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¿De qué vamos a vivir? La incertidumbre sobre el futuro de las Islas

La previsible caída del PIB canario de en torno a un 20% este año genera una enorme incertidumbre sobre el futuro de las islas, muy dependientes del turismo, víctima económica central del coronavirus

“Nada nos humaniza tanto como la aporía, ese estado de intensa perplejidad en el que nos encontramos cuando nuestras certezas se hacen añicos; cuando, de repente, quedamos atrapadas en un punto muerto, sin poder explicar lo que ven nuestros ojos, lo que tocan nuestros dedos, lo que oyen nuestros oídos ”, dice el exministro griego Yanis Varoufakis, en su libro ‘El minotauro global’. Y así, perplejo, se quedó Raúl Reyes aquel sábado 14 de marzo en el que el Gobierno central decretó el estado de alarma para luchar contra el coronavirus. Y no solo porque tenía que cerrar el bar-cafetería que regenta con otro socio en la Avenida de Anaga. También, porque podía quebrarse el camino que tomó en 2010, cuando el dueño de otro pequeño garito en La Laguna le comentó que lo traspasaba y él, de vuelta de Madrid, se animó en medio de la anterior crisis, porque el futuro, dicen, es de los valientes que pelean y se quedan hasta las tres de la mañana cerrando el negocio y se levantan a las nueve para recibir a los proveedores.

El coronavirus ha provocado ya en España 22.902 muertos, 131 de ellos en Canarias. Y producirá la mayor caída del PIB nacional desde la Guerra Civil, un 8%, según el FMI, y en torno a un 20% en Canarias, según estimaciones del propio Ejecutivo regional. El desplome del sector turístico, que produce en torno a un 35% de la riqueza de las islas y un 40% del empleo ha sido total. Un golpe antológico en una comunidad donde el 35% de la población estaba ya en riesgo de pobreza o exclusión social antes de esta crisis.

“El futuro va a ser duro, duro, duro”, repite tres veces el profesor de Economía Antonio González Viéitez, histórico de la izquierda canaria y consejero de Política Territorial del primer Gobierno de Coalición Canaria, de la que se devinculó tras el pacto de CC con el PP en 1995. “El modelo que tenemos es producto de un crecimiento infernal, con una monodedicación al turismo de masas que hizo que llegara muchísima gente de fuera para trabajar. Y fue tal la voracidad de la dirigencia canaria en explotar el turismo a tope, que fue a un ritmo muy superior al que permitían nuestros recursos propios”, explica.

Después de los primeros pasos del Gobierno central para salvar la estructura productiva del país y garantizar rentas -favorecer los ERTEs de las empresas afectadas durante el estado de alarma por el COVID-19, que incluyen a unos 200.000 canarios, inyectar 100.000 millones de liquidez a empresas y autónomos a través de la financiación del Instituto de Crédito Oficial, flexibilizar el pago de algunos impuestos, dar moratorias al alquiler o el pago por el cese de actividad a un millón de autónomos-, el Gobierno de Canarias también ha tomado algunas medidas, como complementar una parte de ese cese de actividad de los autónomos o el aplazamiento del cobro de IGIC a junio.
“Sin ningún tipo de ayudas, tendría que cerrar en tres meses”, afirma Raúl, en cuyo negocio le han hecho un ERTE a tres personas. “Pero el problema es que lo que están dando son cosas que habrá que devolver”, explica. “Es difícil estar ahí tomando decisiones, pero, a los empresarios más pequeños, quizá habría sido interesante darles ayudas directas”, explica Lola Pérez, directora general de la Cámara de Comercio de Tenerife.

Ahora son todo incertidumbres. Con un desplome sideral del IGIC, la principal fuente de recaudación propia del archipiélago -1.472 millones de euros el año pasado-, el Gobierno ha tenido que firmar una póliza de crédito de 1.700 millones de euros para gasto corriente. Pero, para una situación así, necesita mucha más liquidez, y el Ejecutivo pretende sacarlo liberando el superávit de las administraciones canarias -más de 4000 millones de euros- y aumentando su capacidad de endeudamiento. Y para ambas cosas se necesita la autorización del Gobierno central, que mira de reojo al Plan de reconstrucción europea -bosquejado esta semana por los líderes de los distintos países de la U.E- que presumiblemente también dará alguna ayuda a la Regiones Ultraperiféricas como Canarias. Pero falta tanta concreción todavía que da miedo pensarlo, con la calma con la que se deciden estas cosas en la UE, que es un juego permanente de equilibrios y poderes.

“Para impulsar un plan de reconstrucción canario, primero es necesario aclarar la situación”, reconoce Elena Máñez, consejera de Economía de Gobierno regional, que ha pedido al Ejecutivo central que se prolonguen los ERTEs en el sector turístico hasta diciembre, una medida que también demandan los empresarios. Esta semana, la portavoz de CC en el Congreso, Ana Oramas, cuyo partido presentó un plan económico de choque en Canarias, solicitó al presidente Pedro Sánchez un tratamiento diferenciado para la islas. “Canarias va a ser dentro de unos pocos meses una cuestión de Estado”, afirmó. El portavoz de Nueva Canarias, Pedro Quevedo, señaló los riesgos de una fractura social.
“Hay que activar el sector de la construcción a través de la obra pública”, afirma Fran Bautista, secretario de la Federación de Servicios Publicos de UGT en Canarias. De nuevo, la larga sombra del economista británico John Maynard Keynes, cuyas teorías salvaron -y cambiaron a mejor- al capitalismo en los años treinta y cuarenta del siglo pasado, con la defensa de una fuerte intervención del Estado a través de gasto público para estimular la demanda.

CONSTRUCCIÓN

“Ahora mismo hay que tirar de la construcción”, afirma José Miguel González, economista y director de la consultora Corporación 5. La construcción supone algo más del 6% del PIB en Canarias, pero llegó a aportar el 10% antes de la Gran Recesión de 2008. “Tenemos un enfermo infartado y lo que hacer es devolverlo a la vida. Es lo que se llama formación bruta de capital. Hay que agilizar obra pública, inversión pura y dura que arrastre a otros sectores de la economía. Y hay que favorecer la rehabilitación de la planta hotelera aprovechando la situación del sector, bien a través de incentivos que incluye el Régimen Económico y Fiscal canario, bien a través de los planes de rehabilitación que ya existen”, explica. “El sector público tiene que ser ágil. No puede ser que tarden 14 meses en darte una licencia de obra”, afirma Lola Pérez. “Que ningún problema admisnitrativo frene ahora una inversión ”.

“Keynesianos somos todos en esas tesituras, pero habría que pensar el tipo de obras estratégicas que convienen”, afirma José Ángel Rodríguez, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna. “Que aparezca la agenda, el listado de construcciones, y que la opinión pública pueda estar en el debate”, defiende. “No es lo mismo que intenten hacer la tercera pista del aeropuerto Reina Sofía o el Puerto de Fonsalía que construir infraestructura sanitaria. Cuando a mí me dicen obra pública, lo primero que pienso es en vivienda social, con buenas urbanizaciones, con polígonos que, a lo mejor, necesitan escuelas, un centro de salud o conexiones viales para ir a otras vías más importantes. Porque es una vergüenza cómo están muchas viviendas sociales en estas islas”, afirma. “La rehabilitación también es importantísima. Pero hay que preparar la formación para esto, desde las plantas hoteleras a barrios o viviendas simbólicas que tenemos. Tienes que cualificar al personal, porque, en Canarias, hay una pobreza tremenda en las empresas”.

TURISMO

Aunque la madre del cordero va a seguir siendo el sector turístico y su futuro en los próximos meses. Exceltur, el lobby turístico que reúne a las 29 empresas más importantes del sector da prácticamente por perdido el año 2020 en España, con caídas de hasta el 80% en la facturación que, en Canarias, se traducirá en la pérdida de 12.645 millones de euros. Con los datos positivos de la evolución de la pandemia, el Gobierno regional intenta acelerar algo el desconfinamiento en las islas para que el sector pueda tener un mínimo de actividad en los meses de julio y agosto, aunque sea solo el turismo local. Como mucho, algo nacional. Pero ya hemos visto que el Ejecutivo central quiere tener el control absoluto de los tiempos, como trascendió el pasado viernes tras la reunión de las comunidades con el Ministerio de Sanidad, donde se enfriaron las expectativas optimistas generadas aquí con el plan de desconfinamiento canario.

También se trata de posicionarse de cara a la apertura de los mercados internacionales de turismo, cuando sea que eso se produzca. “Canarias tiene que vender que es un destino seguro, con una sanidad magnífica. Ahí está la imagen del hotel que se aisló en Adeje, con la gente que salía diciendo lo bien que habíamos actuado”, defiende Fran Bautista. “Si no nos anticipamos en velocidad, nos puede ir peor, por nuestras propias vulnerabilidades. Somos un archipiélago, estamos alejados, siempre va a haber costes de transacción superiores a los de otras comunidades”, afirma José Miguel González.

Con una creciente sensación de que el Gobierno español da algunos bandazos desconcertantes, aún hoy faltan por definir los protocolos de seguridad que se seguirán cuando volvamos a la “nueva normalidad”, que diría Pedro Sánchez. “Todo lo que es sector turísitico va depender mucho de las regulaciones europeas”, explica José Carlos Francisco, presidente de CEOE Tenerife y exconsejero de Economía y Hacienda. “Hay que ver si los aviones van a venir llenos o a la mitad, la separación entre personas, los controles sanitarios en los aeropuertos a las salidas y las llegadas, etc”. Y , sin vacuna en un horizonte definido ni un tratamiento estándar efectivo para los casos más graves, ni siquiera podemos descartar otra oleada del virus que golpee de nuevo a la economía. Aquí y en el mundo. “Los protocolos de seguridad tienen que ser claros, haciéndolo todo poco a poco, para que no tengamos que dar marcha atrás. Y si tuviéramos que hacerlo, que esté toda la respuesta sanitaria preparada”, explica Lola Pérez.

Para José Miguel González, el sector turístico tendría que estar funcionando con cierta normalidad en el primer cuatrimestre del próximo año. “Llegará un momento en el que el sector público ya no pueda hacer más. La deuda tiene que estar soportada sobre algo, y ese algo suele ser la realidad tributaria que tú tienes, los impuestos que puedes cobrar”, explica. “Además, una caída del PIB por debajo del 6% es mucho peor para el bienestar y la sanidad que cualquier pandemia, con todo el deterioro de servicios públicos y los problemas mentales y físicos que produce. Hay que apostar por la responsabilidad personal de la ciudadanía, saber que la custodia y el valor de la salud se puede gestionar ejerciendo la libertad”, defiende.

FOCOS DE ATENCIÓN

Pero todo está desajustado, el Banco Central Europeo está comprando como loco deuda de los estados y un plan generoso de reconstrucción europeo podría aumentar la capacidad de inversión pública para políticas más a largo plazo. “Cuando se habla de una salida, hay que distinguir bien entre medidas de choque puntuales y reformas estructurales”, explica José Ángel Rodríguez. “Si el virus se controla rápido, nos vamos al primer tipo de medidas. Pero si se alarga en el tiempo y se convierte en algo que implica nuevos hábitos en las relaciones entre la gente, la manera de estar en la calle, la forma en que las empresas prestan sus servicios y elaboran sus productos, entonces se revalorizaría más la segunda parte, que tiene implicaciones en el modelo productivo”.

Rodríguez menciona tres focos de interés en las circunstancias actuales, con inversiones que pueden empezar a corto plazo. “Por un lado, la seguridad. Pero no solo en el sentido de ir por la calle y no sufrir ningún tipo de violencia, sino en los productos que consumamos, en los aeropuertos, las fronteras, los servicios públicos, el cumplimiento de contratos. Luego, la salud, en un sentido amplio. Desde las residencias de mayores a los parques, pasando por quienes tienen minusvalías o situaciones de dependencia. Una salud integral, sin exclusiones, que cuide también de la gente con pobreza severa. Y por último, el medio ambiente y la gestión de los espacios públicos: el cuidado de las plazas, de las zonas verdes, de espacios natural, de la biodiversidad, de las playas, la depuración de aguas. Incluso la estética ambiental, que se preserve la belleza de los paisajes. Hemos visto la relevancia de todas estas cosas de la ecología. De hecho, hay ya estudios que señalan la relación entre un mayor impacto de estas enfermedades y la contaminación medioambiental”, explica Rodríguez, que defiende que haya una tasa para la reconstrucción económica una vez el PIB retome cifras positivas, un impuesto parecido al que Alemania estableció para la modernización de la antigua RDA.

“A corto plazo, ¿dónde puede haber mucho empleo? En los servicios públicos. No hay otra. En educación, sanidad, dependencia”, afirma González Viéitez. “Y quizá algo en la Canarias vaciada, aprovechando los recursos naturales”. Viéitez defiende que las rentas mínimas se vayan convirtiendo en salarios públicos y que la gente preste servicios, que no esté parada en casa. Rechaza la grandes obras faraónicas, como los trenes: “Organicen el transporte”, dice. Y, sobre todo, defiende salir ya de la dependencia tan grande del turismo, la tarea siempre postergada de la economía canaria. “El turismo tiene que decrecer, así de bruto. Y algunas zonas turísticas que se han quedado degradadas probablemente se tengan que echar abajo, pero no para reconstruirlas, sino para establecer zonas verdes o zonas de esponjosidad. Y habrá que poner una tasa turística para compensar a los propietarios”.

¿NUEVOS MODELOS?

Para José Carlos Francisco, las críticas al modelo productivo son “oportunistas”. Según Francisco, “las crisis anteriores quizá nos han impactado un poco menos. Y eso es porque el sector servicios, el sector turístico, ha sido la base nuclear de nuestra economía. Es verdad que ahora nos afecta más que a otros, pero desde que desaparezcan las restricciones sanitarias, vamos a ir más rápido”, afirma, mientras defiende que casi todas las economías de la escala de Canarias tienen un grado de especialización en un sector. “Además, cambiar el modelo productivo lleva tiempo, el sector turístico seguirá siendo el motor durante décadas más”.

“Pues yo estoy convencido de que, con las reservas cada vez mayores que hay hacia el uso del avión [por contaminante] este monocultivo del turismo de masas, sol, playa y 16 millones de personas está llegando a su fin”, considera Viéitez. “Ahora tenemos que apostar por un turismo de mucha calidad y mucha menos cantidad. Y por cambiar completamente el modelo energético. Pero no sacando a concurso plantas de renovables para que se las lleven grandes transnacionales. Las infraestructuras básicas de distribución y almacenamiento de energía deberían de ser públicas. Eso generaría montañas de dinero en un sector con demanda garantizada y solvente por principio, porque todo el mundo tendrá que seguir encendiendo la luz. Y también tenemos a mano las impresoras 3D, que eliminan los costes fijos. Se pueden hacer hasta aspas de molino. Mira a la gente fabricando respiradores en Murcia”.

Aunque sí es cierto que culminar una diversificación productiva lleva tiempo. A desarrollar esas estrategias se dedica el ingeniero Roque Calero, que está preparando un plan regional de desarrollo sostenible para 2030 y defiende que esto no es una utopía de hippies, fumetas o partidarios de la autarquía, sino una posibilidad real en la búsqueda de una mayor sostenibilidad y autosuficiencia, aunque sin ninguna obsesión norcoreana. Y no solo en las energías renovables, también en agricultura, ganadería, conocimiento y transportes. O en la relación con África, otra asignatura pendiente donde nos obsesiona el módulo ‘cayucos y pateras’, sin ver que hay ahí 1.256 millones de personas que en 2050 serán el doble. Una oportunidad para ofrecer formación desde Canarias, para hacer nosotros prácticas universitarias, para recibir muchos más estudiantes de allá, para comercializar mercancías, llevar energías renovables, desalar agua, fomentar la agricultura a pequeña escala…

BUSCANDO UN BLOQUE SÓLIDO

“Muchas actividades diversas terminan creando un bloque sólido”, argumenta José Ángel Rodríguez. “Canarias debe tener algo de presencia en ese supermercado mundial, ofrecer algo que sea atractivo. ¿Sólo turismo? Teníamos la mejor harina de pescado del mundo, una buena industria tabaquera, algunos productos agrícolas de excelencia, flores. Y ahora preguntas: ¿qué ofrece Canarias? Salvas a Tirma o a alguna empresa de agroalimentación y casi no te queda nada”.

“El problema es que al empresariado canario, que no es una élite pensante, ni tiene por qué serlo, solo se le ha ofrecido una pista de aterrizaje, el turismo. Cuando se le ofrezcan otras con un plan detallado, el dinero vendrá como a un panal de rica miel”, afirma convencido Roque Calero.

Pero en una tierra de reyezuelos y cambalaches políticos, la buena planificación es casi un imposible filosófico. “Haces un plan, entran otros y lo meten en el cajón”, explica Calero al mismo tiempo que reconoce que lo ideal sería un proyecto vinculante para todos los partidos, un pacto regional para trazar ese horizonte que queremos y que quizá podría esbozarse en el plan de reconstrucción anunciado por el presidente canario Ángel Víctor Torres. “La prioridad, ahora, es salvar el tejido productivo que tenemos”, afirma Elena Mañez separando una cosa de la otra.

El otro gran obstáculo es la falta de formación, con un 35% de los parados con solo estudios primarios y un 56% con solo estudios secundarios. Un problemón para una economía que quiera promover una agricultura tecnificada, prestar servicios avanzados más allá del turismo, generar conocimiento. En definitiva, lo que hacen los países desarrollados, crear un fermento de ideas, de dinamismo, de cultura crítica. Lo contrario de la economía de la gratuidad que practican los pícaros, pero también los “buscadores de renta” , como los define José Ángel Rodríguez. “Lo que en Canarias llevamos mucho tiempo padeciendo, gente que está cerca del poder y obtiene favores, privilegios, En definitiva, los gorrones”.

Nada que ver con Raúl Reyes, que la noche del 14 de marzo tenía la mirada pegada al televisor mientras se hablaba del estado de alarma. “Es muy duro bajar la persiana del bar porque te obligan y saber toda la mercancía que se queda dentro”, cuenta. “En esos raros momentos -cuenta Varoufakis-, mientras nuestra razón se esfuerza con valentía para comprender lo que registran nuestros sentidos, nuestra aporía nos humilla y prepara a la mente bien dispuesta para verdades antes insoportables. Y cuando la aporía despliega su red para atrapar a toda la humanidad, sabemos que estamos en un momento muy particular de la historia”.

 

Los empresarios piden que se posponga la inversión RIC

Una de las peticiones de la CEOE es que los empresarios puedan, este año y el próximo, posponer la materialización de la Reserva de Inversiones Canaria (RIC), un incentivo fiscal autonómico que supone una reducción en el impuesto de sociedades para que se reserve ese dinero a inversión dentro de un catálogo de posibilidades que ofrece la ley. También piden que se pueda invertir para comprar deuda pública canaria. “Sólo implica unos pequeños cambios legislativos”, afirma José Carlos Francisco, presidente de CEOE en Tenerife. “Desde la concepción actual de la RIC, no es una idea descabellada”, afirma González Viéitez. “Pero el modelo de RIC que yo defiendo es para empresarios que arriesgan su capital para crear empleo estable, no para comprar deuda y sacar rentabilidad por el tanto por ciento de interés que luego tendrá que pagar el Gobierno canario al devolver el dinero.

 

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