
Antonio Tony Acosta es el presidente de la Asociación de Sordociegos (Asocide) de Canarias. Quien lo conoce destaca de él no solo su sensibilidad, sino su forma única de hacer frente a las adversidades.
-¿Cuándo entró a formar parte de Asocide?
“Soy persona con sordoceguera reconocida desde el año 2012, momento en el que pasé a formar parte de la asociación. En febrero del año 2017 se produce una renovación en la junta directiva, donde paso a asumir las responsabilidades en el Archipiélago”.
-¿Cual es la principal aportación de Asocide a la sociedad?
“Tenemos la responsabilidad de proporcionar autonomía personal, herramientas que faciliten lazos en la comunicación y elementos para la inclusión social de nuestros socios, siendo los únicos en la región en disposición de aportar los recursos humanos cualificados (guías intérpretes) para resolver estos objetivos. Todo esto a través de una asociación que tiene como protagonistas a la personas sordociegas, que son quienes gestionan y dirigen la entidad”.

-Usted siempre ha defendido que se considere esta discapacidad de forma independiente a la ceguera o la sordera…
“Está claro que no podemos establecer comparaciones entre ambas discapacidades. En primer lugar, las condiciones para proporcionar un grado de comunicación a una persona, que no le valen los sistemas habituales de comunicación, motiva encontrar fórmulas alternativas que resuelvan el problema. A modo de ejemplo, en un grupo de 10 personas sordas solo con un intérprete quedaría resuelta la comunicación. Ante el mismo número de personas con sordoceguera serían necesarios 10 guías intérpretes que se ocuparían de atender de modo individual y en función de las necesidades de cada usuario. Al mismo tiempo, también realizarían la tarea de situarnos en el entorno para podernos ubicar perfectamente. Por lo tanto, una persona con sordoceguera requiere siempre de una atención individualizada. Con respecto a la autonomía personal, no pueden compararse con las de una persona ciega o sorda. Se precisa, para desenvolverse en la vía pública, resolver la ausencia de información del entorno, fruto de la pérdida auditiva y visual, apareciendo como elementos diferenciadores el bastón rojo y blanco”.
-¿Está la sociedad preparada para las personas sordociegas?
“Lo primero que se necesita es que se conozca la existencia de nuestro colectivo. Actualmente hay un desconocimiento profundo de nuestra realidad, por lo que es muy complicado que se tenga claro cuáles son las condiciones para que la sociedad pueda ayudarnos. La visibilización social es uno de los primeros objetivos en los que estamos trabajando”.

-¿Es una discapacidad todavía invisible?
“Sí, desgraciadamente, seguimos sin cuantificar formalmente al colectivo, aunque se han comenzado a dar pasitos en la resolución de este problema. Nos queda un reto permanente, que es el de censar a una discapacidad pendiente de darle fundamentos legales”.
-En el tiempo que lleva formando parte, ¿cuál es la historia que más le ha marcado?
“Son muchas, pero comprobar el desconocimiento y que, por más que avanzas, tienes la sensación de que no terminas de llegar, son cosas que te van dejando huella. Tenemos situaciones muy duras y graves dentro del colectivo que, por distintas circunstancias, concurren en riesgos de exclusión total, dejando en condiciones que te ponen a prueba la sensibilidad. Son estos casos los que nos hacen seguir remando para alcanzar la orilla, que sigue estando lejos”.
-¿Cuáles son los principales problemas? ¿Y las demandas de la asociación?
“Alcanzar una identidad que nos deje claro que es una discapacidad única, con rango legislativo, y también que se tengan claros cuáles son los requisitos para que puedan evitarse las discriminaciones actuales”.





