
La tarde del 29 de mayo de 1944, seis cazas despegaban desde el portaaviones norteamericano Block Island, alertados por la presencia de un submarino alemán. Ya en el aire, pudieron contemplar cómo su embarcación era torpedeada y hundida precisamente por la nave germana que trataban de localizar bajo las aguas del Atlántico, al norte de Canarias.
Los pilotos de la patrulla trataron de buscar una superficie sobre la que aterrizar. Después de varias horas de vuelo y ya de noche, uno de ellos, John F. Carr, logró amerizar con éxito frente a una isla, que pensaba que se trataba de Madeira, pero resultó ser La Palma. Carr logró salir de la cabina del F4F Wildcat que pilotaba, antes de que el avión se hundiera rápidamente en una noche con el mar en calma.
La tímida corriente lo arrastró hasta una baja que estaba próxima. Sobre la piedra pasó la noche, hasta que lo encontraron por la mañana dos pescadores que faenaban en la zona, trasladándolo hasta la orilla. Estaba salvado. Carr seguía pensando que estaba en Madeira y trataba de comunicarse en portugués con sus rescatadores sin éxito. Lo condujeron a una casa en las medianías, donde le dieron de comer y beber para reponer fuerzas después de haber rozado la tragedia. Gente humilde que le dio lo poco que tenía a aquel muchacho que hablaba un idioma incomprensible para ellos.
Una vez en el pueblo de Tijarafe, ya se dio cuenta de que estaba en España cuando se hizo cargo de él la Guardia Civil. Así lo cuenta el propio Carr en un artículo de la revista Experience of War, que ha sido traducido por Palmeros en el mundo. “Subido a un caballo, fui trasladado por aquellos campos hasta Argual, donde se encontraba el regimiento 133 del ejército Español”. Fue el delegado de la aseguradora Lloyd’s of London, quien le concretó que se encontraba en La Palma.

En la isla, el que está considerado como el único aviador norteamericano capturado en España durante la II Guerra Mundial, no fue tratado como un preso, sino que recibió una atención cordial, permitiéndole disfrutar de paseos por la ciudad, escuchar la radio y participar en comidas al aire libre con familias locales. En total pasó diez días en la Isla Bonita, desde donde fue trasladado en barco a Cádiz, para reincorporarse en la base que los estadounidenses tenían en Gibraltar. Solo otro de los seis pilotos que acompañaban a Carr había logrado sobrevivir, mientras que la mayoría de los tripulantes del portaaviones habían sido rescatados por otros barcos.
John F. Carr falleció el pasado mes de mayo, a los 90 años de edad. Pero nunca olvidó aquel pequeño pedazo de tierra en medio de la inmensidad del Atlántico donde logró salvar su vida. Una isla a la que nunca regresó pero con la que siempre se mostró agradecido porque le ofreció la oportunidad de eludir a la muerte cuando estaba empezando a vivir.
Detrás de la recuperación de la memoria de este acontecimiento que tuvo a La Palma como protagonista se encuentra un vecino de la localidad tijarafera, Raúl Aguiar, que empeñó varios años de investigación para salvar del olvido este hecho y contribuir “a la historia de Tijarafe, de La Palma y de España”. Una historia que le mencionó por primera vez una profesora en la infancia y con el tiempo, no solo ha desentrañado sus claves, sino que ha conseguido que se reivindique y sea objeto de reconocimiento público.

De sus contactos con la familia Carr surge el acto de homenaje que se celebra este sábado en La Palma, en el que estarán presentes dos hijos del desaparecido piloto y en el que se hará efectiva la donación del chaleco salvavidas, que lo ayudó a mantenerse a flote aquella noche que quedaría grabada para siempre en su memoria, y que custodiará el Museo Naval de La Palma. Sus hijos, Elisabeth Leverson y Douglas Carr, también se encontrarán en Tijarafe con los familiares de los dos pescadores que rescataron al aviador, Feliciano y Botín, que sacaron en su barca, La tortuga, al piloto por la playa de El Jurado. La familia, como destaca Aguiar, también ha donado cuatro fotografías originales de la etapa militar de Carr, correspondencia con otro de los pilotos y recortes de prensa originales.
Aguiar agradece la colaboración mostrada por la familia Carr para que se pudiera recuperar este pequeño relato de la historia local de La Palma que entronca con la II Guerra Mundial, así como de la asociación USS Block Island, portaaviones de escolta en el que operaba el piloto norteamericano.

El investigador señala que técnicamente Carr fue preso, pero nunca fue tratado como tal en La Palma. “Nunca lo engrilletaron y le pusieron la alfombra roja. Hay que tener en cuenta que la II Guerra Mundial estaba llegando a su final y a España no le convenía restar con los Aliados”. Tras la contienda militar, el piloto norteamericano estudió Derecho en Harvard y trabajó profesionalmente en el campo de la aeronáutica, llegando a ser vicepresidente de la Grumman Corporation, curiosamente la empresa fabricante del caza sumergido en la costa tijarafera.





