazadas con sangre y siglos de luchas. Las fronteras se han movido y en los territorios se han hablado varias lenguas y rezado a diversos dioses. Generaciones y generaciones de humanos hemos poblado casi todos los rincones del planeta en busca de una vida mejor.

Cuando aún era un niño me preguntaba por la necesidad de esos límites marcados por el ser humano, al fin y al cabo todos formamos parte del mismo mundo, nos calienta el mismo Sol y observamos la misma Luna.

La evolución de las sociedades ha sido muy dispar y las costumbres de los diversos pobladores son increíblemente diferentes. Idiomas, religiones, comidas, costumbres y tantas otras cosas marcan la diferencia. Ir a descubrirlas es uno de los grandes alicientes de viajar.  Pero tenernos un denominador común, todos nos despertamos cada mañana queriendo tener un buen día, ganarnos la vida para cuidar de los nuestros y disfrutar, si se puede, de un poco de tiempo libre.  Siempre insisto en que el tiempo es la clave de todo, valorarlo para poder aprovecharlo sin creer que es infinito nos permite tomar decisiones sobre cómo ocuparlo. El mañana nunca es una garantía.

Cuanto más viajo más claro tengo que no basta con una vida para recorrerlo, más aún con tantas fronteras creadas por nosotros mismos. Pero aún con tantos kilómetros recorridos no dejo de sorprenderme con la infinita belleza de nuestro mundo. Pero por encima de los paisajes están las personas, seres extraordinarios capaces de casi cualquier cosa. En numerosas ocasiones me preguntan por los lugares, pero lo mejor de viajar por el mundo no es el “dónde”, lo mejor de viajar por el mundo son los “quiénes”.

En mis 103 viajes por el mundo, he conocido a tantas personas a las que tengo algo que agradecer que podría perder la voz enumerándolas. Algunas cerca, muy cerca y otras lejos, muy lejos… pero las distancias están para acortarlas, máxime cuando decidí hace algunos años que los kilómetros no serían un límite para conocer  nuestro mundo. Este planeta en el que vivimos y que hemos heredado y debemos cuidar para los que vengan es el único habitado que sepamos. Aquí  es donde nacemos y morimos con la capacidad de razonar; lo que nos permite amar, sufrir, reír y reflexionar… Somos los únicos seres vivos conscientes de estarlo.
En Jamaica, donde cumplí estos 100 países, tienen un lema, One Love. La filosofía rastafari cree en una sola raza, un solo pueblo, un solo amor. Y como siempre digo hay dos cosas que mueven este mundo: el amor y los grandes sueños. Yo continúo enamorándome y cumpliendo mi gran sueño. Espero que tú también estés aprovechando el tiempo para cumplir los tuyos. Ser viajero no es ser un coleccionista de paises; es ser un coleccionista de experiencias y somos la suma de todas ellas.

Agradecido a la vida

Si mañana no estuviese no lloren por mí; piensen que viví como quise y haciendo lo que más quería. Espero estar aquí mucho tiempo más, pero hay que estar preparado para todo, al día con nuestra conciencia y nuestras deudas vitales.

Paz y amor, amigos. Gracias por tanto y tan bueno.

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