CLAVES PARA SER BRILLANTES

El desconfinamiento emocional

La nueva realidad requiere de nuevas estrategias para afrontarla, y esto no sólo se refiere al ámbito social, político o económico

Tras más de dos meses de estado de alarma, un confinamiento sin precedentes y una repentina crisis global, parece que nos encontráramos ante un escenario del que no hay mascarilla que nos salve. La nueva realidad requiere de nuevas estrategias para afrontarla, y esto no sólo se refiere al ámbito social, político o económico. Somos seres humanos inmersos en una experiencia única, o al menos poco conocida para la mayoría. Y junto a la desescalada, también llega la hora de adaptarnos a esa nueva normalidad de la que tanto escuchamos hablar. Lo que nos salvará, a parte de las más que necesarias normas y medidas sanitarias, será reformular nuestros esquemas mentales, gestionar las emociones y lidiar con los nuevos obstáculos que dificultan el alcance de nuestras metas.

Desescalada emocional

Estos días navegamos por aguas turbulentas. En el ambiente se respira ansiedad, nerviosismo, incertidumbre, tristeza o enfado. Aunque para una buena parte, las ganas de “normalidad” superan cualquier otro deseo. En el día a día, las emociones son nuestra brújula personal y social. Nos guían, nos ayudan a relacionarnos y a conectar con los demás, y tienen una influencia decisiva en la respuesta conductual que ofrecemos en cada circunstancia. Pero ¿en qué fase emocional nos encontramos ahora mismo?

La consultora internacional Ipsos, a través de su plataforma What&Why Comnunity con sede en España, realiza análisis semanales de los procesos emocionales de la población para determinar su avance dentro de las siete fases identificadas en un estudio originalmente realizado en China. Según la investigación, todos atravesaremos de forma más o menos intensa siete momentos, en este orden: incredulidad, preparación, ajuste, aclimatación, resistencia, alivio y temor. Y según las últimas encuestas, la mayor parte de los españoles se encontraría actualmente entre las dos últimas fases. Por un lado, nos sentimos aliviados por el reinicio de la actividad económica, la salida del encierro y el entusiasmo por regresar a la vida “normal”. Pero, por otro lado, el temor iría ganando terreno ante la incertidumbre laboral y la preocupación creciente sobre las consecuencias económicas. El miedo a una crisis prolongada, a enfermar, a la posibilidad de un nuevo confinamiento o a la incompetencia política están entre nuestras principales preocupaciones.

La nueva realidad

El confinamiento ha puesto a prueba nuestra fortaleza mental, emocional y física, y parece que ahora es momento de apreciar lo que tenemos. Como se suele decir, a veces es necesario experimentar la oscuridad para apreciar la luz. Y creo que no me equivoco al afirmar que todo esto nos ha enseñado a establecer nuevas prioridades, y en muchos casos, a vivir con menos de lo que podríamos esperar.

Esta forzosa pausa colectiva nos ha quitado el pie del acelerador y nos ha invitado a tomar en cuenta las pequeñas cosas que antes pasaban desapercibidas. Hay quien ya habla de un cambio de consciencia y una evolución a una nueva realidad en la mente y en los corazones de las personas. Y es que la alegría de vivir es fundamental para afrontar el día a día, agradecer lo poco o lo mucho que tenemos es esencial para mantenerla e incorporar el humor se antoja, cuanto menos, como una práctica recomendable para disfrutar de momentos satisfactorios. Por su puesto, no todo es optimismo en estos tiempos, y tampoco se trata de impostar sentimientos que no nos pertenecen. Pero dramatizar en exceso, prever escenarios catastróficos antes de que ocurran o abusar del pesimismo, nos afecta e influye en las personas de nuestro entorno. No debemos olvidar que el pensamiento crea realidades, y que ahí donde focalizamos nuestra atención es dónde también se concentra nuestra energía y metas. La buena noticia es que esto sí es algo que podemos elegir, y que depende de nosotros mismos.

Superación personal

Dicen que los momentos de dificultad son los que nos definen. Y en este contexto, no hay nada más poderoso que el instinto de supervivencia y de adaptación. Sin embargo, en algunas personas este mecanismo despierta sentimientos de superación que sacan lo mejor de ellas mismas, y en otras la sensación de vulnerabilidad y miedo. En cualquier caso, hay que saber identificar estas emociones y aprender a lidiar con ellas ya que la incertidumbre nos hace naturalmente vulnerables, desnudos ante una realidad que parece fuera de nuestro control.

Puede sonar paradójico, pero si te sientes vulnerable estás de enhorabuena, ya que posiblemente te encuentres en un proceso de transformación en el que has conseguido liberarte de muchas “capas mentales” y más pronto que tarde, ese proceso dará sus frutos y saldrás fortalecido. Según el Bushido, que la tradición japonesa traduce como ´el camino del guerrero´, el único modo de avanzar no tiene que ver con los demás, sino con la capacidad de superarnos a nosotros mismos.

www.serbrillante.com
@institutoserbrillante