icod de los vinos

La superación y el esfuerzo de Mario como filosofía de vida

Mario González es invidente, pero eso no le ha impedido practicar deporte y convertirse en un año en campeón europeo de vovinam
Mario entrena duro tres días a la semana y, aunque confiesa que en ocasiones llega a su casa y no tiene ganas de ir a entrenar, coge fuerzas y lo hace. Mario González

“Ser fuerte para ser útil” es un lema del vovinam viet vo dao que Mario González Luis lleva a rajatabla. Hasta hace un año, este icodense no sabía lo que era el vovinam. Nunca había oído hablar de este arte marcial hasta que su amigo Jorge un día lo fue a visitar y le preguntó si practicaba algún deporte. Le contestó que no porque no había encontrado uno que le llenase y él le contó que hacía vovinam y le propuso ir un día a probar.

Mario nació y vive en Icod de los Vinos, tiene 35 años y desde hace 9 es invidente. Pero eso no supuso un problema para él. Probó y le gustó tanto que en menos de un mes consiguió aprender las katas, los diferentes movimientos de defensa y ataque ante el contrario. Un tiempo récord si se tiene en cuenta que a cualquier persona, normalmente, le lleva un año lograrlo.

En su caso, lo hace haciendo un cuadrado, empieza frente al público y termina igual. “Es complicado si entrenas con alguien que te trata como una persona que no ves, pero si lo haces como yo, con una que te coge las manos y te va enseñando los movimientos, es mucho más sencillo”. Así explica Mario su proceso de aprendizaje, en el que han contribuido mucho sus compañeros, a los que define como “unas bellísimas personas”. También han influido en su pasión por este arte marcial, que él dice que es “diferente a todos los demás, porque es una especie de combinación de todos y por lo tanto, es muy completo”.

Fruto de su esfuerzo y sacrificio, en menos de un año logró convertirse en el campeón mundial de su categoría al ganar la medalla de oro en el campeonato que en julio de 2018 se celebró en Bruselas, Bélgica, donde integró la selección española de vovinam viet vo dao, la única reconocida por la federación internacional.

Todavía le cuesta creerlo y al relatarlo se le escapa una risa nerviosa que no oculta. Tampoco su medalla, que luce orgulloso. Fue en una cena donde surgió la posibilidad de que acudiera. El maestro y su amigo Jorge hablaron y a los tres días este último le dijo: “Te vamos a dar una sorpresa, o te gusta o no te gusta”. Tras insistir un poco, le confesó que el maestro lo quería llevar a Bélgica. Al principio Mario se negó, pero Jorge fue contundente: “Si el maestro dice que vas, vas, porque estás preparado”.

Nunca había participado en ningún campeonato. Fue su debut y con un resultado inesperado. “Ahora hay que mantener el listón”, bromea. Es complicado, pero está luchando por conseguirlo. Desde entonces, no ha parado y su motivación es cada vez mayor. Practica en la cancha del club Hércules tres veces a la semana, en concreto, lunes, miércoles y viernes, pero como se está preparando para un campeonato fuerte que tendrá lugar dentro de un año, desde hace un tiempo también acude los sábados.

Mario entrena duro tres días a la semana y, aunque confiesa que en ocasiones llega a su casa y no tiene ganas de ir a entrenar, coge fuerzas y lo hace. Mario González

A veces le cuesta ir porque termina cansado de su trabajo como vendedor de la ONCE, en el que tiene que escuchar a diario a cientos de personas. “Hay días llegas a casa y no tienes ganas de hacer nada, pero también es cierto que cuando empiezas a entrenar y le pegas dos o tres patadas al saco, te descargas. A veces los chicos me dicen que me relaje un poco”, cuenta.

Cambio de pensamiento

Mario es un ejemplo de superación y de que con tenacidad y esfuerzo nada es imposible. Ser invidente no le ha impedido practicar deporte, aunque al principio le costó un poco porque creía que no iba a poder. Poco a poco fue cambiando de pensamiento al darse cuenta de todo lo que había logrado en su casa, hasta que un día se dijo a sí mismo: “¿Y por qué entonces no puedo hacer esto?”. Y se animó.

Tras quedarse sin visión fue adaptándose poco a poco a su nueva realidad, gracias a su padre y a su madre, “que han estado ahí”, pero sobre todo a él mismo, porque sabe que si no se saca “las pulgas”, nadie lo va a hacer por él, sostiene.

Confiesa que “hay veces que quieres hacer más cosas, pero no puedes, porque no tienes esos recursos”. Sin embargo, su medalla y su título demuestran todo lo contrario. A dos amigos suyos que están en silla de ruedas les cuesta creer lo que ha logrado, dice orgulloso.

A Mario no le importaría compartir su experiencia y enseñar vovinam a personas como él, que no pueden ver. Una manera de devolver todo el apoyo recibido por parte de sus compañeros, de quienes, insiste, está “muy orgulloso”.

Entre sus expectativas más próximas están el prepararse para un campeonato el próximo año que todavía no sabe dónde se va a celebrar y empezar a luchar. Sabe que esto último va a ser más complicado, porque es “mano a mano” y el objetivo es dejar al contrincante en el suelo. “Si sale bien, bien, y si no, al menos lo intenté. Eso es importante, no quedarse con las ganas y dar todo lo que he aprendido”, sostiene el icodense.

TE PUEDE INTERESAR