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La madre tinerfeña de una menor con anorexia lidera una campaña para que actúe Sanidad

María del Carmen Suárez inició una petición en ‘Change.org’ dirigida a la Consejería de Sanidad, que ya suma más de 119.000 firmas, para que se cree este servicio especial que atienda a los afectados

María del Carmen Suárez Lecuona es una madre tinerfeña de una adolescente de 14 años que padece anorexia, que inició una petición en Change.org, que ya suma más de 119.050 firmas, para que la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias cree unidades especializadas que traten los trastornos de conducta alimentaria (TCA), anorexia, bulimia, trastorno del atracón, etcétera, en los niños, jóvenes y adultos de las Islas. Estas patologías pueden llegar a ser mortales, no solo al afectar a su salud física, sino también por los posibles suicidios.

Carmen, que se encuentra en Ciudad Real, ya que su hija está ingresada en una unidad específica de TCA y otra de trastornos infanto-juveniles psiquiátricos, demanda que ese servicio en las Islas esté formado por un equipo multidisciplinar de profesionales sanitarios dedicados en exclusiva, con camas y habitaciones específicas para ellos, y con las unidades externas que sean necesarias para sus tratamientos. Además, solicita que se dé información adecuada a los padres y cuidadores, al ser una parte fundamental en la recuperación y ayuda en el caso de que tengan que abandonar sus trabajos para cuidar a sus hijos.

Laura está ingresada en la unidad específica de TCA del Hospital General de Ciudad Real. “He tenido que suplicar que la derivaran a la Península, ya que la psiquiatra que la trataba en el Hospital Universitario de Canarias (HUC), no consideraba que fuera necesario. En el HUC no hay unidades específicas, lo único que hay es una psiquiatra y una psicóloga que se dedican a atenderlos”, señaló a DIARIO DE AVISOS esta lagunera que sufrió cómo su hija llegó a pesar 37 kilos, con 1,60 metros de estatura, aunque ahora ha mejorado.

Desde junio de 2018 María del Carmen sufre la enfermedad de su hija, “que cada vez ha ido a peor, e incluso ahora se están planteando que tenga otro tipo de problema que no sea solo el alimentario”. “Ella pesaba unos 55 kilos y estudiaba Primero de la ESO. En el verano de 2018 comencé a notar que algo no iba bien. En unos días de calor horroroso, mi hija estaba acostada, tapada con un edredón, o se vestía con ropa holgada. La llevé al médico y este me dijo que le hiciera un seguimiento de peso. Noté que perdía un kilo por semana, no comía y hacía mucho ejercicio. Se había hecho su composición mental de consumir 600 calorías diarias. En estas enfermedades Internet y las redes sociales son muy negativas y ella seguía a algunas niñas que se estaban recuperando de la anorexia, pero lo que estaba haciendo era peor. El acceso a Internet es terrible para estos trastornos, al enviar información deformada”.

Esta madre lagunera recordó cómo Laura empezó a “eliminar alimentos que creía dañinos. Primero las cosas normales, los fritos, el pan, las galletas, etc., y luego pasó a dejar de comer cosas absurdas; no se tomaba los medicamentos porque pensaba que engordaban”. “Mi hija tiene descalcificación en los huesos, bradicardia (alteración del ritmo de los latidos, es decir, corazón lento), y le detectaron también un problema en el riñón”, indicó a este periódico.

Sin motivos aparentes

Sobre los motivos que pudieron originar este trastorno, María del Carmen desconoce qué pudo ocurrir. “No hubo un cambio de Instituto, no tenía problemas con los compañeros, era una niña con muy buenas notas, un perfil perfeccionista, de altas capacidades, cabezota y muy cuadriculada, que incluso se plantearon subirla de nivel. A pesar de estar tres meses ingresada, terminó el curso con todo 10”. Sin embargo, continuó, este año comenzó a tener problemas con los compañeros, se aisló, y tiene unos días que está muy bien y otros muy mal de carácter. Ha cambiado una docena de veces de medicación y nada le funcionaba”, relató.

Para Suárez, la atención a estos pacientes en Canarias “es terrible. No le daban la terapia necesaria, cuando en estas enfermedades es aún más importante que la medicación”. “Estuvo ingresada durante tres meses en la unidad de pediatría del HUC, compartiendo habitación con bebés, niños y adolescentes, tratada por personas que no sabían de qué iban las TCA. Entró el 8 de enero de 2019 y salió en abril con menos peso del que ingresó, con la idea de volver a hospitalizarla otra vez en mayo. Sin embargo, su hija fue la que se negó a volver a ser ingresada y comenzó a comer, “pero pasó al atracón de dulces. Así subió de peso y también su nivel de ansiedad”, señaló.

Ante esta situación, María del Carmen se movilizó desde agosto para que su psiquiatra la derivara a una unidad específica de la Península, sin éxito. Visitó a varios psicólogos y psiquiatras, y ninguno se comprometió a tratarla, ya que es una enfermedad compleja y que debe tener a la vez el apoyo de un nutricionista, un psiquiatra o un psicólogo. La ayuda de Alabente fue una opción, pero tampoco le funcionó. Se ha dirigdo a la Consejería de Sanidad y a la Diputación del Común para defender “la creación de unidades específicas y que sean dirigidas por especialistas, no solo médicos, sino nutricionistas y enfermeros que sepan de qué van las TCA”, recalcó.

Suárez incidió en que la situación en el HUC es terrible. Descontenta con su tratamiento, pidió en dos ocasiones el traslado a la Península, pero al final recurrió a solicitar una segunda opinión médica. Se la dieron en el Hospital de La Candelaria, donde sí le dieron la derivación.

“La diferencia en Ciudad Real es grandísima. Aquí está en una unidad infanto-juvenil psiquiátrica, con unas normas muy rígidas, con otros niños y tutelada por personas que saben lo que hacen. Es una unidad cerrada, con visitas controladas, ya que está en aislamiento. Tiene cuatro psiquiatras, cuatro psicólogos, dos nutricionistas, varias enfermeras y auxiliares especialistas en trastornos alimentarios, y hay unos diez menores ingresados. Yo la veo contenta e ilusionada porque cree que se va a solucionar su problema. Además de su tratamiento, durante 15 días tendrá una terapia familiar, una serie de incomodidades que no tenían por qué darse, si hubiera una unidad en Canarias. La próxima semana volverá a Tenerife. “Esto es una gran carrera de fondo”, finalizó esta madre coraje.

Suárez: “Para las familias, esta situación es terrible y devastadora”

Tras iniciar su petición en Change.org, varias madres canarias se han puesto en contacto con María del Carmen, para pedirle ayuda, consejo o compartir experiencias.

“La información que recibimos los padres es escasa y mucha se adquiere en Internet. En el HUC me dieron un libro para leer, el mismo que ellos consultan. La nutricionista no la veía sino cada mes y medio, por lo que era yo quien tenía que determinar las cantidades, lo que tenía que comer y lo que no, y cuando la veía, negociaba con Laura los alimentos que debía comer y cuáles no. Sin embargo, en Ciudad Real tiene un control estricto y debe comer lo que tiene estipulado”.

“Algunas de esas madres han tenido a sus hijas ingresadas en el HUC varias veces y coincidimos en que la principal carencia es, además de que no haya una unidad específica, que tenga los mínimos recursos profesionales que se dediquen únicamente a este tema, que no hay ningún apoyo para las familias. No nos informan correctamente, ni nos dan herramientas para ayudar a tratar en casa a estos niños, pese a que la psicóloga del HUC me recibía tres veces a la semana para hacer una especie de terapia familiar. Los padres necesitamos muchísimo apoyo, información y ayuda, sobre todo para progenitor, al que los menores hacen culpable, ya que es el que toma la iniciativa de llevarlos a tratamiento”. “Soy su enemiga desde el minuto cero”, continuó, “antes era muy apegada a mí y ahora me tiene un odio tremendo, porque cree que yo la quiero engordar, cebar, fastidiar o que no la entiendo”, lamentó. Las opiniones de los psicólogos son dispares, unos me decían que le diera más libertad, y otros que era demasiado estricta”.

Cuestionada por lo que ha supuesto esta patología en la familia, María del Carmen se sinceró: “Ha sido terrible y devastadora. Supone un gran desgaste tanto para la paciente como la familia. Yo estoy en tratamiento con antidepresivos. Te tienes que dedicar a ella constantemente. Cuando la ingresaron en el HUC no vivía, soy autónoma y tuve que pedir a la mutualidad una reducción de jornada porque solo podía trabajar por las mañanas”.

Dejarse morir

Suárez reconoció que “cuando Laura volvió a casa tras estar ingresada en el HUC amenazó con suicidarse. La anorexia es la enfermedad psiquiátrica que más muertes produce; por tanto, no estamos hablando de una tontería, hablamos de niñas que se suicidan, se autolesionan, es muy grave”, reiteró.

Y puso como ejemplo una niña que ha ingresado cuatro veces. “La niña dice que no quiere vivir, se dejará morir. Tienen de base una depresión bastante profunda, y la punta del iceberg es el TCA. Morirán porque se suicidan o porque las lesiones al dejarse morir de hambre serán irrecuperables”.

María del Carmen Suárez alertó que en Canarias están aumentando “exponencialmente los casos de trastornos de la conducta alimentaria, tanto es así que en la misma clase de mi hija hay tres niñas con diferentes trastornos alimentarios, y he hablado con madres de otras clases que también me dicen lo mismo”.

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