
“Yo tenía 9 o 10 años cuando empecé a ir al tanque, acompañando a mi madre. Antiguamente solo teníamos aquello para lavar, lavábamos ropas ajenas y nuestras. Era una forma de trabajo, para poder comer, y, como digo, también llevábamos a lavar nuestra ropa, porque no teníamos otros medios”. Así lo recuerda Angelita Reyes Galván, que, a sus 83 años, es un testimonio vivo de las antiguas lavanderas de La Laguna que acudían a los lavaderos del Tanque Grande, ubicados en el camino de Las Peras.
Es uno de los pocos que se conserva en buen estado en el municipio, aunque el edificio que los alberga está cerrado desde hace más de 30 años y en la actualidad no se pueden visitar. Sin embargo, la Asociación de Vecinos del Casco Histórico y el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (Cicop) realizaron, el pasado 2 de diciembre, la segunda edición de la Ruta de los Lavaderos, que culminó con un homenaje y reconocimiento a estas mujeres en los antiguos lavaderos, que, por un día, volvieron a llenarse de agua y a rememorar entre sus paredes aquellas duras y entrañables jornadas en las que las lavanderas se reunían en torno al tanque.
testimonios

“Nos causó alegría volver a recordar aquellos tiempos, revivir el pasado, aunque ya faltan muchas. Nos reímos un rato y lo pasamos estupendo. Fueron también los hijos y los nietos a vernos”, destaca Angelita, vecina del Lomo Largo y una de las antiguas lavanderas que se reunieron el 2 de diciembre. “A nosotras desde niñas nos llevaban a trabajar porque no podíamos estudiar, solo trabajar para poder comer y vivir, porque los medios eran muy pocos. La verdad es que pasábamos muchas necesidades”, rememora.
“Yo iba acompañando a mi madre, que lavó la ropa del cuartel durante 15 años, las sábanas y las almohadas -continúa Angelita-. Nos levantábamos a las tres de la mañana, llevábamos una capuchina de petróleo, desde el camino del Bronco, teníamos que llevar las sábanas a la cabeza. Teníamos que ir temprano porque eran muchas las lavanderas, no había otro medio, que iban de aquí, de Las Mercedes y alrededores de San Roque y de la Atalaya. Para poder adelantar algo íbamos de madrugada y luego estábamos todo el día, hasta la tarde. Las mujeres mayores nos enseñaban a lavar la ropa, nos decían cómo hacerlo. Aquello estaba siempre lleno. Y luego traíamos la ropa mojada en los barreños, que a veces no podíamos ni caminar del peso, para tenderla en casa”, explica.
Angelita afirma que “era un trabajo durísimo porque eran pocos los alimentos y mucho el esfuerzo, pero no nos quedaba más remedio y estábamos conformes con lo que había. Nosotros nos conformábamos con pocas cosas”.

Ella y su madre estuvieron lavando la ropa del cuartel durante más de 15 años, hasta que llegó la lavadora “y les dejaron de dar ropa porque los soldados la lavaban ya en el cuartel”. “Yo estuve yendo hasta que me casé, y después ya solo iba a lavar la ropa de mi casa, que éramos diez personas: mis siete hijos, mi madre y mi marido y yo. Hasta que el alcalde don Pedro González cerró el tanque, cuando mandó a asfaltar el camino Las Peras, hace 30-35 años”, añade.
María Matilde Pérez Hernández, más conocida como Darquis y vecina del entorno del Cristo, ayudaba también a su madre desde niña a lavar la ropa de toda la familia, pero en su casa, donde contaban con un pozo. Comenzó a trabajar desde los 13 años, pero lo dejó cuando tuvo a su hija, “y años después me puse a lavar porque me hacía falta para la ropa de los niños, los libros… cosas así”. “Mi marido era directivo en el club de fútbol Real Hespérides y, por el 77-78, parece que se enfermó la señora que lavaba la ropa, y él me dijo que si lo haría yo, y me pagaban mil pesetas por cada saco de ropa, de entrenamiento y de los partidos. La ropa de 16 chicos. Era todo a mano, con el cepillo, con toda la ropa blanca, los pantalones llenos de tierra”, recuerda Darquis, de 77 años. “Yo llevaba la ropa en un balde grande de plástico, a veces lo traía en la cabeza -continúa-. Era un trabajo duro, pero yo era fuerte. Lo llevaba bien, porque me gustaba lavar y el contacto con el agua, aunque fuera duro. Y la tendía en mi casa, otras la dejaban tendida en el tanque y la recogían por la tarde”.
Darquis trabajó en el tanque cuando ya estaba en sus últimos años de apertura. “Cuando yo fui al tanque, ya había decaído, iban 6-7 mujeres, antiguamente había muchas más, según me decían. Y recuerdo que había dos que venían desde La Verdellada a lavar todos los días su ropa, se llamaban Concha y Antonia, y fueron las últimas que cerraron el tanque. La convivencia con las mujeres de allí era buenísima, yo era más chica que ellas, algunas se llevaban a las hijas a lavar. Era un ambiente agradable”, recuerda.

Esta vecina del Cristo trabajó lavando la ropa del equipo de fútbol solo durante dos temporadas, y después ya no volvió al tanque, hasta ahora, dentro de estas rutas. De hecho, ha sido ella la que ha logrado reunir a todas estas antiguas lavanderas de la zona. “Pablo Reyes (presidente de la Asociación de Vecinos del Casco Histórico) se enteró de que yo había lavado en el tanque y habló conmigo sobre la ruta, y yo fui recordando a las señoras que iban a lavar y fui a visitarlas y a decirles si querían participar. Fíjate que les di una alegría, ellas tan contentas… estaban deseando que llegara ese día”, explica.
Un día para rememorar una época distinta, una vida de “sacrificios al máximo” y de duro trabajo. “De lo que hemos pasado a lo que hay hoy, no tiene parecido, la vida hoy es más fácil. Si la juventud hoy tuviera que pasar lo que pasamos nosotros, no creo que resistiese”, considera Angelita, quien, aunque reconoce que “la lavadora lava bien, todo no lo quita”. “Las manos siempre hacen falta”, subraya.
Historia
En cuanto a la historia de estos antiguos lavaderos, ya sobre el año 1515 las mujeres acudían a lavar a la fuente denominada Madre del Agua, no muy lejos de la ubicación actual de los lavaderos, aun cuando las disposiciones contenidas en las ordenanzas lo prohibían, según un informe elaborado por el propio Cicop sobre los antecedentes históricos de este patrimonio industrial. Durante el siglo XVI, el agua procedente de Madre del Agua se canalizó hasta el pilar situado en las proximidades del convento de San Francisco, donde se ubica en la actualidad el recinto de los lavaderos y el desaparecido tanque de San Francisco.
Las disposiciones siguieron prohibiendo el lavado de ropas en las proximidades de Madre del Agua a lo largo de todo este siglo, aunque la normativa no se cumplía, por lo que el Ayuntamiento decide en 1610 la adecuación de un lavadero con suministro a partir de Madre del Agua, proyecto que no llegó a ejecutarse. La idea se retomó en 1625, pero con suministro de agua a partir del antiguo tanque de San Francisco, en la trasera del convento.
Sin embargo, según las fuentes documentales, la construcción del edificio de los lavaderos vigentes data de finales del siglo XVIII, aunque la utilización del espacio para el desarrollo de tal actividad viene de la centuria anterior, cuya delimitación original podría establecerse en torno a los muros actuales.
Así, a finales del siglo XVIII se crean los lavaderos vigentes, se adosa al inmueble una cerca para tendederos, una fuente y dos abrevaderos para el ganado, dando un aspecto “cómodo y decente por la idea de los de la Corte”. Según el Cicop, se ha de entender estos términos con la finalidad de salvaguardar la intimidad de las lavanderas de la observación por parte de la población masculina.
Estos antiguos lavaderos se techaron y cerraron al público hace ya más de 30 años y, desde entonces, varias han sido las iniciativas para su puesta en valor y apertura al público.
Los lavaderos seguirán sin abrirse de momento al público
El Ayuntamiento de La Laguna lleva tiempo trabajando para abrir al público los antiguos lavaderos para su visita y disfrute. Sin embargo, el mal estado de unos árboles que hay en el entorno ha creado discrepancias entre los grupos políticos que quieren conservarlos y los que consideran que se deben retirar por seguridad, en base a un informe técnico de Medio Ambiente. Por ello, la concejal de Patrimonio, Candelaria Díaz, indicó que los lavaderos no se abrirán al público hasta que se alcance un consenso, en el Consejo Municipal de Patrimonio, sobre la retirada de estos árboles para poder abrir los lavaderos con todas las garantías de seguridad.





