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Fernando Martín Menis: “En Corea del Sur, la gente dice que el coronavirus vuelve cuando uno baja la guardia”

Dice Fernando Menis, arquitecto canario de renombre internacional, que su madre sacaba las sábanas y las tendía al sol sobre la hierba de su casa en Pozo Cabildo, La Laguna, porque era una forma de desinfectarlas. “Quizá fuera una cosa que heredó de mi abuela, que había vivido la gripe del 18. La luz del sol no solo ilumina. Tiene un montón de virtudes más”. Menis llegó hace poco de Corea del Sur, cuya buena gestión de la pandemia del coronavirus ha sido reconocida internacionalmente. Fue para allá en marzo por temas de trabajo e iba a estar solo unos días. Pero cuando se canceló su vuelo de vuelta, decidió quedarse varias semanas más. Paseando, pensando, conociendo a gente, que es lo que busca por el mundo para luego crear.

-Los coreanos deben estar orgullosos de haber sabido manejar esta crisis, ¿no?

“Si lo están. Se sienten muy contentos con la imagen que han dado al mundo de su gestión frente al coronavirus. Y se sonríen cuando se lo decimos, como quienes saben que están de moda. Pero es que es un país que ha avanzado mucho en las últimas décadas, antes era bastante pobre. Y mire ahora, con empresas como Samsung…”

-¿Cómo era su día a día en Corea?

“Todas las mañanas caminaba durante cuatro horas. Y luego volvía a mediodía y me ponía a trabajar con el estudio aquí. También veía a gente o iba a algunos restaurantes, donde no había muchas personas, el aforo estaba reducido. Me quedaba en un AIRBNB que estaba muy bien de precio, muy céntrico y moderno, frente a un parque, en plena primavera, con ese culto que ellos tienen a ese momento en que los árboles y las plantas florecen. Estaba lleno de magnolias. Era muy bonito”.

-¿Cómo tratan los coreanos al coronavirus?

“La gente dice que, si bajas la guardia, el coronavirus vuelve. Eso lo tienen interiorizado del SARS (Síndrome Agudo Respiratorio Severo), que les golpeó en 2003. A veces hablaba con amigos para encontrarnos y me decían que no, que habían estado ese día con alguien y no querían tener más de una reunión en una jornada. Pero una semana después me llamaban y estábamos todo el día juntos. Son gente muy amable”.

-Y luego está el uso de la mascarilla, ¿no?

“Sí. Aquí, hasta el otro día, estábamos diciendo que la mejor mascarilla eran los dos metros de distancia. Y eso no es así. Allá tienen hasta desinfectantes para limpiarlas, filtros, y todo el mundo las usa. Pero es que, en Asia, está muy interiorizada su eficacia. La gente, cuando tiene gripe, también se pone mascarilla para evitar contagiar a los demás”.

-Un tema de respeto social…

“Efectivamente. Y no quiero decir que sean mejores que nosotros. Es una cuestión de actitud que viene ya impresa, es una cultura. Igual que no se dan la mano. Lo mismo. Son reglas sociales de comunidades densas”.

-Igual que estamos cambiando aquí de hábitos sociales, ¿cree que la pandemia tendrá algún tipo de impacto en la arquitectura?

“Yo no creo que esto vaya a cambiar la arquitectura, aunque sí quizás las ciudades. Lo que hay que hacer son buenos esqueletos. Y aquí es mucho más relevante el cambio climático. Y para avanzar, tenemos que recuperar el conocimiento perdido. Con el petróleo, se trastocó el sentido común. Podías tener una casa con el solajero recalentándola todo el día, porque luego ponías un aire acondicionado. Pero ya eso la arquitectura popular romana lo evitaba con las habitaciones dando al patio, que era el elemento central de la casa. Se trata de utilizar los recursos locales. Y no solo me refiero a los materiales o a los tipos de construcción. Son también el viento, las temperaturas, el subsuelo, el sol, todos esos elementos que deben formar parte de la base una organización arquitectónica, desde una casa al conjunto de la ciudad, que debe ser pensada con ética y mucho sentido común”.

-Cuando se habla de hacer obra pública para estimular la economía, mucha gente menciona la vivienda social. Habría que construirla bien para evitar tanto barrio y polígono mal planteado, ¿no?

“Nosotros hemos hecho viviendas sociales. Tienen un enorme patio con dos ranuras. Hemos eliminado dos trozos de fachada, por lo que el patio no es 100% interior y hay todo un movimiento de aire, de succión e impulsión. Los dormitorios dan al exterior. Y toda la parte de agua, cuartos de baño y todo eso, dan al patio interior, así que la casa tiene una ventilación cruzada natural. A lo mejor, no te das cuenta de esas ventajas a simple vista, sino cuando vas viviendo la casa. Pero bueno, en general, la normativa española ha mejorado mucho y es más exigente hoy en día con lo que se contruye. Habrá que pensar también en aumentar un poco el tamaño de las viviendas sociales, porque este no será el último virus ni el último problema que nos azote”.

-Ante la amenaza de las pandemias, ¿no se va a convertir el barrio en el elemento de referencia?

“Hace casi 200 años, Ildefonso Cerdá hizo el Ensanche de Barcelona con la idea de que se pudieran hacer las cosas cerca de casa. Es algo estupendo, pero se trata de un concepto súper antiguo. Otra cosa es que hayamos tenido tiempo para pensarlo con toda esta situación. Ahora, durante el confinamiento, la gente va a comprar a la pescadería o la carnicería de mi barrio, en la calle de Salamanca, en lugar de ir a un gran centro comercial. Y eso le ha dado una posibilidad de renacer un poco al pequeño comercio. Se han convertido en las estrellas del barrio. Y como hay más movimiento, pues el pescado y la carne están mejor”.

-Por cierto, ¿quedan zonas tradicionales con encanto en Seúl?

“Sí, es muy curioso. En Seúl, hay un tipo de urbanismo muy denso y alto, con edificios de unas veinte plantas. Y al lado, un trozo de la vieja ciudad, con tiendas de toda la vida, negocios de segunda mano. Y es una vida de barrio muy tangible, con muchos bares a donde la gente va con los amigos. Al otro lado, sin embargo, están los centros comerciales, tan habituales en Asia. Aunque yo ahora lo he conocido todo con poca carga humana”.

-¿No le llama la atención esta especie de mística de lo cercano que nos ha entrado a todos?

“El otro día, estaba comprando y, de repente, una señora que estaba al lado me empezó a contar que había empezado a hacer reformas en casa. Y era muy bonita la situación, aunque tuviera algo inexplicable. Pero yo no soy optimista, creo que la gente se va olvidar de eso. El día a día es muy intenso. El que tiene muchas vivencias parece que vive más. Hay mucha rapidez.

-Hace poco, precisamente un filósofo coreano, Byung-Chul Han, contraponía en una entrevista en EL PAÍS esa necesidad de intensidad contemporánea con el placer que él siente al piano con melodías que ha tocado miles de veces…

“Yo, quizás, no soy un exponente de la repetición. Siendo franco, creo que soy un exponente de lo que él criticaba. En mi trabajo, me gusta innovar, encontrar nuevas soluciones, conocer a gente nueva y no parar de aprender. La gente que tiene un conocimiento que yo no tengo me atrae mucho”.

-Ahora que el turismo está parado, es el momento de renovar la planta hotelera, ¿no?

“Mire, en Doha, que tienen el aeropuerto al 5%, lo estaban renovando todo, pavimentos, pistas, todo. Pero en el Reina Sofía, las locetas están sueltas. Ahora hay que aprovechar. Y a los hoteles no les va a quedar más remedio, porque la ley va a obligarles a poner plástico y metacrilato por todos lados. Para el que tenga una buena empresa de metacrilato, este es su momento. En cuanto a Canarias, tenemos que vendernos como un destino mágico, ultrasaludable, con unos vientos alisios que ayudan con toda enfermedad, con un aislamiento natural que previene y protege, con unos controles muy estrictos, para que el que llegue al sur se sienta seguro. Como una forma de marketing también, volver a creer y vender bien todas las ventajas de la insularidad, su magia y exotismo, que son muchas”.

-Hay quien dice, como el exconsejero Antonio González Vieitez, que es un momento para regenerar áreas degradadas por el turismo, incluso desmantelar barrabasadas urbanísticas.

“Ya, pero te tienes que ir a la realidad de la vida. Eso hay que pagárselo al propietario. No es tan fácil. Es bueno que haya ese afán de renovación, pero tirar cosas no es tan fácil, ojalá lo fuera. En estos últimos años se han hecho algunas renovaciones en el Puerto de la Cruz. Y ha sido más por la inercia del buen periodo en el turismo, por la posibilidad de ganar más o ver que otro lo había hecho y le iba bien que por una ley. Aunque no se ha hecho con demasiado buen gusto ni apostando por la calidad. Imagine ahora, que la situación económica es infinitamente más complicada y triste”.

– Con este cero económico que evidencia nuestra dependencia del turismo, ¿no hay que ponerse ya de verdad con la diversificación económica?

“En Canarias, el turismo es una bendición. Dígame un archipiélago del mundo que haya conseguido diversificar su economía sin contar con el turismo. Hay que ser realistas. Quizás copiar, en lo copiable, a Singapur, la isla que mejor se ha organizado del planeta. Eso lo dice siempre mi mujer, Dulce Xerach [exdirigente de Coalición Canaria], que además de abogada, es doctora en arquitectura y ha estudiado mucho la situación de diversas islas del mundo. El turismo es nuestra industria principal y ahora hay que ponerla en marcha de nuevo, como si de una máquina se tratara, con mucha precaución y protegiendo la vida, pero hay que abrir ya poco a poco los hoteles. Tenemos que volver a la gallina que nos da de comer, a la que es capaz de crear muchos puestos de trabajo. Y luego, mejorarla: necesitamos abrir otros sectores, centros tecnológicos, mejorar la conectividad con Africa y América, mejorar los puertos y aeropuertos, apostar por industrias limpias, como el cine. Eso, esas ideas, ya están ahí, se gestaron hace ya más de hace veinte años. Hay un Libro Verde de Canarias que se redactó en la época de mi hermano Adán [Martín] como vicepresidente que algunos deberían recuperar y releer, porque ahí están muchas de las soluciones que ahora necesitamos. Pero las cosas ocurren porque tú generas las condiciones para que ocurran, y eso lo tenemos que hacer entre todos, el Gobierno y los ciudadanos, y está difícil”.

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