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La casa de los 10 millones

DIARIO DE AVISOS visita el interior del Parque Viera y Clavijo, el emblemático inmueble en el que vive una quincena de personas y en el que, tal y como ha anunciado el Gobierno de Canarias, se van a invertir 10 millones de euros hasta 2021 para llevar a cabo su rehabilitación integral
Parque Viera y Clavijo
Parque Viera y Clavijo
La capilla interior del Viera y Clavijo permanece sumida en la oscuridad, a la espera de su reforma. ANDRÉS GUTIÉRREZ

Nueve años. Ese es el tiempo que alguno de los inquilinos del Parque Viera y Clavijo lleva residiendo en el interior del antiguo colegio de las Asuncionistas. No les sorprenden ni les alarman las noticias que anuncian nuevos convenios para la rehabilitación, a la que se van a destinar 10 millones de euros. “Así llevan años y nunca hacen nada”, afirma uno de los que más tiempo lleva viviendo en el Viera, como llaman coloquialmente a la que es su casa. Cuando llegue el momento de que los desalojen, confían en que les ofrezcan un lugar en el que vivir, alejado de escombros, escaleras de madera, con luz, con agua. Son una quincena los que, de una manera u otra, han ido entrando a formar parte de la comunidad del Viera. Cada uno tiene sus espacios bien delimitados, algunos con puertas, otros con simples chapas o maderas que hacen esa función. Aseguran que se vive relativamente en paz y, aunque las condiciones no son las óptimas (ni siquiera se acercan a esa palabra), tener un techo que los resguarde del frío, el calor, el viento y el agua, parece suficiente para algunos.

DIARIO DE AVISOS visitó el interior del Viera acompañado de Domingo (nombre ficticio), quien, por decirlo de alguna manera, es el presidente de la comunidad. Nos muestra su hogar desde hace casi 10 años, el edificio entero, en la que también convive su pareja y el hijo de esta. Una casa que tiene un gran teatro, una capilla excepcional y unas estancias cuya arquitectura ha merecido el título de Bien de Interés Cultural (BIC). En una de las manos, las llaves que le permiten ir abriendo y cerrando puertas improvisadas, con sistemas de seguridad dignos de aquel personaje televisivo que cierta generación recordará, MacGyver. En la otra mano, una lámpara de placas solares, una maravilla de la técnica que le permite tener luz sin necesidad de cables y que alumbra el camino entre los escombros.

Domingo es consciente de que hay recursos, se los han ofrecido, pero también de que allí hace su vida como cualquier otro vecino de Santa Cruz. “Sí, me ofrecieron un alquiler social, pero la ayuda dura un año y después te vuelven a dejar solo”, asegura. Ahora, como la mayoría de sus vecinos, no tiene ningún tipo de ingresos.

Nos enseña su habitación. En ella, sus pertenencias, una cama y los enseres que acumula para ganarse la vida, también un pequeño altar con los santos a los que reza y en los que cree. En cuanto a la forma en que se gana la vida, cuenta que recoge lo que va encontrando, como aluminio, bronce o cobre. “Cuando acumulo suficiente voy y lo vendo y consigo un dinero”. El kilo de aluminio lo pagan a 50 céntimos y el de cobre a algo más de un euro. También cuida dos jardines que le permiten ganar unos 60 euros al mes. “Cojo lo que aparezca”, admite.

El resto de lo que necesita lo consigue a través del Comedor de La Noria, del Ejército de Salvación, pero no del albergue. “Allí no puedo ir, si almuerzo en La Noria, no puedo hacerlo también en el albergue”, lugar donde, apostilla, “la comida es bastante mala”. Domingo sostiene que la relación con el resto de los inquilinos es buena, la mayoría de las veces, pero como en toda comunidad siempre hay roces. Sin embargo, reconoce que los problemas se producen más con la gente de fuera. Se refiere al asentamiento que ya va por seis personas en el exterior del edificio, en el escenario que está justo encima del local de ensayo de la Banda de Música.

Allí, Mohamed, explica que lleva viviendo unos dos meses, después de pelearse con su hermana, con la que residía en La Laguna. Lleva ocho años en Canarias y busca trabajo de camero o lo que salga. Colchones y enseres se acumulan bajo el exiguo techo. Admite que les han advertido de que van a vallar el espacio para evitar que duerman allí, también que, cuando eso pase, ya verán qué hacen. Ya lo han intentado antes y han vuelto.

Domingo recuerda cómo algunos han intentado entrar “por la fuerza” en el interior del Viera. Por eso tienen puertas y candados, para evitar que entre más gente a la comunidad. Precisamente, esos candados son los que, según explican desde el Ayuntamiento de Santa Cruz, impiden que la Unidad Móvil de Acercamiento (UMA), la que se encarga de visitar los asentamientos, entre a comprobar las condiciones existentes. Cuando lo hacen es a requerimiento de los inquilinos.

La UMA se acercan casi a diario por si necesitan alguna cosa y, aunque no entren al Viera, sí que tienen censado a cada uno de los que allí moran, algunos de ellos proceden del albergue. Desde Asuntos Sociales se insiste en que, tanto a ellos, como al resto de las personas que viven en la calle, unos 80 en total, se les ofrecen los recursos municipales disponibles para las personas sin hogar, pero que siempre obtienen la misma respuesta, prefieren vivir allí. Frente a esa negativa, lo único que puede hacer la UMA es seguir pendiente de su evolución.

El presidente de la comunidad del Viera se muestra, como en la mayoría de los casos, resignado con lo que le ha tocado vivir. Tiene 58 años y ningún plan más inmediato que el de subsistir y llegar a tiempo al comedor de La Noria para entrar en uno de los dos turnos.

Ana Mendoza, presidenta de la Asociación en Defensa del Viera y Clavijo, conoce perfectamente la situación del edificio y de sus moradores. Es ella la que les insiste para que se acerquen a La Noria a comer, a usar su ropero y su duchas. “Por más que el Ayuntamiento diga que les ofrece recursos, lo cierto es que no hay sitio en el albergue y muchos se niegan a dormir en el suelo o compartiendo con gente que tiene enfermedades mentales o adicciones”.

Mendoza cree que es necesario acondicionar espacios en la ciudad en la que se pueda atender dignamente a estas personas. Propone la antigua Facultad de Bellas Artes. “Es un edificio completamente abandonado y lo suficientemente grande para convertirlo en una residencia, por ejemplo, para personas mayores que están en la calle o para casos urgentes que hay que sacar de la intemperie”. La presidenta incluso cree que, en la futura rehabilitación del Viera y Clavijo, sus habitantes podrían asesorar a los arquitectos, porque “nadie mejor que ellos conoce el edificio y cómo está su interior”.

Parque Viera y Clavijo
La capilla interior del Viera y Clavijo permanece sumida en la oscuridad, a la espera de su reforma. ANDRÉS GUTIÉRREZ

UNAS OBRAS QUE LE DARÁ VIDA A UN EDIFICIO DECLARADO BIC EN 1986

Ayuntamiento y Gobierno de Canarias, a falta de la firma definitiva, ya han acordado que será el primero el que se encargue de redactar el proyecto y de ejecutar las obras de rehabilitación en el Parque Viera y Clavijo, en el que se invertirán 10 millones: seis directamente y cuatro más que ha obligado a pagar el juzgado al Ejecutivo regional por el incumplimiento del anterior convenio.

Las obras permitirán mejorar las condiciones de seguridad, actualizar las instalaciones y los servicios que se ofrecen a la ciudadanía de este inmueble histórico de la capital tinerfeña. El edificio fue declarado Monumento Histórico Artístico de interés en 1986.

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