Puerto de la Cruz

Casi cien años de fervor ranillero

Más de 20.000 personas asistieron ayer en el muelle pesquero portuense a la embarcación de la Virgen del Carmen y San Telmo, una tradición que cumplió 98 años de historia

Embarcación en el Puerto de la Cruz. Fran Pallero
Embarcación en el Puerto de la Cruz. Fran Pallero

El pequeño Puerto de la Cruz, el municipio más pequeño de toda Canarias, se hizo ayer grande, muy grande, para acoger a miles de personas convocadas a una nueva edición de la Embarcación. Porque, si hay un día sagrado en el calendario de los portuenses, ese es el martes del Carmen, el día de la embarcación de la Virgen y San Telmo, uno de los actos principales y más multitudinarios de las Fiestas de Julio, que, aunque no son las patronales, son sin duda las más populosas del lugar. Más de 20.000 personas volvieron ayer a inundar, materialmente, el muelle pesquero portuense para presenciar una tradición llena de emoción y fervor popular, que cumplió 98 años de historia y que representa como ninguna otra el sentir ranillero, la idiosincrasia del barrio marinero que sirvió de origen a la actual ciudad turística y que sigue muy presente en ella.

El día amaneció ayer tapado, con la típica panza de burro del Valle, pero al menos la mar estaba echada, ideal para navegar. La diana floreada abrió muy temprano el programa de actos en el entorno del muelle, convertido en un hervidero de gentes durante todo el día. La chocolatada, los concursos de dominó, baraja y pesca infantil y la gran cucaña animaron la fiesta y dieron paso por la tarde a la misa en la parroquia de la Peña de Francia, oficiada por el obispo Bernardo Álvarez. Una multitud abarrotó el templo, los alrededores y todo el casco portuense, para acompañar la tradicional procesión terrestre-marítima. El grupo de autoridades estaba encabezado esta vez por el nuevo alcalde portuense, Marco González; la Reina de las Fiestas 2019, Idayra Borges Tena, y el presidente del Parlamento de Canarias, Gustavo Matos.

Chago Melián disparó las emociones con su canto de la Salve Marinera y la alegría del gentío se desbordó jubilosa cuando sobre las 20.45 horas, más tarde de lo habitual, la imagen mariana al fin fue subida por los cargadores a bordo de la falúa Nuevo San Ramón. Y en ese mágico instante un grito unánime resonó en el muelle: “¡No pasa nada, la Virgen ya está embarcada!”.

Tal y como ha escrito el historiador portuense Nicolás Barroso Hernández, la celebración de las Fiestas de la Virgen del Carmen en el Puerto de la Cruz han tenido desde siempre una fuerte conexión con su papel como paraje portuario y con la actividad marinera de sus gentes. No en vano, el antiguo Puerto de La Orotava fue durante algo más de dos siglos un importante centro portuario de Canarias y, en algunos momentos, el más importante. Ya desde 1625 se estableció una Vicaría de la Congregación Dominica en el municipio que trajo las advocaciones de San Pedro González Telmo y la Virgen del Buen Viaje, muy vinculadas a la gente del mar. Para los antiguos cronistas, un hecho relevante es que en 1750 la Cofradía Realejera adquirió una magnífica talla de la Virgen del Carmen, cuyo autor fue Antón María de Maragliano. Y es en torno a esas fechas cuando comienza la tradición, vigente en la actualidad, de que sean marinos portuenses los cargadores de la imagen de la Patrona de los Marineros en la procesión que tiene lugar, también en julio, en el vecino municipio de Los Realejos, donde el Carmen goza asimismo de gran veneración. Fue en 1921 -hace ahora 98 años- cuando se inició en el Puerto de la Cruz la tradición de la embarcación de la Virgen del Carmen. Ese año, el párroco Antolín Fernández concluyó que no resultaba adecuado que los marinos portuenses tuvieran que celebrar la fiesta de su patrona en la villa vecina, por lo que impulsó el inicio de la tradición de sacar en procesión a la Virgen del Carmen (Buen Viaje) y a San Telmo en el Puerto, y a embarcarlos, dándole un paseo por la costa del municipio. La celebración quedó unida a las fiestas del Gran Poder de Dios, el Viejito, como cariñosamente lo llaman los portuenses, que venían realizándose desde el siglo XVIII. Como quiera que la Virgen que procesionaba en el Puerto de la Cruz era la imagen del Buen Viaje, y no existiendo en el municipio una talla de la Virgen del Carmen, el escultor portuense Ángel Acosta Martín donó la actual talla, que fue entronizada el 19 de mayo de 1954. El fervor por esa imagen mariana provocó ayer otra multitudinaria jornada festiva en el Puerto de la Cruz, un municipio pequeño de tamaño pero gigante en sentimiento popular.

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Embarcación en el Puerto de la Cruz. Fran Pallero