28abril

Una votación para todos los públicos

La jornada electoral dejó sensaciones que no se recordaban en Tenerife debido a la enorme asistencia y a los resultados finales
La participación en la provincia superó con mucho a la de 2016| SERGIO MÉNDEZ
La participación en la provincia superó con mucho a la de 2016| SERGIO MÉNDEZ
La participación en la provincia superó con mucho a la de 2016| SERGIO MÉNDEZ

El ganador fue el pueblo. En las votaciones más numerosas que recuerdan los más viejos del lugar la movilización masiva hacia las urnas recordó a tiempos donde la gente quería cambios. Era un día de playa, con 25 grados, pero en los colegios electorales nadie se pudo poner a tomar el sol.

España quiso pronunciarse y lo hizo desde primera hora de la mañana. Eso sí, las costumbres no se pierden. Los primeros en llegar a las urnas eran los más mayores. Fue el caso de Eulalia, cuya rapidez en llegar al colegio electoral fue inusitada. Puso el despertador, se levantó, tomó su café, se aseó y se vistió de domingo para depositar sus votos. “Yo se lo puse a Podemos”, decía al salir del recinto ante la sorpresa de los que iban llegando. Una señora muy moderna, “cansada de escuchar las promesas de esos que dicen ser de izquierdas o de derechas y que no defienden nuestros derechos, sino los suyos”. Atención aparte merecía el flujo de nuevos votantes, de gente recién llegada a la mayoría de edad, como Lucas, que quiso acudir por primera vez a su cita con las urnas: “Durante toda la semana estuvimos debatiendo en el instituto sobre los ideales políticos de cada partido, sobre las necesidades locales y nacionales y la incidencia que tendrían estas votaciones en nuestro futuro”. Los jóvenes mostraban una madurez inusual a la hora de afrontar la decisión de depositar su idea en dos papeletas… y luego muchos de ellos tomaban la guagua para aprovechar un domingo playero.

La participación en la provincia superó con mucho a la de 2016| SERGIO MÉNDEZ
La participación en la provincia superó con mucho a la de 2016| SERGIO MÉNDEZ

En el Distrito Suroeste de Santa Cruz se mezclaban los actos de las fiestas de La Gallega con las elecciones generales. A escasos metros de distancia, en la iglesia del barrio se votaba, en la zona deportiva se botaba. Castillos hinchables, cañones de espuma, animación, escenario, de todo para los niños de la vecindad en otro movimiento de acción electoral para lo que vendrá dentro de un mes. Los padres aprovecharon la coyuntura para dejar su voto en las urnas y luego activar las capacidades de sus hijos a través de la acción.
Conforme iban pasando las horas se iba agotando el papel, los representantes de los diferentes partidos echaban mano de sus provisiones para la larga jornada, los policías recibían el relevo pactado, el calor aumentaba y el flujo de votantes iba cayendo poco a poco. “Esto ha sido una locura, jamás había visto nada así”, señalaba uno de los interventores en el instituto de Las Veredillas, donde las colas habían sido tan prolongadas como las de todos los colegios electorales, tal y como se confirmó después con el porcentaje de votos y con la ausencia de papeletas en varios puntos.

Esto hizo aparecer los nervios que durante toda la jornada habían estado contenidos, incluso con esperas de media hora, con la confusión de los votantes, sobre todo de los que se estrenaban, porque no sabían en qué mesa debían ejercer su derecho. “Ha habido un poco de caos y de desorden”, señalaba un joven que portaba a su bebé y quería aprovechar el resto del domingo para disfrutar de su familia. Su mujer votaba en la mesa de al lado.

La participación en la provincia superó con mucho a la de 2016| SERGIO MÉNDEZ
La participación en la provincia superó con mucho a la de 2016| SERGIO MÉNDEZ

Pocos desvelaban su intención de voto. Sigue existiendo ese celo dentro de la población, aunque haya una minoría que no tenga reparos en admitir cuáles son sus preferencias. “Yo he votado al PSOE y mi marido creo que al PP”, decía una señora saliendo del colegio electoral mientras su esposo le regañaba entre risas: “Eso no se dice, tú no sabes a quién he votado… pero yo sí sé a quién le votaste tú”. Al final de la jornada resulta que la señora había sido la triunfadora en su domicilio. A nivel general hubo incidencias, pero para la cantidad de gente que acudió a ejercer su democrático derecho, fueron asuntos aislados. En uno de los colegios electorales del capitalino Distrito Suroeste la coordinadora de zona había dado orden, vía WhatsApp, de no tomar fotografías de nadie que estuviera depositando el voto en las urnas. “Es una cuestión de privacidad y de no vulnerar la ley de protección de datos”, decía una de las responsables, aunque de inmediato saltó la coqueta de turno para arreglarlo. “Si yo doy permiso sí me pueden hacer fotos, a mí no me importa”, dijo poniéndose en su sitio y posando. Luego llegó la corrección, porque la recomendación estaba restringida exclusivamente a los miembros de las mesas y no a los medios de comunicación.

Fue una jornada de democracia y de inclusión. En el colegio electoral situado en la asociación de mayores Aguere, a orillas del Barranco de Santos, el presidente de una de las mesas fue noticia a nivel nacional. Antonio Acosta fue el primer sordociego de España en estar al frente de una mesa electoral. “Esto debería ser algo normal”, señalaba un hombre que mostraba su talante afable y educado recibiendo con alegría a cada uno de los que llegaban a su mesa a votar. Muy cerca, en el colegio Bernabé Rodríguez, estuvo José Antonio López como vocal. Su ceguera no le impidió ejercer a la perfección el papel que le había tocado en suerte.

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