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Pablo Carbonell: “La Bruja Avería ahora sería imposible. Decir ‘Viva el mal, viva el capital’ en un programa infantil…”

Mañana participará en el programa 'Ríete tú', producido por ReportLine Producción Audiovisual, que se emite a las 22.30 horas en la Televisión Canaria. DIARIO DE AVISOS ha aprovechado su visita para que nos cuente algunas anécdotas
Pablo Carbonell. | FRAN PALLERO

De hacer teatro en la calle a dar el salto al reconocimiento nacional con La Bola de Cristal, recorrer los escenarios de toda España con su grupo, Toreros Muertos; ser uno de los reporteros más esperados de Caiga quien caiga; hacer cine y, desde hace unos años, escribir libros. El último, la novela de humor titulada Pepita. Sin duda, Pablo Carbonell ha aprovechado la vida. Mañana participará en el programa Ríete tú, producido por ReportLine Producción Audiovisual, que se emite a las 22.30 horas en la Televisión Canaria. DIARIO DE AVISOS ha aprovechado su visita para que nos cuente algunas anécdotas.

-Me han dicho que su padre nació en Tenerife.

“Sí, mi padre nació en el consulado de Bélgica, en la avenida de Bélgica. De madre belga. Y yo he venido a veranear a esa casa, Villa Bélgica. Lo que pasa es que se incendió, la quemaron unos okupas, y ahora es un club de tenis. Pero yo tengo en esos territorios muchos juegos. Mi niño jugó allí dentro entre plataneros y recuerdos del Congo belga. Es más, en mi casa tengo un álbum familiar que estaba en esa casa en la que hay una imagen de mi abuela de niña dándole un ramo de flores al rey Leopoldo II, que bueno, la historia parece que lo ha exonerado pero era una mala persona con los pobres congoleños, que ríete tú de Hitler con los judíos”.

-Acaba de publicar Pepita, su primera novela.

“Sí, mi primera novela en solitario”.

-¿Qué le empujó a escribirla y de qué trata?

Pepita es una historia sobre la codicia. Se me ocurrió visitando las minas de Río Tinto, que están cerradas, y pensé, ¿cómo se revive un pueblo minero? Pues diciendo que hay oro. Entonces se me ocurrió como una historia del Oeste y pensé en el nombre de la protagonista, que se llama como una pepita de oro. Ella era el bien más preciado del pueblo. Y vas hilando y creando personajes y a partir de esa semilla, salió una novela”.

-¿Y cómo está siendo recibida?

“Pues tenía mucho miedo porque es una novela de humor y mi último libro, El mundo de la tarántula, estaba escrito a corazón abierto. Son mis memorias. Fue un libro por el que escribiéndolo eché muchas lágrimas. Y claro, la novela y encima de humor, a priori parece un género menor, y tenía miedo de que lectores que ya tenía se sintieran decepcionados. Pero los medios con los que he hablado y que habían leído el libro venían con la sonrisa puesta porque se habían partido de risa. Con lo cual… pues es otro género y juega en otra liga”.

-También vuelven los Toreros Muertos.

“(Risas) Yo creo que nos han echado una maldición, porque cada vez que hacemos algo, una canción o un videoclip, o damos un concierto es que hemos vuelto. Pero nosotros llevamos haciendo conciertos desde el año 2007”.

-Pero ahora tienen canciones nuevas.

“Eso es verdad. El año pasado empezamos a grabar canciones nuevas. Y nuestra orientación va hacia el folclore español”.

-¿Folclore español?

“Folclore en general”.

-¿Pero se refiere a las letras?

“Son canciones que tienen, digamos, denominación de origen. Nunca habíamos hecho una canción a una mujer de una determinada ciudad. No habíamos hecho una canción a una ciudad. No habíamos hecho una canción de ambiente rural. Prácticamente teníamos un pasodoble, ahora tenemos varios. Hemos hecho una rumba, una copla, El baúl de la Piqué. Es decir, son canciones que tienen una raíz en nuestro folclore y en nuestra identidad”.

-Tirarán de humor, como siempre…

“Sí, el sentimiento digamos iconoclasta sigue intacto”.

-He leído que habría posibilidades de que grabaran un disco.

“Bueno, es que nosotros tenemos una compañía de discos que es la mía y yo no me recomiendo para mi propia compañía ni a mis músicos les recomiendo mi propia compañía (risas). Pero es que además, también, y creo que en esto somos más independientes que nadie, hemos grabado cuatro canciones, las hemos colgado en YouTube y ahí están. Porque en realidad, hace 34 años, cuando empezamos, el dinero de los discos no significaba nada con lo que era haciendo carretera”.

-Con las giras.

“Exactamente, con las giras, no haciendo carreteras. Aunque hay gente que gana mucho dinero haciendo carreteras. Pues eso, consideramos que las canciones son tarjetas de presentación y las publicamos para que la gente las disfrute”.

-En realidad, hoy en día la industria musical ha cambiado mucho. Ahora todo se mueve en YouTube, Spotify,...

“Sí, ahora mismo si tú quieres que una discográfica te lleve lo más seguro es que quiera un porcentaje de tus actuaciones o quiera ser tu mánager. Ahora son un poco digamos, recogen todo el espectro del negocio musical”.

-Hablando antes del humor en sus letras, ¿cree que se está perdiendo el sentido del humor en España?

“Pues mira, hemos rodado (el videoclip) de La siesta en Colmenar de Oreja, donde se ha grabado Villarriba y Villabajo, y hubo varias protestas porque pintamos un pueblo muy feo, pero en realidad el pueblo es muy bonito. Y (en la canción) decimos que no hay un mendrugo en la mesa pero estamos tomándonos una caldereta. Pues ha habido gente que se ha indignado. Pero en realidad, y en este caso es así, todo es una traslación del panorama político. El PP gobierna Colmenar de Oreja y ha permitido que nosotros vayamos a grabar el vídeo, entonces el PSOE y Vox se ponen a criticar al PP, y eso llega a la sociedad y la gente también se indigna, porque hemos grabado un pueblo que decimos que huele mal. Pero en realidad nosotros estamos haciendo un retrato de ese tipo de canciones, una reflexión irónica de esas canciones lamentables que existían de pueblos calcinados, de que el sendero verde está seco, del hombre trabajador, esa canción amarga. Nosotros hemos hecho una canción amarga, llevada al pasodoble, pero como burla a ese tipo de canción. Pero al final nos ha salido un homenaje. Nos ha salido un pueblo que sabe reírse de sí mismo”.

 

-Pero ahora parece que la gente se ofende por nada.

“Es que la gente sufre mucha invisibilidad y tiene que ofenderse y sacar el dedo y quedar como paletos. Porque la verdad es que en Colmenar de Oreja ha habido gente que han dicho ‘ya están los idiotas, los paletos de mi pueblo, llenándome de vergüenza y no entendiendo la fantasía de una canción’. Tú imagínate el alcalde de Nueva York si dijera: ‘No, perdone, es que aquí no hay un Mazinger Z entrando por la Quinta Avenida o no está el metro lleno de cucarachas marcianas’. ¿Te imaginas? Pues estamos perdiendo el sentido del humor y mucha libertad de expresión. La gente antes se partía de risa con cualquier cosa que dijera alguien. Ahora todo es una ofensa. Señores, ¿volvemos al oscurantismo?¿al siglo XIX? ¿o hace 45 años? Es que es más, en la época de Franco estaba Javier Poncela, Miura, Tono, La Codorniz, Tip y Coll… Había muchas trampas. Estaba Berlanga. Había mucha gente que hacía cosas muy ingeniosas para colar mensajes subversivos o humorísticos sobre nuestra condición. Que no tienen por qué ser burlas, pueden ser homenajes. O reflexiones para mejorar. Pues nadie ve eso. Hay un colectivo que no quiere verlo. Censores, fundamentalistas y gente con muy poca cabeza”.

-En una entrevista, el director de cine Juanma Bajo Ulloa me comentó que ya no hacía falta censores como en el franquismo, sino que los censores son el propio público e incluso los propios creadores.

“Sí, la leí. Él decía que Airbag no la habría podido hacer ahora, pero lo cierto es que hizo una más punki todavía, Rey gitano. Pero de todas maneras, menos en el detalle que te he marcado, estoy de acuerdo en todo lo que dijo Juanma. Me encantó la entrevista y me encantó que recordara a Umberto Eco y la frase que dijo, y la voy a repetir en esta entrevista: ‘Le han dado el altavoz al tonto del pueblo”.

-¿Echa de menos hacer televisión?

“No. Lo paso fatal en los platós. Yo que no fumo, solamente lo hago cuando hago tele. Me gusta más hacer cine, hacer escenario. Posiblemente lo que más me guste es o escribir, que me lo paso muy bien, o subirme a un escenario. Teatro o rock and roll”.

Pablo Carbonell. | F. P.

-¿La primera vez que hizo televisión fue en La bola de cristal?

“No fue la primera vez que estuve en un plató, pero sí fue el primer programa que hice. Me puse el listón muy alto”.

-¿Qué cree que significó La bola de cristal para España ?

La bola de cristal tuvo la virtud de abrirle las puertas a lo que estaba sucediendo en la calle. El mundo punk, la Movida, el pop guasón e incluso Pedro (Reyes) y Pablo, que hacíamos teatro en la calle, tuvimos cabida en ese programa. Te puedes imaginar lo agradecido que puedo estar a Lolo Rico. Y conocí a Alaska, que yo la tenía en un pedestal y la sigo teniendo, es una gran profesional además de excelente persona y muy inteligente. Y para mí, que venía del submundo (risas) pues claro, creía que estaba tocando el cielo. ¿Sabías que yo me dormía en el plató en un sitio, y el realizador me dijo ‘has elegido el mismo sitio donde se tumbaba a dormir Fofó’? Y sentí que había entrado en la gloria. Fofó y yo teníamos la misma querencia por el sitio para planchar la oreja”.

-¿Cómo fue trabajar con Lolo Rico?

“Yo a Lolo Rico prácticamente la veía en las comidas, y bueno, nos felicitaba, nos daba ánimo, se reía con nosotros. A Pedro y a mi llegó a agradecernos que estuviéramos en el programa porque nuestras improvisaciones y nuestros disparates le habían dado una dimensión que antes La bola de cristal no tenía”.

-Yo recuerdo mucho a la Bruja Avería.

“Tremenda. La Bruja Avería ahora sería imposible. Nadie podría decir: ‘Viva el mal, viva el capital’ en un programa infantil. Imposible. O sea, los sábados por la mañana antes de eso era un concurso de tigres y leones, Torrebruno, un programa de preguntas para niños que se llamaba Cesta y punto. Todo era televisión en blanco y negro dirigida a los niños pero con los padres supervisando. Y en aquel momento Lolo Rico hizo un programa para niños, pensando en los niños y en el que los padres ni se asomaran”.

-Otro programa que ahora creo que tampoco se podría hacer, aunque es muy necesario, es Caiga quien caiga.

Caiga quien caiga salió en el momento ideal. Mi primer reportaje fue la investidura de José María Aznar. Era un programa muy agradecido de hacer contra aquel gobierno, o con ese gobierno, porque Aznar tenía un sentido del ridículo tremendo. Eso daba mucho pie a chistes. Con Zapatero ya no tenía la misma gracia. Y ahora ese sitio lo tiene ocupado actualmente Jordi Évole, aunque él no dispara con balas de goma como nosotros, es insoslayable y eso es muy válido. Y Gonzo, en El Intermedio, también cubre ese hueco”.

-Si se volviera a poner las gafas de sol, ¿qué le preguntaría a los líderes políticos?

“Yo les diría: ‘Miren por favor, busquen un poco de concordia. Ustedes son un ejemplo para la sociedad. Dejen de tirarse los trastos a la cabeza. Ustedes no se lo creen pero generan violencia’. Y que hablen todos con Alfonso Guerra. Que vayan a dar clases con él. Que no es que no fuera viperino, pero era mucho más libre que ellos. Ellos parece que son la punta de lanza de su partido, y su partido les exige recuperar el poder. No se entiende tanto servicio a España. Uno se pregunta para qué querrán servirme con tanto interés. La verdad es que esto pone a nuestra democracia en la picota”.

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