sociedad

Confinamiento en el puerto base

El AIDAnova, que se estrenó como crucero en Tenerife en 2018, lleva atracado en el puerto santacrucero desde el 13 de marzo
Después de 20 días atracado en el puerto capitalino, única embarcación en el muelle la mayoría de esos días, el AidaNova abandonó a mediodía de ayer las instalaciones una vez que repatrió a 185 tripulantes desde el aeropuerto Tenerife Sur. El lujoso crucero zarpó con una mínima tripulación y, según las previsiones de la Autoridad Portuaria, regresará a la ciudad el próximo fin de semana. Le hemos cogido cariño. DA
Después de 20 días atracado en el puerto capitalino, única embarcación en el muelle la mayoría de esos días, el AidaNova abandonó a mediodía de ayer las instalaciones una vez que repatrió a 185 tripulantes desde el aeropuerto Tenerife Sur. El lujoso crucero zarpó con una mínima tripulación y, según las previsiones de la Autoridad Portuaria, regresará a la ciudad el próximo fin de semana. Le hemos cogido cariño. DA
Después de 20 días atracado en el puerto capitalino, única embarcación en el muelle la mayoría de esos días, el AidaNova abandonó a mediodía de ayer las instalaciones una vez que repatrió a 185 tripulantes desde el aeropuerto Tenerife Sur. El lujoso crucero zarpó con una mínima tripulación y, según las previsiones de la Autoridad Portuaria, regresará a la ciudad el próximo fin de semana. Le hemos cogido cariño. DA

El AIDAnova, de bandera italiana y capitaneado por Marc-Dominique Tidow, se está convirtiendo en estampa habitual del Puerto de Santa Cruz de Tenerife desde su llegada en la noche del pasado 13 de marzo. Y es que, debido al estado de alarma por la pandemia del coronavirus decretado al día siguiente, su atraque se hizo indefinido hasta la mañana del miércoles 1 de abril. Habían sido diecinueve días consecutivos en la isla.
Sin embargo, su partida fue tan solo -que no es poco- para la limpieza del casco y el mantenimiento de los motores de este majestuoso crucero de lujo, labor que se realizó en una zona entre Tenerife y El Hierro. Dicha operación se volverá a llevar a cabo dentro de unos 15-20 días regresando de nuevo a puerto. Y así hasta que Dios quiera…. y la autoridad lo ordene.
En la mañana del pasado sábado se acercó de nuevo a apenas una milla de la bocana del puerto. Fue vigilado muy de cerca por la lancha de los prácticos y, tras unos minutos prácticamente parado, enfiló su proa hacia su refugio del último mes en Tenerife. Lo hizo custodiado en la distancia por varios remolcadores (aunque con las nuevas tecnologías, en cruceros no se suelen usar) y en sus últimos metros, y hasta su amarre final, fueron acompañados por silbidos de júbilo, aplausos y algún que otro cántico por parte de los propios tripulantes y los estibadores que los recibieron en el muelle. No hay que olvidar que Tenerife es su puerto base. El martes 10 de marzo, el AIDAnova realizaba su habitual atraque semanal como viene haciendo desde su estreno en el primer crucero, precisamente desde Tenerife el 19 de diciembre de 2018. El buque fue entregado una semana antes y este navío es el primer crucero en el mundo que puede operar utilizando como único combustible gas natural licuado (LNG). Teniendo en cuenta los desafíos técnicos de ser el primer crucero LNG y tratar de minimizar los costes de diseño, Carnival Cruises ordenó su segundo buque idéntico, que se entregará previsiblemente este año.
El AIDAnova es un crucero construido por Meyer Werft GMBH, astillero ubicado en Papenburg (Alemania), bajo contrato con Carnival Corporation para AIDA Cruises. La primera de las nuevas naves de la clase Excellence, fue botado el 21 de agosto de 2018 y estuvo en fase final de pruebas de mar durante el mes de noviembre de 2018. Como características principales tiene un peso muerto de 183.858 toneladas, con una eslora de 337 metros, una manga de 42 y un calado de 8. Puede alcanzar una velocidad máxima de 21,5 nudos, siendo de 17 la de navegación. Cuenta con una capacidad de 5.200 pasajeros (un máximo de 5 personas por camarote) y 1.650 tripulantes. Dispone de veinte cubiertas y 2.500 camarotes.
Dentro de los servicios que ofrece a bordo, hay 23 bares y salones, 17 restaurantes, cine, biblioteca, spa, acceso a Internet, sala de exposiciones, casino, tiendas, teatro, sala de juegos, lavandería, salón de belleza, discoteca y se celebran bodas a bordo. Para los amantes del deporte cuenta con pista de baloncesto, mini golf, jogging, gimnasio, rocódromo y 6 piscinas exteriores. No faltan las instalaciones para niños y jóvenes, ya que tiene guardería, zona para ambos, programa de jóvenes y piscina para niños. Los camarotes disponen de cuarto contiguo, caja fuerte, teléfono, secador de pelo y cabinas individuales. Para todos aquellos que puedan permitírselo, los precios, durante un crucero de ocho días, van desde los 749 euros en la cabina interior, hasta los 2.145 en una suite, pasando por los 945 euros en la cabina exterior y los 1.049 de la cabina con balcón.
Su llegada a la Isla fue de noche. Al día siguiente, también en horario nocturno, se produjo el desembarco del 90% de los pasajeros, que fueron llevados al aeropuerto Tenerife Sur. El traslado se realizó en un total de 25 guaguas (con capacidad para 60-70 viajeros), las habituales que se utilizan en estos casos para las excursiones y visitas a lugares de interés de la Isla. Estos pasajeros retornaron a sus respectivos países de origen una vez entrada la madrugada y a primera hora de la mañana del domingo 15 de marzo.
La noche del 26 de marzo, la tripulación y varios centenares de pasajeros que todavía permanecían en el AIDAnova, quisieron agradecer a Tenerife la enorme solidaridad demostrada por acogerlos en el muelle santacrucero en pleno estado de alarma, decretado doce días antes. Para ello, prepararon un precioso espectáculo de luces, con una pequeña recepción hacia la mitad del navío y por estribor, reproduciendo la frase “Gracias Tenerife”, hecho que provocó la admiración de varios centenares de vecinos agolpados en las terrazas de sus casas en la avenida Francisco La Roche, aunque también fue visto en la distancia por gran parte de la población de la capital chicharrera.
Cinco días después, en el primer día de abril, zarpaba rumbo a alta mar dirigiéndose a una zona entre Tenerife y El Hierro. Allí realizaron labores de limpieza del casco y revisión y mantenimiento de los motores, dado que el AIDAnova llevaba diecinueve días atracado y sin moverse.

achille lauro

Si bien no se ha batido el récord histórico de permanencia en el puerto de Santa Cruz de Tenerife de un buque de manera continuada, el atraque del AIDAnova, obligado por la crisis del coronavirus, va a marcar un antes y un después en pleno siglo XXI. No hay que olvidar que el barco trasatlántico italiano Achille Lauro, que había permanecido un año retenido por diversos embargos en el puerto de Santa Cruz, zarpó del mismo en enero de 1983, tras satisfacer sus armadores parte de las deudas contraídas en Canarias.
Según un artículo publicado en El País y firmado por Carmelo Martín, justo al día siguiente de haber zarpado el Achille Lauro del puerto capitalino, el buque intentó recuperar su condición de estrella en largos cruceros turísticos. Aunque otros barcos sufrieron embargos tan prolongados como aquel en la historia de la navegación, pocos buques de pasajeros dedicados al recreo, como el Achille Lauro, vieron antes interrumpida su actividad de esta manera. Altos directivos de la casa Lauro habían visitado días antes Tenerife para ultimar las gestiones y preparar la marcha del famoso buque.
Según informaciones que fuentes de la consignataria prefirieron no confirmar, la citada campaña italiana pagó alrededor de cuarenta millones de pesetas a Cepsa y unos veintisiete millones a la Junta de Obras del Puerto de Santa Cruz de Tenerife.
El Achille Lauro, con capacidad para más de 1.300 plazas y más de 37 años de historia, había arribado al puerto tinerfeño el 23 de enero de 1982 para hacer escala en un crucero turístico que concluía en el puerto de Tilbury, en el Reino Unido, para el que había sido contratado a la flota Lauro por la agencia internacional TFC. Un Juzgado de Tenerife no permitió que zarpara debido a la orden de embargo que pesaba sobre el barco, como consecuencia de una deuda de 39 millones de pesetas no abonada por la naviera a una compañía alemana de contenedores.

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