mis queridos amigos y enemigos

Recuerdos de algunos de mis viajes

En Israel tuve la suerte de conocer y de hablar con Shimon Peres, en un viaje con Jerónimo Saavedra
ANDRÉS CHAVES VIAJES 1
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Reunión con don Luis Pastori y otros amigos venezolanos.

Entre 1983 y 1987, sin que pueda precisar la fecha exacta, viajé por primera vez a Israel, acompañando a Jerónimo Saavedra, a la sazón presidente del Gobierno de Canarias. Íbamos un nutrido grupo de periodistas, empresarios y políticos de las islas. Luego regresé a ese país acompañando al C.D. Tenerife, que jugaba un partido de la Copa de la UEFA contra el Maccabi de Tel Aviv, si no me equivoco.

En el viaje con Saavedra recuerdo que tuve oportunidad de conocer a políticos israelitas de relieve, como el inolvidable Shimon Peres, que era gran amigo del presidente canario. Fue aquel un periplo interesantísimo porque tuvimos ocasión de visitar hospitales, centros de producción y los lugares principales de conflictos entre árabes y judíos.

Israel es un país extraordinario, surgido de un desierto, gracias a la solidaridad de los judíos y a su necesidad de tener una patria, tras la II Guerra Mundial (fue creado el Estado en 1948); en los años anteriores, desde “la noche de los cristales rotos”, fueron los judíos perseguidos y masacrados por los nazis. Unos nueve millones de habitantes conviven en poco más de 22.000 kilómetros cuadrados.

Disfruté mucho con la excursión al Mar Muerto, entre fuertes medidas de seguridad. Un mar compartido por Israel y por Jordania, cuyo territorio se puede casi tocar con las manos desde su orilla israelita. Y también recuerdo el contacto de mis manos con las aguas del río Jordán, lugar bíblico de las andanzas de san Juan Bautista. El agua del Jordán está en muchas iglesias católicas del mundo, con ella bautizan a los recién nacidos. Es un río de veneración para los católicos.

Aquel viaje me marcó mucho. En aquellos tiempos yo era mucho más creyente que ahora, que no creo en casi nada ni en casi nadie. Y recuerdo que me emocionó tocar el lugar en el que, según la tradición, nació Jesús de Nazareth, recorrer las calles por las que Él transitó y pasear por esos que llaman los santos lugares. En el segundo viaje ya no me emocionó tanto aquello. Tengo un Belén fabricado con madera del Monte de los Olivos, comprado en la misma plaza de la ciudad y elaborado por los famosos belenistas hermanos Zacharias, que los venden, por cierto, muy caros, aprovechando esa fama.

Recuerdo que iban conmigo José Luis Torró, a la sazón director de Canarias 7 y Emilio Oliva, corresponsal de la agencia Efe. Dos queridos compañeros que también viajaron conmigo a Indonesia, invitados por Casa-Nurtanio, la compañía fabricante del CN 235, que luego voló en Canarias con los colores de Binter.

Aquel fue otro viaje memorable, en el que tuvimos ocasión de conocer a Hamed Habbibi, ministro de Tecnología de Indonesia, mano derecha de Suharto y luego presidente del país. Nos acompañaba, entre otros, el hoy director de este periódico, Carmelo Rivero, que por alguna que otra razón que no viene al caso no olvidará jamás aquel viaje. También viajó con nosotros Elías Bacallado, presidente de honor de este diario. La verdad es que lo pasamos muy bien.

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Juan-Manuel García Ramos (a la derecha de la imagen), con don Luis Pastori, en Caracas.

Llevábamos una carta de Adán Martín, entonces presidente del Cabildo, una carta de saludo. Y teníamos que entregársela al político indonesio, en un acto protocolario celebrado en la sede de IPTN, que eran las siglas del ministerio de Habbibi.

Chema Sanmillán, compañero fallecido, que era el jefe de prensa de la empresa constructora de aviones española CASA (Nurtanio era su filial indonesia) nos pidió que pronunciáramos unas palabras en español y él las iría traduciendo al inglés. Y designamos a Pepe Rodríguez, director de El Día, que era el periodista más veterano de la expedición, para que hablara.

Pepe se enrolló, largándole a Habbibi una diatriba del arroz,y vuelta con el arroz, producto que en Indonesia se comen a puñados y que no tenía para el ministro mayor interés protocolario, agrícola ni industrial, y el hombre no sabía cómo salir del entuerto. Para abreviar, los que estábamos al lado le dijimos: “Pepe, corta ya y entrega la carta”. A todas estas, él hablaba del arroz y Chema traducía lo que le daba la gana sobre la colaboración tecnológica entre ambos países, las inversiones en materia de la industria de la aviación y hasta de una central nuclear en construcción, que luego visitamos, por cierto.

Y Pepe seguía con su rollo del arroz. Nosotros insistíamos: “Pepe, la carta, la carta”. Nos referíamos a la entrega de la carta de Adán Martín a Habbibi para dejar en paz al ministro, que estaba muy ocupado. Pepe, que estaba medio sordo, y ya cabreado por la reiteración, para el discurso y dice: “¡Coño, ya sé que estamos en Yakarta!”.

Aquella asamblea se vino abajo y el pobre Chema Sanmillán se inventó, en la traducción, que Pepe Rodríguez había hecho un chiste, pero que era difícil pasarlo al inglés. El ministro también se echó a reír y nos largó amablemente del despacho porque tenía otros asuntos de su día a día. Por cierto, recibió la carta.

En Yakarta visitamos el mayor burdel del mundo, un edificio entero, con enormes bares, llenos de gente de todas las nacionalidades, que lo mismo iba a tomar una copa que a buscar amores exóticos. Lo tenían como atractivo turístico y en mi vida vi cosa igual. No me acuerdo ya cómo se llamaba.

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Andrés Chaves, en la orilla del Mar Muerto. Al fondo, la costa de Jordania.

Todas estas cosas deberían ir a unas memorias que no escribiré. Si quieren conocerlas, revisen las hemerotecas. En otro de mis sesenta viajes a Venezuela me acompañó Juan-Manuel García Ramos -creo que en dos ocasiones y puede que mezcle algunas cosas de los dos viajes-. Fuimos invitados por Iberia y nuestro anfitrión en aquel país fue Paco González Yanes, que luego sería propietario de la compañía aérea Santa Bárbara, o quizá ya lo era. Paco nos preparó una serie de contactos allí, entre ellos una entrevista para la radio y la televisión con Teodoro Petkoff, exguerrillero, político, director del diario Tal Cual, y otra con el que había sido su suegro, el gran poeta don Luis Pastori, presidente de la Academia Venezolana de la Lengua. Uno de los intelectuales venezolanos más sólidos, ya fallecido. Sobre todo, un grandísimo poeta.

Con don Luis y otros intelectuales venezolanos cogimos muy fuerte pedo en el restaurante caraqueño Urrutia, hablando de la política venezolana, cuando en aquel país había política, no como ahora que ha sido colonizado por una feroz dictadura a la cubana, al frente de la cual está el patán de Maduro. Cayeron tres o cuatro botellas de Buchanan´s de 18 años y salimos de allí de cuatro patas. Aquel viaje fue también muy interesante, no por esto del whisky sino por otros motivos.

Yo volví a Margarita (bueno, yo y los demás), donde había sido condecorado, años atrás, por el gobernador del Estado, Morel Rodríguez. Allí entrevisté para la televisión a Irene Sáenz, que en ese momento era gobernadora de Nueva Esparta, donde no hizo absolutamente nada y no duró tampoco en el cargo demasiado tiempo. Todo lo contrario que en el municipio de Chacao, del que había sido una gran alcaldesa. Chacao está dentro de la gran Caracas. En ese mismo periplo viajamos a Mérida; el vicerrector de su importante universidad nos impuso la insignia de la misma a Juan-Manuel, a Paco González Yanes y a mí. Subimos a los Andes, pero yo me quedé en la cota 3.000 porque me empezó a entrar angustia. Los demás subieron más alto y yo los esperé en la bajadita.
Son viajes que uno recuerda, sin un papel, aunque en mi archivo sí hay recortes de lo publicado entonces en El Día, si no me equivoco. Todo esto forma parte de la relación con mis amigos y con mis enemigos, aunque los enemigos no tengan cabida aquí. No vale la pena. Prefiero recordar a los amigos, al margen del título de la sección.

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