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Turistas en el espacio

Pasar unas vacaciones fuera de la Tierra es una realidad cada vez más cercana que estará pronto al alcance de unos pocos; la industria privada invierte enormes sumas para que así sea

Por Enrique E. Domínguez

El día 1 de enero de 1914 tuvo lugar el primer vuelo comercial de la historia. El único pasajero de aquel viaje, realizado entre las ciudades de San Petersburgo y Tampa, ambas en el estado de Florida (EE.UU.), fue Abram Phell, alcalde de San Petersburgo. Realizado a bordo de un pequeño hidroavión Benoist Type XIV de dos plazas, el vuelo tuvo una duración de 20 minutos y el precio del pasaje fue de 400 dólares, toda una fortuna para la época.

Por aquel entonces, la aviación comercial no era más que un sueño y nadie podría imaginar que llegaría un día en que habría aviones que transportarían a centenares de personas a velocidades cercanas a los 1.000 km/h, a una altitud de más de 10.000 metros y a precios asequibles.

Hace décadas que desplazarse en aviones comerciales de un punto a otro del planeta constituye una actividad totalmente normalizada. Lo que poco más de un siglo atrás parecía un imposible hoy es algo cotidiano, y tan frecuente que en 2018 se alcanzó una media de 120.000 operaciones aéreas diarias.

vuelos comerciales al espacio

Actualmente, somos testigos de algo similar a aquel tímido arranque de la aviación comercial, con la diferencia de que esta vez apuntamos mucho más alto: vuelos comerciales al espacio.
Al igual que entonces, hoy podría pensarse que tal cosa no es más que un sueño inalcanzable, posible solo en películas de ciencia ficción y de ficción sin ciencia. Sin embargo, no son pocas las empresas que están invirtiendo enormes cantidades de dinero en hacer posible la mercantilización del espacio a nivel turístico en un futuro muy próximo, y los avances en ese sentido durante los últimos años nos acercan cada día más a ello.

Algunas de estas compañías ya venden reservas y tienen listas de espera de clientes con ansias de experimentar nuevas emociones. Clientes, claro está, con cuentas bancarias que acumulan cifras con muchos ceros. Y es que, del mismo modo que aquellos 400 dólares desembolsados por el señor Phell en 1914 se encontraban solo al alcance de los bolsillos más pudientes, los precios de los pasajes a bordo de las naves en las que podremos desprendernos de las invisibles cadenas de la gravedad serán un lujo disponible únicamente para una minoría.

Aun así, y por desorbitados que sean los precios de los primeros vuelos espaciales comerciales, siempre habrá quien pueda permitirse el gasto, razón por la cual existen también empresas dispuestas a ofrecerlos. La industria turística busca constantemente destinos con los que tentar a una clientela ávida de nuevas experiencias y lugares, y ahora pone sus miras más allá de los límites de nuestro planeta azul.

A pesar de esta aparente novedad del concepto del turismo espacial, lo cierto es que no es algo tan reciente. En el pasado ya ha habido algunas personas que han podido salir al espacio sin motivos profesionales, tan solo por el deseo de vivir la experiencia y el placer de realizar el viaje. O sea, por turismo.

EL PRIMER TURISTA ESPACIAL

El 28 de abril de 2001 despegaba desde el cosmódromo de Baikonur, en Rusia, la misión Soyuz TM-32 con destino a la Estación Espacial Internacional (ISS, por su siglas en inglés). A bordo, suministros para la estación, dos cosmonautas rusos y, por vez primera, un pasajero. Se trataba de Dennis Tito, un empresario estadounidense que tras pasar su vida deseando ir al espacio, y después de dos intentos fallidos en 1990 y 2000, lograba al fin cumplir su sueño, previo pago de 20 millones de dólares para adquirir su plaza en la Soyuz y una estancia en la ISS. Tito se convertía así en el primer turista espacial de la historia, permaneciendo alojado en la estación hasta su vuelta a la Tierra ocho días más tarde.

Después de Tito, otras seis personas pudieron disfrutar de un viaje de placer al espacio entre 2001 y 2011, todas ellas a través de Space Adventures, empresa con sede en Virginia (EE.UU.), que ofrece la posibilidad de llevar a cabo uno de estos viajes a quien pueda permitirse sus precios, entre 20 y 40 millones de dólares.

La firma no dispone de vehículo espacial alguno, por lo que actúa como mediador ofreciendo vuelos a bordo de naves Soyuz del programa espacial ruso. Roscosmos, la agencia espacial rusa, acogió de buen grado esta iniciativa, habida cuenta de que la actividad reportaría unos beneficios nada despreciables a un programa espacial que no va sobrado de recursos económicos.

En la actualidad, el turismo espacial es cosa de la empresa privada, y son varias las que pretenden llevarse el gato al agua. Entre ellas destacan, aparte de la mencionada Space Adventures, Space X, Blue Origin, Virgin Galactic, Orion Span y Axiom Space, que, con diferentes planteamientos, trabajan para convertir el espacio en destino turístico.

Space X

La compañía del visionario y excéntrico multimillonario de origen sudafricano Elon Musk ha sido un revulsivo para el sector aeroespacial durante los últimos años. La apuesta de Space X para el abaratamiento del acceso al espacio se basa en la reutilización, dejando atrás aquella imagen de las etapas de cohetes que caían al océano, perdiéndose para siempre, al agotar su combustible y cumplir su cometido. Las etapas de los lanzadores de Space X vuelven a su base y aterrizan automáticamente de manera vertical para poder volver a ser usadas en otros lanzamientos, lo que implica un enorme ahorro en costes de producción. Básicamente, y simplificando en demasía la explicación, se vuelven a llenar sus tanques de combustible y están listos para ser utilizados de nuevo.

La nave de Space X destinada al turismo espacial lleva por nombre Crew Dragon y cuenta con una capacidad de hasta siete pasajeros. Es una variante de la cápsula Dragon, explotada comercialmente por la compañía con éxito en el transporte de tripulaciones y suministros a la ISS, bajo contrato con la NASA.
Sin embargo, el programa Crew Dragon, tras cosechar importantes éxitos en pruebas no tripuladas, sufrió un serio revés el pasado abril, cuando una de las naves hizo explosión durante un testeo específico de motor. Esto ha retrasado el inicio de los ensayos tripulados, previstos para este verano. No obstante, el arranque comercial de Crew Dragon se puede considerar prácticamente inminente.

blue origin

Jeff Bezos, creador de Amazon, es el fundador de la compañía Blue Origin, con sede en Washington. Del mismo modo que Space X, Blue Origin apuesta por la reutilización en su estrategia de diseño, utilizando igualmente el aterrizaje vertical de sus lanzadores para recuperarlos.

La nave de la compañía concebida para el turismo suborbital se denomina New Shepard, una cápsula presurizada de seis plazas propulsada por un lanzador reutilizable. En las últimas pruebas realizadas por la compañía, el New Shepard ha sobrepasado los 115 km de altitud, superando los 100 km que son internacionalmente reconocidos como la frontera que marca el inicio del espacio.

virgin galactic

Otro conocido multimillonario, Sir Richard Branson, es quien lleva la batuta en esta empresa británica. Su oferta se centrará, inicialmente, en los vuelos suborbitales, ofreciendo a sus clientes la experiencia de un ascenso hasta las capas más altas de la atmósfera durante el cual podrán sentir los efectos de la ingravidez, observar la curvatura de la Tierra y la negrura del espacio por encima de sus cabezas.

Su caballo de batalla es la Space Ship Two, una aeronave a medio camino entre un avión y un cohete con capacidad para seis pasajeros y dos tripulantes que utiliza como plataforma de lanzamiento un avión nodriza especialmente diseñado a tal fin. Dicho aparato eleva a la Space Ship Two hasta los 15.000 metros, altitud a la que se desacopla y enciende su cohete híbrido para continuar ascendiendo. El techo de vuelo del aparato es de 110 km y llega a alcanzar una velocidad de 4.000 km/h.

Celebridades como Lady Gaga, Sigourney Weaver, Paris Hilton o Bryan Singer se cuentan entre quienes han formalizado sus reservas para volar en cuanto el proyecto finalice la fase de pruebas en la que actualmente se encuentra. El abono inicial para reservar pasaje en la Space Ship Two es de 250.000 dólares.

orion span

La propuesta de Orion Span, al contrario que las mencionadas hasta ahora, no se basa en el transporte, sino en el alojamiento. Así, el proyecto Aurora Station pretende ser el primer hotel espacial. Ubicado en la órbita baja terrestre, estará basado en un diseño modular similar al de la ISS, pero de lujo. Orbitará la Tierra a 320 km de altitud, lo que le permitirá ofrecer unas vistas imposibles para cualquier otro hotel.

Este alojamiento orbital será capaz de albergar a seis personas, de las cuales cuatro serán los huéspedes y dos los tripulantes. El precio base para una estancia de 12 días es de casi 10 millones de dólares, en la modalidad de alojamiento de “todo incluido”, eso sí.

El calendario anunciado por Orion Span propone que Aurora Station esté en órbita en 2021 y que reciba a sus primeros huéspedes en 2022. Según Frank Bunger, presidente y fundador de Orion Span, “Tras su lanzamiento, Aurora Station entrará en servicio de inmediato”. Sin embargo, no es tarea sencilla dar crédito a los plazos de ejecución propuestos para un proyecto tan complejo y ambicioso que parte desde cero.

Axiom Space

Esta compañía, fundada en Houston en 2016 por Michael Suffredini, antiguo jefe de programa de la ISS en la NASA, proyecta una estación espacial privada que sustituirá a la ISS, cuyo retiro está previsto en 2024.

Axiom Station ha sido concebida para ofrecer continuidad a las labores científicas que se llevan a cabo en la ISS después de su desaparición. Iniciará su construcción acoplando sus primeros módulos a los nodos disponibles en la estación internacional, a partir de los cuales continuará ampliando su tamaño progresivamente hasta sustituirla por completo. Permanecerá en la misma órbita, a 400 km de altitud.
En su planteamiento, Axiom Station reserva parte del espacio disponible para destinarlo al turismo espacial, prometiendo un alojamiento de lujo, un gran mirador cúpula y diversos entretenimientos a bordo para sus huéspedes, que podrán cohabitar la estación con las tripulaciones científicas destacadas en la instalación durante su estancia.

El precio por una permanencia de 10 días en Axiom Station será de 55 millones de dólares y pretende estar lo suficientemente avanzada como para recibir a sus primeros clientes en 2022.

futuro cercano

De momento, estas empresas centran sus esfuerzos en ofrecer acceso a la órbita baja, aunque sus planes a más largo plazo contemplan la realización, por ejemplo, de viajes turísticos a la órbita lunar. Con toda probabilidad, en el futuro próximo veremos enormes avances en la hoy embrionaria industria del turismo espacial, de la misma manera que se vieron grandes adelantos en los años posteriores al inicio de la aviación comercial que detallábamos al comienzo del artículo.

Tal vez, los destinos de lujo preferidos tradicionalmente por los turistas de gran poder adquisitivo, como podrían ser, por ejemplo, Dubái, Mónaco, París, Islas Vírgenes, Fiji o Bahamas, palidezcan pronto ante la más que exclusiva y excitante experiencia de pasar unas vacaciones flotando en ingravidez en el espacio.
¿Se imaginan los selfis?

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