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La historia de Camila, prostituta en Miraflores: “Cualquiera que tenga 20 o 30 euros ya se cree superior a ti”

Esta trabajadora brasileña asegura que “todas aquí somos madres y, si tiran estos edificios, las perjudicadas seremos nosotras y nuestras familias”. Camila cuenta a DIARIO DE AVISOS su desgarradora historia en el mundo de la prostitución, en el que comenzó siendo una niña de 14 años

Las mujeres que ejercen la prostitución en la zona de Miraflores llevan semanas de intranquilidad. Las excavadoras y las grúas están adueñándose de lo que, en su momento, fue su tranquilo lugar de trabajo. Ahora miran con recelo todo lo que ocurre, la especulación llega inexorablemente para echarlas.

Camila [nombre de trabajo de nuestra protagonista], afirma que “no sabemos lo que va a pasar y nos gustaría que hicieran por nosotras lo mismo que hicieron en Las Palmas con las compañeras que sacaron de la Isleta. Todas aquí somos madres y, si tiran estos edificios, las perjudicadas seremos nosotras y nuestras familias”. Asegura que “el trato con los vecinos es, en la mayoría de los casos correcto, creo que no nos aceptan pero ya están acostumbrados a nuestra presencia”.

Camila ejerce la prostitución en la zona de Miraflores y mira con recelo la llegada de las máquinas que derribarán en breve la manzana de viviendas en las que trabaja. Fran Pallero

Camila nos cuenta su desgarradora historia en el mundo de la prostitución, en el que comenzó siendo una niña. “Entre con 14 años y no conozco otro mundo laboral que no sea este. Empecé por necesidad, hambre, pobreza y miseria. Soy de Sao Paulo, la ciudad más grande de Brasil, y casi de Latinoamérica, un lugar donde el rico es asquerosamente rico y el pobre tremendamente pobre. Nací y me crié en una favela, por lo que conozco todo lo que conlleva de pobreza, marginalidad, violencia y delincuencia. Estuve cerca del mundo de la droga, he visto asesinar a varias personas delante de mí y pensaba que quitar la vida a una persona era normal”.

Camila comenzó entonces a narrarnos cómo entró en este mundo de la prostitución siendo una adolescente. “Yo entré en la prostitución porque mi madre enfermó tras morir mi hermano, mi familia no tenía recursos económicos, mis abuelos eran ya ancianos y mis otros hermanos eran pequeños. Por tanto, me ví con la responsabilidad de buscar la comida para mi familia. Fui a pedirle ayuda a un vecino que tenía dinero, y el acepto ayudarme pero pidió a cambio mi virginidad. Ni siquiera tenía la regla y, por el hambre y la necesidad, tuve que aceptarlo”.
Tras este inicio, vivió otra traumática experiencia, trabajar para una madame que la engañó. “Posteriormente, el primer sitio donde comencé a trabajar fue, siendo menor de edad, en una casa con documentación falsa que me hizo la dueña. Era la más joven de la casa y todo el dinero que ganaba, incluso las propinas se lo dejaba la dueña, porque ella me decía que me lo guardaba. No tenía ninguna experiencia de la vida, y mi sueño era tener una casa con piscina para mi madre [se le entrecorta la voz y se seca las lágrimas]. Así trabajé un año y medio y cuando fuí a reclamarle mi dinero, la madame me dio una paliza, me tiro a la calle desnuda, y me amenazó con contárselo a mi madre y a mis abuelos”. “Fueron años duros, continuó, aprendí a base de golpes y, por eso, desconfío de la gente, pues he sufrido mucho en la vida”.
Hace 20 años que Camila llegó a Europa para ejercer la prostitución de la mano de una mafia de su país. “Tuve que trabajar muchas horas durante mucho tiempo para pagar la deuda de unos 6.000 euros para que me devolvieran mi pasaporte. Tienes que trabajar para pagar porque tampoco sabes si van a hacer algo malo a tu familia que se queda en tu país”.

La brasileña trabaja en la calle Miraflores porque se ha fijado un turno de día. Sin embargo, cuestionada si es más peligroso trabajar en la calle o en una casa, aseguró “el peligro está en todos lados. Hay muchas situaciones de inquietud tanto en la calle como en una casa. Sí un hombre quiere hacer daño a una mujer basta con tener mala intención, nosotras también ejercemos un poco de psicólogas y vemos como hay hombres que han tenido un mal día en el trabajo, no es feliz en su casa, o no le han salido bien las cosas. Siempre debemos estar alerta, porque no sabes lo que va a pasar, estamos expuestas a que nos llegue un psicópata”.

Intentaron asesinarla

Llegados a este punto, Camila nos sorprende con una sorprendente confesión. “Siempre tienes una cierta inseguridad, podríamos trabajar solas pero si lo hiciéramos no tendríamos ninguna protección. Entre compañeras aquí en Miraflores nos vigilamos y protegemos y, sí un cliente quiere propasarse o hacer algo malo, entre todas nos defendemos. No es menos peligroso una casa que la calle, pues un cliente intentó matarme mientras estaba trabajando en una casa en la avenida de Las Palmeras, en Finca España. Intentó ahorcarme y, por suerte, un amigo suyo fue el que me salvó la vida. Se lo agradeceré siempre”, rememoró.

Nos cuestionamos entonces si el ser humano es malo por naturaleza o saca su lado más vil al abusar de una mujer. “En ese caso no estaba borracho ni drogado, era un ser asqueroso. Para muchas personas, las prostitutas somos lo más bajo de la sociedad, somos mierda, lo peor de lo peor, pero nadie se ha parado a pensar ni ponerse en nuestras vidas y las circunstancias que nos han llevado a este trabajo. Cada una de nosotras tiene su historia”. “Cualquiera que tenga 20 o 30 euros ya se cree superior a tí, continuó, pues él paga y nosotras tenemos que aceptar, porque una profesional no puede, en muchos casos, rechazar el servicio. Me han venido hombres vomitados, meados, sin ducharse -en varios días- y tenemos que aceptarlo porque, si no has tenido un buen día, no puedes elegir”.

“Yo solo pido un poco de respeto y educación. Muchas veces saludamos de forma cortés a la gente que pasa a nuestro lado y rara vez nos devuelven el saludo. La mayoría nos giran la cara, se ríen, nos insultan, nos miran con desprecio, sobre todo las mujeres”.

Esta brasileña reconoce que le gustaría trabajar en otra ocupación pero, afirma resignada que “si pudiera hacerlo lo cogería. Me he planteado dejarlo, y lo he intentado, pero no tuve suerte. Trabajé varios meses en un restaurante como una burra pero no me pagaron”.

Entró en la prostitución con 14 años para dar de comer a su familia en Sao Paulo, ahora tiene dos hijos en Tenerife. | Fran Pallero

La realidad no es la que sale en televisión

Durante la charla, Camila reiteró en varias ocasiones la distorsión de la realidad por parte de las películas, qué daño hizo Pretty Woman, y está haciendo los programas actuales de televisión. “Que nosotras salgamos todos los días a trabajar no significa que volvamos a casa con dinero, la gente está equivocada. No es habitual tener un día bueno, y menos los que te permiten no trabajar dos días seguidos. En las películas y los reportajes de televisión sale habitualmente una prostitución que muchas veces no es acorde a la realidad. La prostitución de lujo existe, pero en casos muy puntuales. Hay muchas famosas que dicen que son modelos, presentadoras, actrices… y hacen lo mismo que nosotras, pues desde el mismo momento que vendes tu cuerpo a cambio de dinero o caprichos no deja de ser prostitución pero, en ese caso, consentida por la sociedad. La realidad no es como la pintan, cuando llueve tenemos que protegernos con paraguas para no mojarnos, y cuando hace sol y calor, buscamos la sombra con una sombrilla”.

Camila afirmó que “somos las mujeres que más visitamos al ginecólogo, utilizamos siempre protección y, aunque estamos en el grupo de riesgo de las personas con venéreas y sexualmente trasmisibles, sin embargo somos las más limpias. Si abres el bolso de cualquier prostituta siempre encontrarás condones, y prácticamente ninguna dará un servicio sin usar condón”, y reprochó a las mujeres que hacen una vida ‘normal’ que no se protejan en una relación. “Se ha dado cuenta que la ropa que utilizamos nosotras para trabajar, las mujeres de vida normal salen con ellas de fiesta, o como en Carnaval muchas mujeres se disfrazan de prostituta porque, en el fondo, todas quieren sentirse prostitutas por un día”. “Las mujeres que llamamos de vida normal si salen un día o un fin de semana a una discoteca y ligan con un hombre podrían llegar a tener relaciones pues se venden, en muchos casos, por una raya o para que les pagué unas copas”. También reconoció que conoce “algunos casos puntuales, que trabajan un mes o dos para comprarse un bolso de marca o darse un viaje, el capricho de una joya, un perfume, un coche para aparentar un nivel de vida superior. También hay otras que trabajan para pagarse la droga. Pero también la crisis del país de origen marca la prostitución, pues antiguamente era muy difícil ver a una venezolana y ahora muchas ofrecen sus servicios”.

Crisis y competencia

Antiguamente se podía asegurar que en los fines de semana era “cuanto más se podía ganar en la prostitución” y podías descansar algunos días durante la semana “pero ahora, con la crisis, y que cada vez somos más chicas ejerciendo la prostitución, hay que trabajar más días y no sabes si será un día bueno o malo”. Nos aseguró que fueron “las primeras en notar los efectos de la crisis porque trabajamos con los hombres y, al final, la puta es un lujo para el que puede pagarlo. Con la llegada de rumanas y búlgaras se han empeorado las condiciones de trabajo, pues antiguamente cobramos todas el mismo precio, pero ellas los bajaron. Ésto ha sido muy malo para todas pero, en especial, para mujeres de más de 50 años”.

Esta brasileña reconoce que se medica para dormir y sufre psoriasis, y hay otras compañeras que están perdiendo el pelo. “Tengo miedo a ser rechazada y humillada. Yo cuando estoy en mi casa hago una vida normal. Allí soy ama de casa, cuido de mis hijos, los llevo al colegio y procuro darles una vida normal. Sin embargo, soy incapaz de ser una persona social, tengo miedo de relacionarme, soy desconfiada”.

Por último, reconoció la gran hipocresía de la sociedad. “Nadie quiere una prostituta en la familia pero no hacen ascos a vivir de su dinero. Mi madre no sabe que yo ejerzo la prostitución, si lo supiera me repudiaría, pero ella como mi familia se mantienen el Brasil gracias al dinero que les envío”, finalizó.

“Quiero dar un futuro y una vida digna a mis hijos, esa que no tuve yo”

Nuestra protagonista vive en el sur de Tenerife y se desplaza a trabajar a la capital. Sus dos hijos desconocen a qué se dedica. “Continúo en la prostitución por necesidad, para que mis dos hijos no pasen hambre, tengan colegio y una educación. Yo me someto a esta situación para dar un futuro y una vida digna a mis hijos, esa que a mí me hubiera gustado tener a su edad”.

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