crisis coronavirus

De perder el patrimonio a perder a los creadores

Un año después de los incendios que se declararon en la catedral de Notre Dame, el coronavirus nos intenta arrebatar a grandes artistas de distintas disciplinas

El refranero español contiene infinidad de frases que intentan describir nuestra vida diaria, esa que ahora se ha visto truncada por la aparición del coronavirus. Una de las que podría definir con mayor exactitud lo que estamos viviendo es la de que “las desgracias nunca vienen solas. No en vano, hemos podido observar cómo durante el desarrollo de esta crisis sanitaria global, también tienen lugar en diferentes puntos de la geografía mundial otra serie de conflictos, tanto de carácter bélico como de insolidaridad, que según declaraba ayer a DIARIO DE AVISOS el filósofo, poeta, ensayista, matemático y doctor en Ciencias Políticas Jorge Riechmann, sumados a la escasa conciencia respecto a la naturaleza y el medio ambiente, ponen en serio riesgo, incluso, nuestra supervivencia como especie, al menos en el planeta Tierra.

En aquella entrevista, el también traductor hacía referencia al patrimonio natural, aunque su afirmación podría hacerse extensiva también al cultural. Y ayer, precisamente, se cumplió un año de una de las catástrofes más sonadas en lo que a pérdida del legado artístico se refiere. Hace justo doce meses, la humanidad entera lloraba por la catedral de Notre Dame, que se veía envuelta en llamas ante el asombro de los que la habían visitado alguna vez. También de aquellos que supimos de su existencia siendo muy pequeños, como escenario ficticio de la película El Jorobado, de Disney. Y, por supuesto, resultó un enorme varapalo para los amantes de la arquitectura, pues posiblemente se trate del monumento católico más afamado del mundo, y el de mayor prestigio por la perfección de sus trazos y el profundo significado que entraña la disposición de su estructura, con los amplios rosetones como emblema.

Un año después, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, recuerda que su compromiso de reconstruir el complejo en un lustro continúa en pie. Aunque quizás, en este momento lo que preocupa más a las autoridades ya no solo del país galo, sino a toda la comunidad internacional, es la pérdida de vidas. Y entre las cifras de fallecidos por el coronavirus, que tendemos a ver únicamente como eso, números, cantidades, se encuentran seres humanos con nombre y apellidos, con rostro, y se hallan creadores, que al igual que los arquitectos de Notre Dame, nos regalan el fruto de su imaginación y esfuerzo a través de la música, la pintura, el baile, la literatura, el cine o la escultura, entre otras disciplinas.

Dentro de la lista de afectados por la enfermedad figuran nombres conocidos como el actor Tom Hanks, la cantante Pink, el tenor Plácido Domingo, la actriz Danna García (Pasión de Gavilanes), el actor Idris Elba (Luther), el teclista David Bryan (de Bon Jovi) o el saxofonista argentino Marcelo Peralta, que fallecía por este motivo. Y a ellos, fuera ya del ámbito cultural, se unen otras personalidades destacadas como el príncipe Carlos de Inglaterra, el cantante Juan Salazar (Los Chunquitos), el periodista Jaime Peñafiel, el jugador de baloncesto Alfonso Reyes, el actor Tristán Ulloa, el juez Baltasar Garzón, la influencer Madame de Rosa o el empresario Lorenzo Sanz.

Estos momentos de debilidad nos hacen reflexionar, y pese a lo traumáticos que resultan, nos enseñan que ante los fenómenos denominados naturales -aunque no todos lo son, como los causados por la contaminación- todos, con independencia de nuestra trayectoria, somos igual de vulnerables, tan frágiles como la aguja central de Viollet-le-Duc, en Notre Dame, que cayó, como en el aria de Rigoletto, “cual pluma al viento”.

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