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La alegría de Daniel Veas: un alquiler social le permite salir de su casa en ruinas y un nuevo riñón

Este vecino del barrio de La Salud denunció en DIARIO DE AVISOS su crítica situación, con dos hijas, una vivienda inhabitable y a la espera de un transplante que no puede hacerse sin tener un sitio en condiciones en el que recuperarse; ahora la vida le ha cambiado
La casa de Daniel Veas está en pésimo estado, tanto, que un informe de Urbanismo certifica que no es habitable. A la derecha, su historia en la portada del Diario el 26M . Fran Pallero
La casa de Daniel Veas está en pésimo estado, tanto, que un informe de Urbanismo certifica que no es habitable. A la derecha, su historia en la portada del Diario el 26M . Fran Pallero
La casa de Daniel Veas está en pésimo estado, tanto, que un informe de Urbanismo certifica que no es habitable. A la derecha, su historia en la portada del Diario el 26M . Fran Pallero

Daniel Veas tiene casa. Después de siete años moviéndose de una administración a otra, llevando su vida en una carpeta, acudiendo a diálisis cada semana, con una casa que se le caía encima y dos hijas con las que no podía convivir, por fin ha logrado su sueño. “Siento una alegría inmensa”, admite Daniel. Visocan le ha comunicado que tiene un alquiler social para él, 300 euros, luz y agua aparte, en Añaza. Allí se irá el 22 de este mes junto a sus dos hijas, las verdaderas ganadoras de toda esta historia, si es que hay ganadores cuando se habla de vivir dignamente.

“Cuando recibí la llamada de Visocan casi no me lo creía. Después de tantos años, por fin podemos tener un techo digno para nosotros. No te imaginas la tranquilidad que me ha invadido”, cuenta emocionado este vecino del barrio de La Salud. Una casa que, además, desbloquea su transplante de riñón, el mismo que se venía retrasando porque la vivienda que ocupa no reúne las condiciones necesarias para un postoperatorio sin complicaciones.

Daniel Veas, Dani, como lo conocen todos en el barrio de La Salud, contó su historia a DIARIO DE AVISOS, coincidiendo con las elecciones del 26 de mayo. Lo hizo desesperado, exponiéndose públicamente para denunciar lo que a su juicio era una injusticia. Entonces contaba cómo en enero tuvo que sacar a sus hijas de la casa en la que vivían bajo la amenaza de los servicios sociales de retirarle la tutela. La casa cuenta con un informe de Urbanismo que certifica que no está en condiciones de habitabilidad. La dura travesía de Daniel empezó hace siete años, como comienzan muchas de las historias de precariedad, con la separación de su pareja. “Acordamos que la vivienda en la que residíamos se convirtiera en una casa nido, un acuerdo muy común en países europeos, pero que aquí no es muy conocido”, explicaba entonces refiriéndose a que son los hijos los que se quedan de forma permanente en la casa familiar y los progenitores los que rotan su estancia. Sus hijas tienen ahora 10 y 9 años, y Daniel, 49. “Desde que me separé, lo primero que hice fue solicitar una vivienda pública para tener un sitio propio en el que residir. El Ayuntamiento llegó a ofrecerme una, pero hablaron con mi exmujer, que les dijo que no me la dieran, y me quedé sin ella. Tuve que denunciarla por esa falta de empatía hacia sus hijas, una vivienda que iba a compartir con ellas”, explicaba entonces.

Siete años ha tardado Daniel en reconducir esta situación, porque “en los servicios sociales entendieron que mi exmujer y yo convivíamos, por lo que mi expediente se bloqueó. Nadie preguntó, nadie movió un dedo”. Afirmó sentirse maltratado por los servicios sociales porque lo habían considerado un número. Esos servicios sociales son los mismos que ahora se han puesto manos a la obra para ayudar a Dani, pero, sobre todo, para que sus hijas disfruten de su infancia con normalidad. Ahora las niñas viven de manera provisional en casa de su tía, y, a partir del 22 de julio, ya podrán hacerlo con su padre en la nueva vivienda.

En esta solución también ha ayudado que, después de tres años esperando, finalmente han revisado la discapacidad de Daniel, elevándola hasta el 72%. “Si me la hubieron reconocido antes, podría haber accedido a una vivienda en menos tiempo”, lamenta. Ahora también podrá afrontar el transplante en vida que tiene pendiente. Un familiar le donará un riñón.

Dani no quiere olvidarse de dar las gracias a las personas que sí lo escucharon, que se sentaron con él e intentaron ayudarlo en todo este tiempo. Ramón y Sonia son dos de esas personas, y quiere que sepan que les está muy agradecido.

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