Sur

El aeropuerto ecológico inédito que César Manrique ideó para el sur de Tenerife

El artista diseñó a principios de los años 70 varios bocetos vanguardistas para unas instalaciones dominadas por la vegetación, los grandes espacios y la luminosidad, como en los mejores aeródromos del mundo. DIARIO DE AVISOS saca a la luz pública el proyecto desconocido del genio

Después de Lanzarote, tierra de volcanes que parió a César Manrique, Tenerife es la isla en la que más huella ha dejado el artista de Puerto Naos (Arrecife), en forma de creaciones tan emblemáticas como el Lago Martiánez (su obra cumbre tinerfeña) y Playa Jardín, ambas en el Puerto de la Cruz, o el Parque Marítimo de la capital, que diseñó y que sus ojos no pudieron contemplar al fallecer en un accidente de tráfico cuando los ingenieros Juan Alfredo Amigó y José Luis Olcina se ponían manos a la obra junto al antiguo lazareto.

Pero hubo otro proyecto, desconocido hasta ahora, que hoy saca a la luz DIARIO DE AVISOS, con el que Manrique se entusiasmó y al que llegó incluso a dar forma, aunque finalmente diferentes circunstancias impidieron que se materializara: el diseño del aeropuerto Tenerife Sur a principios de los años 70, cuando la alternativa a Los Rodeos y a sus inclemencias meteorológicas comenzaba a ser una prioridad.

Coincidiendo con el mandato de Andrés Miranda Hernández al frente del Cabildo tinerfeño, entre 1971 y 1974, el artista trazó su idea de cómo debía ser, desde el punto de vista estético y estructural, la gran puerta de entrada y salida de la Isla. En aquellos años el Sur se empezaba a subir al carro de la incipiente industria turística y sentaba las bases del emporio que estaba por venir con urbanizaciones como Ten-Bel y, sobre todo, Playa de Las Américas, la gran apuesta del promotor Santiago Puig que supuso el gran despegue económico y social de la zona meridional de la Isla, hasta entonces inmersa en un atraso secular.

Aquel bosquejo del genio lo plasmaría en un dibujo el pintor Juan Galarza Cabrera por encargo de Andrés Miranda para un libro sobre sus memorias. En esa publicación, el expresidente del Cabildo recuerda que “se buscaba ofrecer un entorno equilibrado que fuera más allá de la aridez de los terrenos del Sur, para lo que se planeó la construcción de la terminal con unos hexágonos con bastante vegetación y que fuese relajante para los pasajeros”. A juicio de Miranda, “suponía una idea ecológica muy clara, con unos patios en los que se proyectaba una vegetación muy frondosa, con mucha iluminación, rodeados de cristaleras y con unos accesos a los aviones muy diferentes de los que tenemos hoy en día”.

El expresidente del Cabildo reconoce en sus memorias que Manrique “se ilusionó mucho con el proyecto, tanto que nos presentó un conjunto de diseños de manera gratuita”.

Pero las alas de la imaginación de César no llegarían nunca a aterrizar en el campo de vuelo de Granadilla de Abona. La dimisión de Andrés Miranda como presidente de la institución insular, unido a unos cambios en el Ministerio del Aire, acabaron por paralizar las gestiones, si bien la verdadera puntilla llegó el 27 de marzo de 1977 con la tragedia de los jumbos en Los Rodeos, que causó 583 muertos y que aceleró la construcción del aeropuerto del Sur.

El proyecto del artista lanzaroteño quedó condenado a una gaveta y se optó por tomar como referencia las recién inauguradas instalaciones aeroportuarias de Sevilla, es decir, un modelo convencional, propio de la época y sin singularidades arquitectónicas locales, en el que los criterios de operatividad se imponían claramente a los estéticos. Tal fue así que al edificio sureño se le conocería popularmente como el “invernadero”. El 2 de noviembre de 1978 aterrizaría en sus pistas el primer avión, un DC-9 de Iberia, de nombre Ciudad de Valencia, que estrenaba las instalaciones antes de su inauguración oficial cuatro días más tarde.
“Para César Manrique fue una decepción muy grande. Fue una lástima que él no fuera el responsable de la idea final de la terminal”, afirma Andrés Miranda en su libro.

Por primera vez DIARIO DE AVISOS publica hoy la idea del ecologista precursor que vertebró toda su obra arquitectónica y escultórica sobre los ejes del arte, el territorio y la naturaleza. En la lámina de Galarza se aprecia un aeropuerto en el que predominan las zonas verdes, con exuberantes jardines y palmeras, distribuidas por todas las instalaciones. Una de las pistas (de 3.200 metros de longitud, preparada para recibir grandes aeronaves) aparece junto al mar y la otra, paralela y con la misma extensión, se sitúa a un kilómetro y medio de distancia hacia el norte y a solo un kilómetro de la autopista.

En el dibujo, con perspectiva desde la costa hacia la cumbre de la Isla, se aprecia un edificio terminal de forma rectangular, en el que se advierten grandes ventanales, del que salen tres pasillos exteriores sobre el área de aparcamientos de vehículos, situado en la zona central.

La inspiración inagotable del artista y su capacidad visionaria volvía a quedar de manifiesto con un modelo estético adelantado a su tiempo para una infraestructura estratégica de primer nivel, hasta el punto de que hoy, casi medio siglo después, los grandes arquitectos parecen darle la razón a Manrique, al incluir los tres elementos imprescindibles que él ya preconizaba en las estructuras de los grandes aeropuertos turísticos internacionales y especialmente en los edificios terminales: abundantes zonas verdes, espacios diáfanos y una luminosidad generosa.

Más de 40 años después, el debate sobre la ampliación y la funcionalidad de las instalaciones está servido desde hace meses. Mientras AENA propone unir las terminales 1 y 2 mediante un edificio que supondría la ampliación de la superficie de pasajeros el 50%, tanto el Gobierno de Canarias como el Cabildo de Tenerife y asociaciones empresariales de la Isla discrepan del modelo expuesto por el ente estatal al considerarlo un “parche” y plantean un edificio terminal acorde con un destino turístico internacional líder y a la altura de la facturación que genera.

Precisamente, en el pleno del Cabildo del pasado 13 de noviembre, en el que la Corporación aprobó un acuerdo institucional, suscrito por todas las fuerzas políticas, solicitando a AENA la suspensión del concurso público para la ampliación del aeropuerto Tenerife Sur, el consejero de Turismo, Alberto Bernabé, rescató el viejo proyecto de César Manrique y lo puso como ejemplo de los conceptos estéticos que no deberían faltar en la reforma de las actuales instalaciones.