cultura y educación

“La ventaja que tiene el artista sobre otras profesiones es que puede pensar sin límites”

El escritor, creador y pedagogo uruguayo Luis Camnitzer, uno de los artistas y pensadores latinoamericanos más sobresalientes de la actualidad, fue el encargado de abrir Encarte, el encuentro de creatividad, arte y educación

Luis Camnitzer. | SERGIO MÉNDEZ

El escritor, creador y pedagogo uruguayo Luis Camnitzer (Lübeck, Alemania 1937), uno de los artistas y pensadores latinoamericanos más sobresalientes de la actualidad, fue el encargado de abrir Encarte, el encuentro de creatividad, arte y educación, celebrado la semana pasada en TEA Tenerife Espacio de las Artes.

-¿Qué es el arte para usted o cómo debería entenderse?

“El arte es una palabra muy ambigua que cubre muchas cosas y es muy difícil encontrar una comprensión mutua. Para mí, por un lado, es una forma de producir cosas, objetos que terminan enmarcados en exposiciones y que al final celebran más al individuo y al artista, incluso al coleccionista, que a la cultura en general. Esa es una parte que a mí, aunque me eduqué en esa dirección, me interesa cada vez menos. La otra parte del arte que me parece más interesante es como agente cultural. Cómo cambia a la sociedad en última instancia, no tanto como actividad de un individuo, sino como contribución colectiva. La ventaja que tiene el artista sobre otras profesiones es que puede pensar sin límites. Para mí, o para cualquier artista, no ser lógico, por ejemplo, está tan bien como ser lógico. Mientras que en la vida cotidiana no puedes ser ilógico porque no funcionas. Pero al ampliar la gama de investigación, puedes ver muchas más cosas que después las negocias con la realidad y te ajustas. Y esa forma de pensar, en suma, es la que debería tener todo el mundo, no solo los artistas. Esa parte es la que me interesa”.

-Hemos tenido en España un Gobierno que ha infravalorado la cultura. ¿Cómo le explicaría a alguien que piense igual que el arte influye y es beneficioso en otras disciplinas más técnicas?

“En parte porque en el arte lo que exploras, si es buen arte, es lo que no conoces. Buscas expandir la plataforma de conocimiento hacia la ignorancia. Lo digo con mucho respeto por la ignorancia. En cambio, en las otras disciplinas que son más prácticas, en las que instrumentalizas lo que conoces, no te interesa la ignorancia. Te interesa lo que conoces y cómo explotarlo para, generalmente, el lucro de nuestra sociedad. Ni siquiera para el bien de la sociedad. La división entre arte y no arte en realidad es muy artificial. Lo natural es que todo el mundo esté preocupado por lo que no sabe y tratar de desvelarlo y ampliar las posibilidades. No trabajar con lo trillado. Y como alguien decía, en los estudios, en la universidad, aprendes lo conocido, no lo desconocido. Estás como en un círculo cerrado, dando vueltas sin poder abrirte”.

-¿Los alumnos que aprendan desde la creatividad llegarían más preparados para la vida adulta, estando el mundo real tan dirigido a la productividad?

“La cuestión es: ¿quieres entrenar a la gente o quieres educar a la gente? Si entrenas a alguien, probablemente en perspectiva corta va a ser más eficiente en hacer una tarea. Pero no puede salirse de ahí. En cambio, si educas a la gente, a lo mejor la parte de entrenamiento es más lenta, pero la perspectiva es siempre abierta, y hay puertas de salida para encontrar otras alternativas más ricas. Yo pienso que la segunda es mejor, porque la parte de entrenamiento se hace anacrónica al poco tiempo. Lo que aprendiste ya no sirve porque viene una máquina que lo hace mejor, o viene otro, o porque el campo de entrenamiento ya no se aplica. El otro día leí que alguien se dedicaba a vender aspiradoras de puerta en puerta y hacía mucho dinero con eso, hoy resulta que esa profesión ya no existe, y esa persona no fue educada para buscar otra actividad y se quedó sin nada. Y ese es el peligro del entrenamiento. Un cambio en la educación bien hecho siempre da puertas de salida. Cómo sales de tu profesión y puedes entrar en otra. Se calcula ya que un estudiante de hoy va a cambiar de profesión unas 10 veces a lo largo de su vida. La educación no prevé eso. Deberías estar estudiando, si eres médico y tu disciplina se automatiza, cómo puedes convertirte en arquitecto. Es decir, qué conexión hay entre la medicina y la arquitectura para hacer la transición lo más rápido y eficientemente posible”.

-La especialización tiende a desaparecer, entonces…

“No necesariamente, pero es contextualizada. Yo, evidentemente, quiero que un cirujano sea lo más especializado posible y no un tipo que improvise creativamente sobre mi cabeza (risas), pero me gustaría que ese cirujano, además de ser especialista en eso, tenga una perspectiva amplia del mundo que le permita incluso encontrar otros recursos que no le enseñaron en la facultad”.

-Usted habla de que los museos deben ser abiertos.

“Los museos tienden a trabajar de la pared hacia dentro y no de la pared hacia fuera. Y esperan que la gente venga en lugar de salir hacia la gente. Sí, yo creo que hay que revisar el concepto de museo. Por eso para mí el museo debería ser una escuela y no un depósito de obras. El museo debería ayudar a la gente a desafiar lo que está mostrando en lugar de aceptarlo. Da guías de qué cosa es buena y qué cosa es mala, e informa al público sobre esos valores, en lugar de incorporar al público para desarrollar esos valores. Que haya un diálogo constructivo entre los dos. Que se eduquen mutuamente”.

-¿Cómo podemos atraer a los ciudadanos, hacerles entender que los museos también son de ellos?

“No tengo recetas, pero hay ejemplos. El Museo de Arte Moderno de Sao Paulo está en un parque lindo. Hay varios edificios, pero el museo mismo está frente a una zona, un parque, que se había convertido en un lugar de droga y era totalmente ajeno al museo y dañino. Lo que empezaron a hacer fue conciertos populares en esa zona, bailes, y empezaron a incorporar a esa misma gente a actividades creativas. Ahora ese parque está limpio y es querido por el público. El museo salió de sus puertas para incorporarse al parque, no al contrario. Hay posibilidades. Yo ahora vi que el Prado hizo un picnic en el jardín. A mí me gustaría que lo hicieran fuera del museo. Ese va a ser el siguiente parque”.

-La mencionó antes, la ignorancia. ¿Por qué es clave?

“Yo veo la ignorancia como un campo para colonizar. Un campo que no conoces y es fascinante, y te metes a explorarlo y, mentalmente, a darle un orden efímero, porque otra gente le va a poner otro orden, pero en el fondo ese es el encuentro que uno tiene con el misterio. Es una forma constructiva de enfrentar el misterio, aunque este se considera una cosa oscurantista, que la relaciona con la religión, con la superstición, y lidias con la ignorancia en ese sentido y en cómo acabar con ella. No se trata de eso. En ese campo tienes una libertad total. Puedes preguntar todo lo que quieras sin control y puedes armar tu propio orden. Y eso es arte. De eso se trata el arte. Esa es la adicción que tiene el artista. No es la de estar haciendo el mismo cuadro una y otra vez, sino enfrentarse a ese campo que es totalmente fascinante”.

-Pero depende del individuo.

“Depende del individuo si no hay una educación que te prepare para eso. Si la educación trata la ignorancia como algo negativo, como un insulto, entonces sí que te refugias en lo que ya conoces, que es lo que te protege y no corres el riesgo de exploración. Pero es un problema educacional, no es un problema genético ni de temperamento. O sea, el temperamento entra para la gente que siente esa prisión de conocimiento y no quiere meterse. Hay gente que se sale, pero la sociedad no tiene por qué confiar en esos individuos, porque ya tiene toda una estructura que va preparando a toda la gente para que lo haga”.

-Entonces se tendría que cambiar todo. Empezar de cero.

“Totalmente, y la sociedad, y toda la pedagogía. Hay que empezar de cero”.

-¿Cómo podría hacer una persona para mejorar o ampliar su creatividad?

“Algo que debe hacer es dudar de todo. No aceptar nada como dado. Tienes que preguntarte por qué tal cosa. Aunque sea obvia, volver a preguntar por qué y qué pasaría si. Esa es la pregunta fundamental, porque ahí puedes pensar lo más absurdo y estúpido y enloquecido que quieras, y a veces ahí se prende la lámpara que no se prende en otras partes”.