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La Chana: “Yo sacrifiqué mi vida, pero Dios me está dando un final precioso”

La Chana fue una de las grandes del flamenco entre 1960 y 1980, pero cuando estaba en la cúspide desapareció; ahora un documental cuenta su vida y su ‘Allí’
La Chana. / DA

“Mi vida ha sido muy complicada, porque siempre he amado y respetado todo lo que me ha rodeado y a las personas que me rodeaban. Y por no hacer mal a nadie, decidí dejar lo que más quería, que era bailar. Porque yo nací para bailar”. Antonia Santiago, La Chana (Barcelona, 1946), fue una de las más grandes estrellas del mundo del flamenco en los 60, 70 y 80. Participó en la película The Bobo, protagonizada por Peter Sellers, y este se quedó tan prendado que la invitó a ir con él a Hollywood. No pudo.

La Chana es una bailaora de raza, de las que hipnotizan, y ahora su vida ha sido llevada a la literatura por Beatriz del Pozo (Ediciones Capitán Swing) y al cine en un documental, La Chana (Lucija Stojevic, 2016), que hoy podrá disfrutarse en TEA Tenerife Espacio de las Artes dentro del festival DocuRock.
Su vida merecía ser conocida por el gran público, no solo por los amantes del flamenco. Una historia de pérdidas, pero también de amor por un arte, el flamenco, que, como ella dice, “es sentimiento puro. Es hondo, de adentro, de la vida misma”. La Chana tuvo que abandonar lo que más amaba, cuando estaba en la cima, por su exmarido, quien la maltrató durante 18 años. “El padre de mi hija estropeó todo y yo me retiré para que mi hermano no se enterara de nada. Todavía mi hermano no ha querido ver la película ni leer el libro. Porque es mejor, ¿sabes? Abandoné por el bien de los que me rodeaban. Porque si no, hubiera pasado una tragedia si yo hubiera hablado. Yo sacrifiqué mi vida, pero Dios me está dando un final precioso. En la película cuento muy poquito. En el libro cuento más”.

La Chana aprendió a bailar sola cuando era una niña. “Yo lo aprendí por la radio. Cuando salían los cantaores y sonaba la guitarra, me aprendía el compás. Por la noche me tapaba con la almohada y pensaba en la música. Y después me iba a escondidas al campo con unas alpargatas y lo hacía encima de dos ladrillos. Por eso se me pusieron los pies tan fuertes y tan rápidos”.

Pero los años pasan y ahora La Chana tiene que bailar sentada por un problema de rodilla. Si eso no le impide subirse al escenario, mucho menos lo hará una infección en el riñón. El 20 de octubre llenó el Teatre Joventut de Hospitalet después de pasar por quirófano. “Tres días antes lo iba a suspender porque no tenía fuerzas de tantos antibióticos. Estaba muy débil, pero Dios sabe hasta dónde llegan nuestros límites. Y le pedí que me diera fuerzas. Y te digo una cosa, ciertamente me vinieron al instante y brinqué y salté, y supe que era él”.

Si algo hipnotiza de La Chana cuando tienes la oportunidad de hablar con ella es cuando explica de dónde viene su arte, su proceso de creación. Un lugar al que ella llama Allí. “Y yo lo llamo Allí porque es otra dimensión, es otra manera de medir el tiempo, más rápido. Cuando me concentro estoy en ese lugar en el que hay un manantial infinito. Es la única cosa que pongo por debajo de Dios, porque es espiritual. Me vienen las cuadraturas para repicar en el compás que sea que estoy bailando, pero Allí estoy midiendo esos tiempos a la velocidad del rayo y me da tiempo de cogerlos y traerlos para aquí. Donde yo estoy (físicamente, en la realidad), el tiempo es más lento. Lo que nunca he hecho sé que lo voy a hacer perfectamente porque lo he hecho Allí uno o dos segundos antes”. Y allí es feliz.

La Chana anunciada en La Cueva Romántica II

Conexión con Tenerife
Muchos norteños de Tenerife la recordarán, pues La Chana inauguró en 1967 la Cueva Romántica, en Los Realejos, con su show flamenco. Se emociona cuando se le recuerda aquella etapa. “Se me anunciaba con carteles enormes por todo el campo y la ciudad, en el Puerto de la Cruz”, donde iba a comprar pescado fresco y se lo hacían con ajo en un restaurante al lado del puerto. “Con un vaso de vino para coger fuerzas para la noche”. “Fue fantástico. La gente venía de otras islas”.

Después de una vida agitada, a sus 71 años La Chana vuelve a triunfar. La vida vuelve a recompensarle por todo el sufrimiento. “Todo tiene un porqué al final. Cuando vas con la verdad y el corazón, no tiene más remedio que salir bien”.

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