mis queridos amigos y enemigos

La trastienda de una gala excepcional

La altura intelectual de los Premios Taburiente de DIARIO DE AVISOS alcanzó en esta cuarta edición niveles muy notables. Estos galardones superan ya en relevancia a todos los que se conceden en Canarias, incluidos los oficiales
Foto de familia de los ganadores de los IV Premios Taburiente de DIARIO DE AVISOS, con el presidente del Grupo Plató del Atlántico, Lucas Fernández. Aarón S. Ramos
Foto de familia de los ganadores de los IV Premios Taburiente de DIARIO DE AVISOS, con el presidente del Grupo Plató del Atlántico, Lucas Fernández. Aarón S. Ramos
Foto de familia de los ganadores de los IV Premios Taburiente de DIARIO DE AVISOS, con el presidente del Grupo Plató del Atlántico, Lucas Fernández. Aarón S. Ramos

Voy a pocos sitios. Pero no le puedo fallar con mi ausencia a este periódico y a este editor -Lucas Fernández- a quien tanto tengo que agradecer. Por eso fui a la gala, me senté en el palco asignado y me dispuse a presenciar un espectáculo de gran altura. No sólo por la personalidad, el talante y la valía de los premiados, sino por el contenido de sus discursos y su altura intelectual. Empezando por el propio Lucas, que dejó a un lado los papeles e hizo un discurso lleno de intención.

No voy a repetir lo publicado, que ha sido bastante. El Teatro Guimerá estaba lleno. Y se agradece la ausencia de autoridades. Si no contamos a algunos alcaldes, altas representaciones no había, seguramente porque no fueron invitadas. Estaban Carolina Darias y Bermúdez. A mí Carolina siempre me ha caído bien, me parece una mujer seria y preparada, una socialista de las que valen la pena. No sé, le tengo simpatía desde hace muchos años sin apenas conocerla. Le eché un piropo, le dije la verdad. Estaba guapísima. Con Bermúdez hace tiempo que no hablo, pero tampoco tengo nada en contra, con sus luces y sus sombras; como todos. Él a lo suyo y yo a lo mío.

Me impresionó Adela Cortina, la filósofa premiada. Qué erudición, qué facilidad para expresarse y qué discurso tan lleno de contenido. No tenía idea de su existencia. La relacionan con Podemos, pero es rigurosamente falso: ella sencillamente es una pensadora, que no se casa con ningún partido político. La ética es su especialidad. Lo demostró con sus palabras. Y lo demuestra con sus hechos.

Miguel Henrique Otero hizo un mitin. Y me alegro, la ocasión lo merecía. Yo comí una vez con él y con Paco González Yanes, en Caracas; pretendía que entrara Paco en El Nacional como accionista, pero mi amigo le dijo que el periodismo no era lo suyo. Necesitaba financiación. Aun así lo ayudó con publicidad, cuando el chavismo era soportable. Miguel Henrique Otero está llamado a tener un papel importante en la transición venezolana, inminente. Ya lo verán. Ahora dirige su periódico desde los Estados Unidos. Esto es muy difícil, pero lo consigue. Su relación con Lucas Fernández, presidente y editor del Grupo Plató del Atlántico, se estrecha. Y me alegro. Ya hay proyectos para Miami, proyectos de radio.

Patricia, la madre del Pescaíto, nos rompió el corazón. “Hay muchas más personas buenas que malas en este mundo”, dijo, “pero ocurre que las malas hacen mucho ruido”. Qué entereza, qué valentía, qué ejemplo para todo el país este, que no hace sino crear conflictos. Hacen falta muchas Patricias en España para lograr la concordia. Asistió con su sicólogo y aceptó el premio, tras una emotiva carta que Lucas le envió. Esta mujer merece el reconocimiento de España entera. La interpretación, por parte de un coro infantil, del Hallelujah de Leonard Cohen, fue muy emotiva. Confieso que se me saltaron las lágrimas. Pedro Jota Ramírez domina el arte de la oratoria, igual que el de la escritura. Hizo un discurso redondo, en donde se mezclaba el hombre sensible -que estoy seguro que lo es- con el viejo periodista. Echó un piropo a su esposa, a su nueva esposa, que le correspondía con sonrisas y miradas de complicidad desde el patio de butacas. Y me encantó la hija de Martín Chirino: elegante, sobria, agradecida. A Martín Chirino lo conocí con Juan-Manuel García Ramos en Caracas, en la sala VIP de Iberia, antes de un vuelo que compartíamos. Habíamos entrevistado, en Venezuela, a don Luis Pastori, poeta y escritor, presidente que fue de la Academia Venezolana de la Lengua; a Teodoro Petkoff, ex guerrillero, periodista (director de Tal Cual) y político; a Irene Sáenz, que fue alcaldesa de Chacao y gobernadora de Nueva Esparta, además de Miss Mundo. Se ve que Pedro Jota le ha tomado mucho afecto a Lucas Fernández, que ya ocupa cargos importantes en los órganos directivos de El Español, dentro de la alianza estratégica de Plató del Atlántico con uno de los principales digitales de este país. Los proyectos son muy importantes, pero que los cuente Lucas. Yo sólo ocupo palco.

Uno de los premios que yo guardo con más cariño fue cuando Morel Rodríguez, a la sazón gobernador del Estado de Nueva Esparta, me condecoró con la Orden de Francisco Esteban Gómez, que conmemora la batalla de Matasiete. Fue un acto precioso al que asistió una novia de entonces, Raquel López Ortega, y mi amigo el publicista tinerfeño Víctor Gonzalo Duboy, que me acompañaron a Porlamar a recibir el premio. Digo esto porque me alegré mucho de que Venezuela estuviera presente en estos premios. El público lo entendió y premió a Miguel Henrique Otero con una prolongada ovación. También estaba presente uno de los mejores escritores venezolanos actuales, Antonio López Ortega, con su esposa. La multitud me lo arrebató y no pude saludarlo. Antonio ya reside en la Isla.

Chaves, con su hija Cristina, su ahijada María José y su amiga Raquel. S. M.

Esa chica Michelle Alonso es, sencillamente, un encanto. “Lo mío es nadar, no hablar”, dijo, pero lo cierto es que volcó toda su bondad y todo su glamour en lo que decía. Y me cautivó. Agradeció a su entrenador el éxito de su vida deportiva, y a su familia, y recibió muchos aplausos. Lo mismo que María Rozman, que recibió tres premios Emmy por su trabajo como productora y jefa de informativos en los Estados Unidos. Me presentaron a su madre; ella, María, pasó de largo. Su madre asistía acompañada de mi primo, Miguel Machado González de Chaves.

Y ese empresario tacorontero que empezó por los pueblos vendiendo higos y que hoy es propietario de un imperio hotelero y del grupo Fedola, al que yo ni siquiera conocía, me sorprendió agradablemente. Sus hijos tienen que estar muy orgullosos de este hombre, que emplea a 1.200 personas. Este es un ejemplo de self made man. Fue sincero hasta no poder más y no se avergüenza de su humildad. Todo lo contrario, le da fuerzas para seguir adelante. Supo hasta administrar su tiempo en su intervención. No se pasó ni un minuto.

Puede que me olvide de alguien, pero no de Elsa López, una intelectual enorme, con vida palmera, una mujer de altura, más dedicada a la poesía, que es parte de su propia vida. La labor de los poetas -y de los filósofos-parece que no moja, pero empapa.

El comentario general, ya en el cóctel, es que aquello había superado cualquier edición anterior -esta era la cuarta-: los Premios Taburiente han desplazado a todos los demás, incluso a los Premios Canarias, más aburridos que ostras, sin quitar méritos a los premiados. Los Taburiente son otra cosa. Incluso Helena Bianco, la vocalista de Los Mismos, sigue conservando la voz, poderosa, potente, arrebatadora. Fui secretario del jurado del último Festival Internacional de la Canción del Atlántico, en 1971. Tenía yo unos veinticuatro añitos. Pero Helena ganó su premio en el 68, si no me equivoco, con El hombre del tiempo. Y también el segundo premio con Canciones para mi tierra, me parece.

Y no digo nada de María Mérida, qué mujer, cuyos pretendientes acudían al Guimerá a verla, hace medio siglo, y rivalizaban para conquistarla. Cantó Siete -bueno, ocho- islas tengo y Ay, Santa Cruz con un sentimiento maravilloso, acompañada por una parranda afinadísima, que compensó su cambio de estrofas con una elegancia de orquesta de cámara. Eligio Hernández, sentado a mi lado -o yo a su lado-, aplaudió a rabiar a esta mujer de noventa y pico años, herreña como el jurista, que cantó en las trincheras de la Guerra Civil, en la América del cine y de la que The New York Times dijo que era una de las mejores voces de su tiempo. Todavía la tiene. Y se anima a sacarla.

Ya en el cóctel, Ricardo Melchior, vueltas las cosas a la normalidad gracias a Lucas, y muy recuperado de su accidente, me confirmó que estaba preparado un libro sobre Coalición Canaria -o sobre sus memorias-. Algunos no van a salir bien parados en ese libro. Su sustituto en el Puerto, Pedro Suárez, asistió asimismo a la gala, lo mismo que entrañables amigos como el doctor Pedro Rodríguez y su simpática esposa sevillana; Elías Bacallado, padre e hijo, y Mila; el senador Antonio Alarcó; el viceconsejero Aurelio González; y un montón de gente a la que hacía tropecientos años que no veía porque yo estoy recluido en mi celda portuense tan ricamente y no salgo de ella sino en ocasiones especiales, como esta.

Me acompañó mi hija Cristina y luego se agregó mi ahijada María José Fernández de Villalta y su amiga Raquel, que ha sido periodista deportiva en la COPE. Yo conocí a su madre siendo una niña y Raquel tiene ahora treinta años, así que fíjense lo viejo que soy. Santi Correa y su mujer, Cristina, bella farmacéutica, estaban por los alrededores y brindé por el tranvía (Santi trabaja en eso). Y Víctor Pérez Borrego, buen amigo mío y grandísima persona. Y Julio Luis Pérez, que está en todas. Cristina Tavío me recordaba una anécdota de su padre, mi gran amigo Antonio Tavío Peña. Fue a comprarse, y se compró, un Toyota de alta gama. Al día siguiente lo devolvió porque en el dial de la radio no encontraba Radio Burgado, que era su pasión. Antonio me ayudó mucho. Era una gran persona, un amigo de los de verdad, un hombre de gran corazón y una persona de una valía enorme. Siempre lo recordaré. Su vida es de novela. Él decía siempre que sus mejores amigos eran Juan-Manuel García Ramos y yo. Cristina dice que el año que viene se retira de la política. Y es una pena. Fue una gran presidenta insular del PP y ha estado en política con la misma honestidad que le enseñó su padre.

Esta crónica la estoy escribiendo con gran cariño porque realmente lo pasé bien en la gala y en el cóctel. Allí saludé a mi buen amigo José Manuel Garrido, el director de Relaciones Institucionales de Cajasiete; también al director de Relaciones Externas de El Corte Inglés, Alfredo Medina, otro amigo de tantos años, de él y de su familia; a Antonio Armas, que no sé dónde aparcó su BMW, porque sitio allí no hay; a empresarios como Amid Achí, en un palco junto al mío, en buenísima compañía; a Santiago Puig y a Noelia Afonso -Santiago entregó un premio-no pude llegar, aunque lo intenté; estaba José Fernando Cabrera y esposa. Bueno, eso que llaman los cronistas sociales “el todo Tenerife”.

Ya digo que estos premios han calado muy hondo en la sociedad chicharrera. Está organizada la gala con una perfección que ronda lo inimitable, gracias al equipo de Plató, que dirige Gladys y que funciona como un reloj. Llevan muchos días preparando la gala. Nada puede salir mal. Creí que hoy debía hablar de ella.

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