literatura

María Dueñas: “Al final todos queremos lo mismo: historias que nos inspiren”

María Dueñas, autora de novelas como 'El tiempo entre costuras' y 'La templanza', visitó Tenerife dentro del Arona de las Artes y las Letras

María Dueñas

María Dueñas (Puertollano, 1964), es una de las escritoras españolas de mayor éxito. Su primera novela, El tiempo entre costuras (2009) se ganó un lugar en los corazones de millones de personas, no solo como libro, sino como serie televisiva. En diez años ha escrito tres más (Misión Olvido, La templanza y Las hijas del capitán) con la misma aceptación de público y crítica. Ahora prepara su quinta novela, de la que no quiere adelantar nada pues se encuentra en una fase muy temprana. Mientras, se ha dado un salto a Tenerife para participar en Arona de las Artes y las Letras.

– ¿Qué le parece Arona de las Artes y las Letras?

“Me parece una iniciativa magnífica, porque todo estímulo que venga de las instituciones públicas para hacer crecer la cultura y la sensibilidad de los ciudadanos hacia ella en todas sus dimensiones es siempre un paso adelante en una sociedad cultivada, preparada, así que estoy encantada con esta iniciativa y esta invitación”.

– El jueves tuvo un encuentro con los estudiantes de los IES Los Cristianos e Ichasagua. ¿Qué le llamó la atención de las inquietudes de los jóvenes aroneros?

“Ha sido un encuentro magnífico, porque yo hago a menudo este tipo de encuentros con alumnos y a veces resulta un poco difícil sacarles las palabras, que tomen la iniciativa de preguntar, y hoy ha sido todo lo contrario. Hemos tenido que dejar preguntas en el tintero porque no había tiempo. Han sido todos muy participativos y entusiastas, con muchas ganas de saber y con muchísima curiosidad. Ha sido una sorpresa de lo más grata. Hemos pasado una mañana de lo más agradable con ellos”.

– ¿Cuál fue el detonante para que escribiera su primera novela?

“Justo coincidió con que había conseguido mi oposición como profesora titular en la universidad, me fui a hacer una estancia como profesora visitante a EE.UU. y ahí por primera vez, en muchísimos años, me vi con un poquito de tiempo y ganas, sin tener ninguna presión encima de una oposición. Y me vi con el estímulo y las ganas de hacer algo. Yo siempre he vivido en el mundo de la literatura, de las letras, la humanidades… Soy filóloga en lo profesional y una buena lectora en lo personal. Tenía una historia que contar y decidí arriesgarme sin saber qué iba a pasar con ella. Ni siquiera sabía si iba a encontrar una editorial que quisiera publicarla, y desde luego mucho menos sospeché que aquella primera novela iba a darle un vuelco a mi vida. Sobre todo en lo profesional, que no iba a ser algo paralelo a mi carrera académica, sino que iba a venir a sustituirla al final, porque me di cuenta de que no podía con las dos cosas a la vez”.

– No sé si habrá leído o escuchado estos días sobre un tuit del ilustrador y guionista Carles Ponsi, que presentó un proyecto a una editorial y se lo rechazaron porque no tenía suficientes followers. ¿Qué opina?

“(Risas) No lo había oído. Es el mundo al revés. Es una lástima que caigamos en esas tonterías porque no tiene otro nombre. Las redes sociales son estupendas. Son muy útiles para algunas cosas pero yo apenas las utilizo. Y ni siquiera sé los followers que tengo, y mis libros pues funcionan muy bien. Yo creo que la gente es inteligente y sabe distinguir el grano de la paja. Sí es verdad que dentro de las redes también hay mucho postureo, pero que las editoriales funcionen con esos parámetros me parece una locura y ojalá se trate de una anécdota y vuelva el raciocinio”.

– El año pasado cumplió 10 años en el mundo de la literatura. ¿Qué lectura hace?

“Han sido unos años muy enriquecedores en todos los sentidos. Muy creativos, muy productivos y con mucho trabajo e intensidad. Con muchos momentos buenos y muchas ilusiones. Cada novela es el fruto de dos o tres años de trabajo en los que depositas todo tu interés, tiempo, ilusión y esfuerzo, y al final cada una termina siendo como una criatura nueva que te llena de alegría. Y si además de disfrutar escribiendo, después tienes la fortuna de contar con tantísimos lectores, de trabajar con unos equipos editoriales con los que estoy muy a gusto y hago una simbiosis perfecta, y después los medios de comunicación que siempre me acogen con una enorme simpatía y agrado, pues la verdad es que sería muy desagradecida si no estuviera encantada con cómo ha ido esta última década de mi vida”.

– Da la casualidad que la mayoría de sus libros se sitúan en el pasado. ¿Le gusta la historia? ¿Hay alguna razón especial?

“Realmente, cada novela es un mundo en sí misma y no hay una razón que me lleve al pasado, sino que para cada una de ellas encuentro unas coordenadas de tiempo y espacio que me resultan atractivas. Y casualmente, en casi todas las ocasiones me han llevado a un tiempo pretérito. Pero no es conscientemente que empiece a hurgar en el pasado, sino simplemente creo que han quedado cabos sueltos de nuestra historia que no han recibido demasiada atención por parte de la narrativa reciente. Y como a mí me seducen esos temas, esos momentos y espacios, recurro a ellos con sumo agrado”.

– La labor de documentación debe ser ardua. No sé si le llevará más tiempo que escribir la novela.

“Pues mira, casi, porque me absorbe muchísimo. Trabajo mucho la documentación con multitud de recursos y fuentes, pero es que además me apasiona, así que lo hago con el máximo agrado. De hecho, yo misma me tengo que parar y recordarme que no voy a escribir una tesis doctoral, sino una novela, y que tan solo necesito un trasfondo que me la sustente. Pero es que es apasionante sacar cachitos de historia que han quedado perdidos, hablar con gente que vivió aquellos momentos, recuperar obras que quedaron por el camino y que merecerían tener más predicamento del que tienen. Lo disfruto mucho y me lleva unos meses antes de empezar a escribir, y solamente cuando tengo claro todo ese telón de fondo histórico es cuando arranco a abrir un documento que ponga ‘Capítulo 1’ que ponga en marcha la novela”.

– Sus novelas no son solo un éxito en España, también lo son a nivel internacional. ¿Cómo lo vive?

“Eso ha sido una alegría enorme porque yo, que he sido profesora de Filología Inglesa y, por tanto, he trabajado en contextos internacionales, ver mis novelas publicadas en otras lenguas y que funcionan en otros circuitos literarios me llena de alegría. He recorrido por fortuna medio mundo con las novelas debajo del brazo. Ahora cada vez que publico una arranco la promoción por toda Latinoamérica, es una satisfacción enorme. Y además te das cuenta de que en el fondo los lectores no somos tan distintos. Por encima de las fronteras que nos separan y las lenguas, al final todos queremos lo mismo: encontrar historias que nos inspiren, que nos seduzcan y que nos trasladen a otros universos”.

– Su éxito también se extiende al mundo audiovisual con el éxito de la adaptación de El tiempo entre costuras y ahora con La templanza, una de las series más esperadas que además, en parte, se rodó en Tenerife. Ha colaborado en los guiones también.

“En las dos series, primero en El tiempo entre costuras y ahora en La templanza, hay un equipo de guionistas que eran los que hacían el trabajo pero yo estaba coordinada con ellos, en constante comunicación, viendo con ellos y revisando todo, intercambiando pareceres, con lo cual estuve implicada a nivel de guión. El resto ya excede mis conocimientos y mi capacidades y solo me he limitado a ver un poco el rodaje. Lamentablemente no pude venir a Tenerife cuando estuvieron aquí grabando, pero vi fotografías y fragmentos y tiene una pinta maravillosa, porque va a cubrir escenarios de La Habana, de México del siglo XIX… Creo que va a quedar precioso. Tengo muchísimas ganas de verlo todo terminado”.

– Estaría bien visitar el rodaje de la adaptación de su última novela, Las hijas del capitán, que sería en Nueva York.

“Hay ganas. Vamos a ver. Todavía estamos con La templanza pero sería fabuloso poder llevar a estas tres chicas españolas malagueñas a Nueva York. Sobre todo ver las calles de aquella época. Muchos de los lugares que menciono en la novela permanecen en pie perfectamente”.

-La emigración a EE.UU. es bastante desconocida.

“Muy desconocida. Tendemos a pensar, porque numéricamente fueron más, que todos terminaron en América Latina. Pero a EE.UU. fueron muchos. Sí es verdad que tenían orígenes distintos, se emplazaron en lugares distintos, el país es enorme, y no ha habido un estudio muy enfocado sobre ellos hasta ahora, que uno investigador de la Universidad de Nueva York, James Fernández, y un periodista asturiano, Luis Argeo, ambos descendientes de aquella emigración, y han hecho una labor de documentación gigantesca. Y ahora mismo se puede ver todo una exposición en Madrid, en Conde Duque, maravillosa que viene a rendir un tributo maravilloso a todos esos emigrantes que se fueron a Nueva York”.