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Bryan Rozman, un diálogo sin hoz ni martillo

El veterano del Ejército de los Estados Unidos y exespecialista del Pentágono en Geoestrategia ofreció una conferencia en el Casino de Santa Cruz sobre elecciones determinantes en el ámbito político
Bryan Rozman, durante su conferencia en el Casino de Santa Cruz, junto a su esposa, María Rozman, que le hizo las veces de traductora. / Sergio Méndez
Bryan Rozman, durante su conferencia en el Casino de Santa Cruz, junto a su esposa, María Rozman, que le hizo las veces de traductora. / Sergio Méndez
Bryan Rozman, durante su conferencia en el Casino de Santa Cruz, junto a su esposa, María Rozman, que le hizo las veces de traductora. / Sergio Méndez

Más que una conferencia fue una conversación. Bryan Rozman, veterano del Ejército de los Estados Unidos, con el que estuvo presente en dos conflictos bélicos, exespecialista del Pentágono en Geoestrategia y antiguo jefe de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de Estados Unidos, ofreció ayer su particular visión de las relaciones internacionales a través de las decisiones estratégicas en el ámbito político y de cómo estas influyen en los futuros colectivos.
Con Carlos Alonso, presidente del Cabildo, como introductor; su esposa, María Rozman, como traductora, y el alcalde, José Manuel Bermúdez, sentado en primera fila, Bryan Rozman dio un repaso a esa experiencia acumulada en 25 años de carrera militar que comenzó como soldado de Infantería y terminó como avanzado analista de la Inteligencia norteamericana.

Dividió su intervención en cuatro partes, iniciándolas en el final de la Guerra Fría, donde aludió a la visión de Richard Nixon, “uno de los ejemplos de la política sucia en Estados Unidos”, y su capacidad para adelantarse a los tiempos, puesta de manifiesto, por ejemplo, cuando recomendó, a través de un artículo en The New York Times, el diálogo con el enemigo ruso encabezado por Boris Yeltsin, usando el pragmatismo y la conveniencia de mantener una misma dirección “para poder vivir en un mundo más seguro”.

Eliminada la bandera de la hoz y el martillo del Kremlin y con el Muro de Berlín caído, llegaron los “dividendos de paz” y los siguientes pasos con la intervención en los Balcanes, el conflicto personalizado sobre Sadam Husein y el nombramiento de China como “nación favorecida”, siendo el gigante asiático el principal beneficiado, como se demostraría a largo plazo. La charla de Rozman estuvo cargada de autocrítica, como cuando reconoció la “falta de optimización de recursos” que vino después de ese tortuoso inicio de la década de los años 90, donde los Estados Unidos se equivocó también mirando por encima del hombro al resto del mundo a través de innovaciones bélicas que aún perduran, como los helicópteros Black Hawk o los misiles Stinger.

Fueron momentos de una “terrible política exterior” y una “confianza excesiva” en las posibilidades de los norteamericanos, así como de una notable muestra de desdén hacia Rusia, aún con la amenaza del comunismo global extinguida.

Los ataques terroristas, primero el del 93 y luego el del 11-S de 2001, pusieron de manifiesto que “la anticipación y planificación de los Estados Unidos habían desaparecido”, llegándose en 2013 a lo que Rozman definió como “una era de conflicto permanente”. Esa etapa ha mermado notablemente las arcas de Estados Unidos, que hoy en día se enfrenta a “una Rusia más agresiva y una China más emprendedora”, ocupando los espacios que EE.UU. “no ha sabido gestionar”.

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