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Victoria, el liderazgo de la mujer en la viña palmera

Al frente de la Bodega Matias i Torres, Vicky ha posicionado los caldos de esta bodega familiar, una de las más antiguas de Canarias, en los mercados de Asia, Europa y Estados Unidos, donde comercializa el 90% de su cuidada producción de vinos palmeros
Victoria Torres, en la bodega de su familia, unto al lagar construido a finales del siglo XIX por su tatarabuelo y que sigue utilizando
Victoria Torres, en la bodega de su familia, junto al lagar construido a finales del siglo XIX por su tatarabuelo y que sigue utilizando. DA

Victoria Torres es la emprendedora en el mundo del agro palmero, que aglutina la esencia del empoderamiento de la mujer en un sector primario insular mandatado y liderado durante siglos por hombres. Ha logrado esta posición con las herramientas de la voluntad y la constancia, añadiendo una mezcla de ternura y paciencia que, a juzgar por los resultados de su trabajo, son fórmula de éxito.

A sus 42 años, al frente de las Bodegas Matias i Torres en su quinta generación, ha sido galardonada recientemente con el Premio Mujer Rural de Canarias. Ha llevado a la elaboración de sus excepcionales vinos algunos de sus conocimientos en Bellas Artes, Arquitectura, Química y Biología, para llegar a cultivar la viña y a producir excepcionales caldos palmeros que exporta, en un 90%, a Asia, Europa y Estados Unidos.

“Vicky la de la bodega”, como la conocen en el sector, dejó de ser la hija de Matias hace algunos años, después de demostrar una constancia sorprendente y una voluntad de hierro para consolidar un producto de calidad que se coloca en los mercados más selectos en el consumo de caldos a nivel internacional. Lo que durante cinco generaciones, hasta que llegó, fue un economía de subsistencia, es ahora el lugar de producción del malvasías naturalmente dulces y secos, vinos blancos como Listán Blanco, u otros como el Albillo Criollo y el Bugariego. Solo un 10% de su producción se comercializa, como oro líquido para el paladar, en Canarias y La Palma. Cumple a diario un riguroso plan de trabajo que va desde la viña, con sus propias manos, hasta la bodega familiar y al lagar de 1885 que construyó su tatarabuelo, en pleno centro de las viñas del pueblo de Fuencaliente, y que sigue utilizando para macerar la uva. Lidera una de las bodegas más antiguas de Canarias, elaborando y comercializando vino ininterrumpidamente desde entonces por distintas generaciones de la misma familia. Desde 1997 la familia inicio la elaboración de vinos dentro de la Denominación de Origen Vinos de La Palma bajo las marcas Vid Sur y Matías i Torres. “La i hace referencia aquí a lo más básico y elemental…Es el trazo esquemático, próximo al grafismo abstracto, al origen…esto se acerca a nuestro modo de hacer y también es un guiño al castellano que hablaban los colonos que introdujeron en las islas la viña”, explica.

Victoria junto a Moisés, el trabajador incansable de la Bodega con el que cuenta desde hace tres años
Victoria junto a Moisés, el trabajador incansable de la Bodega con el que cuenta desde hace tres años. DA

Victoria acaba de terminar 60 días de vendimia, y cuando la encontramos en la bodega, junto a su inseparable compañero de trabajo Moisés, quien desde hace tres años forma parte del trabajo diario de este espacio con olor a uva y madera, donde se respira tradición con un halo potente de innovación. El padre de Victoria, fallecido años atrás, quiso pasar todo su conocimiento a los hijos, los varones, pero ha sido Victoria, infatigable a la hora de adquirir conocimiento y convencida de lo que podía imprimir de su propia identidad al proyecto, quien se ha quedado al frente de esta bodega familiar con varios siglos de historia, quien le ha dado un nombre propio en el mercado internacional, desde Japón hasta Estados Unidos pasando por Suiza y Francia. Victoria, tras 14 años fuera de La Palma, se reencontró con su “raíz”, se encontró así misma y al proyecto que la completa como ser humano. Sus palabras, mientras nos mira en ropa de trabajo, apenas horas después de volver de la viña con las botas negras y el pelo recogido sobre una mirada de malvasía dulce, es clara: “La tradición debe estar vinculada a la innovación, son conceptos con un perfecto maridaje”. Victoria es Matias i Torres y lo es desde una profundas dignidad familiar y personal. Trabaja recordando a su abuelo, a su padre, consciente de la tarea previa, de los días y las noches, de los temporales y de la lucha con la tierra de las cuatro generaciones anteriores que ella quiere mantener, con éxito, en pleno siglo XXI.

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